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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Fantasía en Elm Street.


Me da igual que sea un psicópata. No me importa que haya sido un asesino violador de niños. Lo único que me importa es que a mí me ha defendido, es amigo mío. Y a los amigos, no se les juzga… sólo se les quiere.

Es posible que él no se haya dado cuenta, que no lo haya hecho por defenderme, pero su acción me ha librado de él, y eso es lo importante. Yo no tengo miedo. Y no porque sea una chica valiente, sé bien que no lo soy… pero sé también qué debe darme miedo y qué no, y yo ya no le tengo ningún miedo a Freddy Krueger.

-¡Aparta, estúpida! – Cosas así, era lo único que se dignaban decirme… cuando me decían algo. La mayor parte del día, nadie se daba mucha cuenta de que yo estaba allí. Era como si fuera invisible… me llamo Frida. Era un par de años menor de lo que debería ser para último curso, y supongo que eso les hacía sentirse amenazados en su mediocridad… muchos profesores y padres me ponían de ejemplo, y eso es algo que nunca gusta: nadie desea pensar que un renacuajo dos años menor que tú te da sopas con honda, pero eso los profesores no lo veían así… Por eso, intentaba no destacar, para evitar en lo que pudiera que nadie se sintiera peor por mi presencia. Durante la corrección de los deberes siempre permanecía en silencio. Sólo contestaba cuando me preguntaban a mí directamente… con el tiempo, también los profesores dejaron de prestarme atención. Me volví invisible… aunque hice intentos de amistad con algunas personas, nadie quería acercarse a mí. Todos sabían que los fuertes, los populares… estaban en contra mía, y era un riesgo demasiado grande.

Yo sólo llevaba allí año y medio, desde que se mudó mi madre a Springwood tras el divorcio, y había oído hablar de los "incidentes"… si se puede llamar así a que algunos chicos aparecieran medio descuartizados en sus camas. No fueron demasiados, quizá dos o tres aquél año… suicidios, dijo la policía. Uno de ellos había tenido un talento extraordinario como contorsionista para suicidarse empalándose con un tenedor de trinchar desde los riñones a la nuca, pero en fin… Lo de Freddy era como una leyenda urbana. Todo el mundo hablaba de él, pero nadie le había visto nunca… al menos, nadie que hubiera vivido para contarlo después. A mí me daba igual, yo ni lo creía ni lo dejaba de creer… hasta esa noche.

Salía de la tienda de comics a la que solía ir a comprar; aquél día me había levantado a las cinco sólo para tener más tiempo para leer, y después del instituto había ido a la biblioteca a hacer deberes y luego a clase de piano, y finalmente, a comprar… estaba cansada, muy cansada… Tanto que no vi el coche hasta que casi me atropelló, frenó bruscamente y me tiró al suelo en medio de una confusión de las luces cegadoras de los faros y el chirrido del frenazo. Oí que el conductor maldecía y salía del coche. Estuve a punto de decir que estaba bien, pero cuando el tipo salió de la oscuridad, me di cuenta que no le preocupaba mi salud en absoluto… era uno de mis "compañeros", jugador del equipo de rugby, con tanta carne en el cuerpo como escasez en el cerebro. Dando gritos, me agarró del cuello y me levantó imprecándome, diciendo que le había ensuciado el coche, que si lo había abollado me lo haría pagar… yo estaba demasiado asustada y confusa para contestar, su aliento apestaba a alcohol… una bofetada me tiró al suelo y vi la silueta de una chica que salió del coche tambaleándose, preguntando algo con voz pastosa… aquél bestia la metió en el coche de un empujón llamándola furcia mientras ella se reía… luego montó de nuevo en el coche y arrancó, pisando el charco que había en la calzada y empapándome de la cabeza a los pies. Eso no me importaba mucho, pero los comics que llevaba se habían estropeado…

Cuando llegué a la parada del autobús, hice lo que hacía siempre en casos así: vengarme mentalmente. Era la única evasión que tenía… todo el mundo era más fuerte que yo, más alto, mayor… la única vía de escape que me quedaba era torturarles en mi imaginación. Con el tiempo, mis venganzas se habían ido volviendo más explícitas y sangrientas, más salvajes… en esta ocasión, pensé que perseguía al matón con un carro de caballos provisto de cuchillas a los lados… cada vez que pasaba junto a él, le desgarraba la carne, su sangre salpicaba el suelo y gritaba lleno de terror… pensando en aquello, debí quedarme dormida, sentada en la parada… de pronto, me pareció que miraba aquélla escena como espectadora, y no como actriz… el carro, ya no era una cuadriga como yo había imaginado, se tratada de un deportivo pintado a salpicaduras rojas… las salpicaduras que haría al pasar sobre un charco o cosa similar, y el conductor llevaba un viejo jersey de rayas y un sombrero negro, y su mano derecha estaba enfundada en un guante de cuero con agudas cuchillas en los dedos, una garra… lo único que no había variado, era la víctima, que seguía siendo el matón… pero ahora sus chillidos, eran mucho más agudos… más reales… Una cantinela extraña sonaba de fondo… "uno y dos, Freddy viene a por ti; tres, cuatro, cierra la puerta…."

-¿Qué te parece mi nuevo deportivo, Rob….? – decía el conductor. Rob era el nombre del matón, yo nunca lo recordaba… ¿qué importancia tenía? – Estoy seguro de que quieres ayudarme a decorarlo…. ¿no has dicho siempre que darías tu vida por un coche así? Ahora puedes hacerlo….

El conductor aceleró. Entonces me di cuenta que estaba a su lado, en el asiento del copiloto, mirando cómo aquél cacho de carne animada corría intentando librarse del atropello… el frente del coche iba equipado con largas cuchillas afiladas. El conductor parecía divertirse mucho con aquello. Le miré, y pude ver que su rostro estaba demacrado, torturado… la carne estaba hecha jirones, dejaba ver las venas y parte de los huesos, y sus ojos no tenían párpados… era como si se la hubiesen quemado… pero, quizá porque estaba continuando lo que yo misma había empezado, no me pareció feo, sólo… curioso. Estaba tan metido en su persecución, que no pareció darse cuenta de mi presencia allí, pero yo estaba ya acostumbrada a que nadie notase mi presencia en ningún sitio, de modo que simplemente continué mirando. Como sabía que estaba en un sueño, y por lo tanto podía hacer cuanto quisiera y todo era posible, hice aparecer un batido de vainilla y me puse a saborearlo mientras disfrutaba de la persecución. El matón chillaba como una nenaza, y me reí traviesamente por lo bajo…. ¡si sus amigotes pudieran verlo, él se moriría de vergüenza y ellos negarían que fuera amigo suyo…!

El coche estaba a punto de ensartarle, y el conductor dio un volantazo, lo esquivó, pero le rasgó la ropa y la carne, su sangre salpicó el capó y el parabrisas y el matón se puso a rezar y pedir piedad atropelladamente… entonces me vio, y gritó mi nombre, pidiéndome ayuda… si no supiera que era un sueño, aquélla señal de reconocimiento en alguien como él, me hubiera preocupado, pero no era más que una imagen de mi mente, de modo que no sólo no hice caso, sino que hice sonar música para acallarle, el Born to be wild…. Quedaba muy bien, mucho mejor que la cantinela... El conductor rió como una fiera y dando un nuevo golpe de volante, dirigió el coche hacia mi agresor, haciendo rugir el motor y acelerando salvajemente… lo último que vi, fueron sus ojos desencajados de pánico. Después, su cuerpo se ensartó en las cuchillas y literalmente reventó, bañando el coche con su sangre. Aquello me pareció tan gore que no podía parar de reír alegremente… ¡qué sueño tan bueno, ojalá hubiera podido grabarlo en vídeo….! Pero entonces, el conductor oyó mi risa y reparó en mí.

-¿Frida…..? – dijo, como si le sorprendiera verme allí, pero yo estaba sorprendida por algo más.

-Sabes mi nombre…. – musité, soltando la cañita del batido.

El conductor parecía cada vez más extrañado.

-¿Qué haces aquí?

Quise responder que aquél era mi sueño, pero entonces un sonoro claxon me hizo saltar en el asiento. El autobús había llegado a la parada. Me costó un poco centrarme, pero me levanté y subí al bus. Sólo había sido un sueño, pero había sido tan real… sonreí de nuevo pensando en los ridículos chillidos del matón, y así llegué a mi casa. Cuando me puse la camiseta de dormir, vi que mis bragas estaban mojadas… no recordaba haberme puesto cachonda… pero al parecer, mi cuerpo sí lo recordaba. De todos modos, no le di importancia, y sencillamente me acosté.

-¿No os habéis enterado…? ¡Rob… ha muerto!

-Al parecer, lo atropelló un coche…

-Pero dicen que lo habían hecho jirones, literalmente, algo lo cortó en rajas… un atropello no te deja el cuerpo así….

-Ha sido él… Freddy…

-¡No digas chorradas!

-Quizá no sea tan chorrada….

-Él dijo que había soñado con él una vez, pocos días antes… por eso estaba tan nervioso…. Todos saben que en el momento en que le ves una vez, estás perdido…

El lunes por la mañana, estas eran las conversaciones que se oían en el instituto…. Y no pude evitarlo: estaba bastante asustada. El matón que yo había visto morir en sueños, había muerto… exactamente de la forma en que yo vi. Yo había oído hablar de Freddy… asesino de niños, al parecer los violaba después de muertos… los padres hicieron pesquisas, y todo apuntaba al celador del colegio elemental, Freddy… y un día se juntaron y lo lincharon. Lo quemaron vivo. Si fue realmente el auténtico culpable, nunca se pudo probar, pero lo cierto es que los crímenes cesaron… pero entonces, surgió la leyenda. Algunos años más tarde, los niños, ya adolescentes, empezaron a morir de formas extrañas mientras dormían. Ciertas muertes podían parecer suicidios, otras eran demasiado estrafalarias para eso… pero nunca había pistas, nunca había huellas, nunca había… nada. Y se empezó a decir que el espíritu de Freddy podía entrar en los sueños de cualquier persona que quisiera, y matarla mientras dormía.

Yo no sabía qué pensar… ¿podía haber sido tan sólo una coincidencia….? Entré en los lavabos y una chica estaba medio histérica, llorando entre dos compañeras… no se la entendía nada, sólo decía de vez en cuando que ella era la siguiente, ella sería la próxima…

-Yo estuve con él… - dijo por fin audiblemente – va a venir a por mí…. ¿¡Tú, qué miras, estúpida!? – me chilló cuando reparó en mí, y me tiró su frasco de perfume a la cabeza - ¡largo de aquí!

Entonces recordé. Debía ser la chica borracha que iba con el matón. Durante todo el día estuve pensando en aquello. El hecho en sí, no tenía sentido, ¿cómo podía nadie matarte en sueños….? Sin duda por estar obsesionada con ello, aquélla noche la imagen de la chica volvió a mi mente. La veía de nuevo en los lavabos, llorando entre los brazos de una compañera… pero esa compañera empezaba a cambiar. De pronto, ya no tenía el cabello rubio ni ropa de marca y minifalda… la chica chilló totalmente fuera de sí al verse en los brazos de él: el conductor del deportivo que había asesinado al matón en mi sueño de la otra noche. Yo misma, que estaba encaramada a lo alto de las puertas de los lavabos como si fuera un gato, pegué un bote. La transformación me había pescado de sorpresa también a mí. La chica echó a correr desesperada y el tipo del jersey a rayas intentó lanzarse en su persecución, pero le detuve de una voz:

-¡Espera! – no sabía por qué… pero tenía que satisfacer mi curiosidad – Eres… eres él, ¿verdad? – pregunté, bajando de un salto, flotando en el aire – Tú eres… Freddy Krueger.

De nuevo pareció sorprendido de verme allí. Asintió con la cabeza.

-Y tú, ya no eres nada. – Lanzó su garra hacia delante para atravesarme el pecho, pero sólo atravesó aire. Yo ya no estaba allí. - ¡Maldita mocosa! ¡¿Qué haces aquí?!

Giró sobre sí mismo, a sabiendas de que estaba a su espalda, pero no lograba rozarme. Yo sabía que estaba en un sueño, en MI sueño… y podía hacer lo que me diese la gana. Era el único sitio del mundo donde yo era quien mandaba, donde no había imposibles, y lo aprovechaba.

-¡Este es mi sueño! – protesté - ¡Tengo perfecto derecho a estar aquí, eres tú quien no deberías estar!

-Eres una estúpida… el mundo de los sueños es MÍO. Y éste, es el sueño de Alice, mi presa, no el tuyo. Pero ya que estás aquí… puedo cambiar de presa.

Las paredes del lavabo se tornaron rojas y candentes y empezaron a juntarse hacia mí, tenía intención de emparedarme… No me asusté. Sólo extendí las manos y las paredes saltaron en mil pedazos. Fuera estaba el aire libre, un prado bucólico. Freddy se rió y me amenazó, pero no recuerdo bien qué dijo… sólo sé que la tierra empezó a abrirse y salían cadáveres de ella para apresarme. Sonreí. Aquello estaba resultando más divertido de lo que yo pensaba… Convoqué una bola de fuego de mis manos y giré sobre mí misma, creando un torbellino aterrador que arrasó a todos los zombis. Entonces el cielo se rajó y empezó a caer sobre mí; me coloqué un escudo de energía en el que rebotaban los pedazos de cielo y me impulsé hacia el espacio a toda velocidad…. La cara de Freddy, de tamaño impensable, me esperaba con la boca abierta para tragarme como un tiburón a una sardina…. Le lancé a la boca el planeta Júpiter y se lo encajé en la mandíbula. Intentó contraatacar, pero le lancé una lluvia de meteoritos a la cara, que le golpearon como una nube de mosquitos furibundos, entre mis carcajadas  traviesas.

-No te ofendas, pero me he cansado de jugar. Me marcho.

-¡Tú no puedes marcharte de aquí! – rugió, pero yo ya no estaba allí. Me había marchado a otro sueño en el que él no podía entrar. Creo que se sintió muy frustrado… al día siguiente, necesitaron más de veinte bolsas de basura para sacar los restos de Alice de su casa.

Yo estaba bastante confusa… aquello no podía ser una coincidencia, estaba más que claro… pero, ¿qué debía, qué podía hacer? No podía derrotarle… burlarle, sí, pero derrotarle completamente, no…. Y por otra parte, tampoco quería hacerlo. Si iba a seguir librándome de todos los cretinos que me insultaban y hacían el vacío, para mí no era ninguna molestia, la verdad… quizá fuese mejor poner las cosas en claro de una vez para siempre.

Pretexté un dolor de cabeza y no fui al instituto; a mi madre no le importó, claro que a ella no le importaba nada mío, pero esa es otra historia. Pensando en Freddy, me dormí.

-¿Estoy despierta…? – susurré. Sabía que no. Mi cuarto no tenía esa tonalidad rojiza… bueno, ahora sólo faltaba encontrarle, aunque en este tipo de casos, él es quien te encuentra a ti… Salí de mi cuarto y me encontré en una especie de cuarto de calderas; hacía mucho calor allí y había ruido de vapor. Un hombre de rizos rubios estaba de espaldas a mí, parecía que estuviese lavando ropa en una tina… silenciosamente, me elevé. Siempre voy volando o flotando en mis sueños, es la manera más cómoda de moverse… Entonces, empecé a oír un ruido creciente. Alguien se acercaba chillando. El hombre rubio pareció asustarse y echó a correr. Le seguí. Llevaba un jersey a rayas rojas y negras… una puerta fue tumbada y una turba furiosa entró, persiguiendo al hombre… que ya era Freddy. Me sorprendí. Freddy, el asesino cruel y despiadado… huía lleno de terror. Entonces comprendí que, igual que los días anteriores me había colado en los sueños de otras personas, acababa de colarme en una pesadilla del propio Freddy. Ignoraba que él pudiera soñar, pero al parecer, lo hacía… Desde el aire, seguí a la muchedumbre que pedía la cabeza del celador, mientras éste huía con expresión ansiosa… me resultó tan chocante, que no pude resistirme a ayudarle. Descendí. Cuando me vio, se sobresaltó, pero le agarré y tiré de él hacia mí.

-¡Abrázame, pégate bien a mí! – intentó protestar, pero le agarré con fuerza - ¡Nadie te verá si estás conmigo, yo soy invisible para todo el mundo!

Efectivamente, la multitud equipada de antorchas y armas pasó de largo y sus voces se perdieron en el infinito… habían pasado a nuestro lado, pero nadie nos había visto. Me di cuenta que aún le tenía abrazado… es curioso, parecía tan delgado y frágil… una presión en mi vientre me hizo notar que sin duda hacía muchísimo tiempo que no lo abrazaba nadie, y menos una chica. Lo cierto es que no me molestó, me hizo sentir… halagada. Nunca ningún chico, al menos que yo supiera, había reaccionado así por mí…. Yo no era fea, y tenía un cuerpo más bien bonito, pero como no me relacionaba con nadie…

-¿Sabes, mocosa, que después de todo… tú yo…. Podríamos ser amigos….?– susurró Freddy. Tenía una voz ronca, no sólo para amenazar, sino porque estaba caliente. Aquello sí que me asustó. No porque me resultase repulsivo, sino porque el acto en sí… me asustaba… ni siquiera nadie me había besado nunca.

-Bueno, yo… -tartamudeé e intenté librarme del abrazo, pero Freddy me agarró de los hombros y acercó su cara a mí. Tenía los ojos verdes… como los míos.

-¿Para qué has venido aquí y me has ayudado? – acercó su lengua a mi piel y cerré los ojos… su lengua ardía cuando lamió mi mejilla y mis rodillas desnudas temblaron. Podía librarme de él si lo quería, me bastaba con cambiar de sueño… pero no lo hacía – Tú conoces las reglas de mi juego. Tú sabes dominar tus sueños… ¿para qué has venido a verme?

-Para… para hablar contigo… solamente hablar… - ¿a quién quería engañar? Era una locura, pero… Freddy me atraía. Me atrajo desde el primer momento en que le vi, dando caza a aquél cretino… librándome de él… - Tú… quizá sin saberlo…. Tú me has ayudado… quiero… quiero poder ayudarte yo…
Freddy rió entre dientes, acercando su garra a la camiseta negra decorada con motivos góticos con la que solía dormir.

-¿Te parece que necesite ayuda, mocosa…? ¿No vendrás a soltarme un discursito para que abandone mi diversión…?

-No. – admití – vengo a pedirte… que me dejes participar de ella. – Supongo que aquello lo pilló desprevenido, al menos durante un momento, porque no me dio tiempo a continuar hablando cuando él volvía a reír – Quiero… quiero ser como tú. Quiero quedarme contigo.

Estuve a punto de musitar un "me gustas", pero no hizo falta. Él, ya lo sabía… igual que sabía a qué había venido antes que lo supiera yo misma. Su lengua acarició mi cuello y noté que mi ropa interior se empapaba cuando presionó ligeramente sobre mi nuez, antes de subir por mi barbilla y lamer suavemente mis labios… gemía y finalmente su boca atacó la mía. Le abracé con fuerza, su lengua me invadió y me empujó contra la pared, sucia y chorreante de humedad… pero yo no hubiera cambiado aquél ambiente sórdido por la habitación del hotel más lujoso del mundo.

-¿De modo que quieres ser mi discípula, perra? – bromeó Freddy, abriéndome las piernas sin ningún miramiento… noté un roce frío en mis caderas y supe que una de sus cuchillas había cortado la tela de mis bragas y éstas cayeron al suelo… un hilillo de calor recorrió mi muslo… una gota de mi sangre escapaba de mi cuerpo. – Dímelo, ¿quieres ser mía…?

-Sí…. –susurré. Estaba llorando. Ahora estaba realmente asustada, pero no quería que parase, por favor, quería tenerle… sólo deseaba que fuese rápido… que no doliese demasiado. – Quiero ser tuya… siempre lo he querido… voy a ser tu perrita… enséñame a ser como tú… tómame ahora…

Sonrió malévolamente. Con diabólica lentitud, acercó su garra a mi cuello. Me hizo levantar la cabeza, sintiendo el frío acero en mi garganta. Le sostuve la mirada… en aquél momento, no me importó que podía atravesarme la cabeza desde la barbilla hasta el cerebro sólo con mover la muñeca… me moría de deseo por él, y estuve a punto de suplicarle que me matara si ese era su gusto… pero en lugar de eso, bajó muy despacio la garra hasta el cuello de mi camiseta, y descendió. El rasgado de la tela al desgarrarse entre sus cuchillas me volvió loca… Freddy descendió hasta el final de la ropa, y pude notar la diferencia de temperatura en mis pechos, lo que puso mis pezones erectos… se quedó mirándolos, como valorándome… a juzgar por su modo de asentir, no debieron disgustarle… Pasó la parte plana de las cuchillas por mi bajo pecho, por mis pezones, tan erectos que dolían… yo gemía sin poder contenerme, y se me escapaban las sonrisas de lo caliente que estaba… asentía con la cabeza, pidiéndole que siguiera…

De golpe, me aprisionó contra la pared. Dejé escapar un grito ahogado al quedarme sin aire, y lo abrace con brazos y piernas… algo muy caliente y que parecía redondo y enorme al tacto rozaba mi intimidad, luchando por introducirse en ella… Freddy jadeaba, pegado a mí, dando golpes de cadera, buscando la entrada… me bajó un poco en su abrazo, tanteó con su pene y sin previo aviso, embistió con fuerza. Chillé de dolor y me crispé, ¡me partía! Quise gritarle que parase, pero mi boca se negó a obedecer, sólo conseguí gemir y gritar… mis ojos se llenaron de lágrimas, pero Freddy siguió bombeando, riendo, mientras me miraba despiadadamente y rompía mi cuerpo… de nuevo sentí cómo mi sangre goteaba…. Y esta vez, acompañada de su semen. Freddy aflojó. Me dejó deslizar, sosteniéndome apenas… me sentía sucia y dolorida… pero a la vez, extrañamente satisfecha.





-Está en coma. – dijo uno de los médicos.

-Nadie cae en coma porque sí… habrá que buscar si ha estado tomando drogas… o si se las daba su madre, quizá.

-De cualquier modo, es irreversible… no hay actividad en el cerebro.





-¿Qué te ha parecido? – bromeó Freddy, cerrándose el pantalón, mientras yo permanecía arrodillada en el suelo, sollozando, con la ropa hecha jirones. - ¿te ha gustado tanto como a mí….?

-….quizá más. – levanté la cara, empapada en lágrimas, y me lancé a su entrepierna, buscándole el cierre del pantalón. Una punzada de dolor me laceró el vientre, pero la contuve. Ya había perdido el control durante demasiado tiempo, era hora de que lo recuperase… y me llevase mi parte. Freddy no pareció sorprenderse ni se resistió, sólo pareció halagado, y él mismo me ayudó a abrir su bragueta. Su miembro estaba de nuevo en pie de guerra, y lo lamí golosamente, haciéndole gemir… sus sonidos de placer me hicieron sentir ganas. Eliminé la sangre, los recuerdos del dolor y los estúpidos jirones de la camiseta. Ahora estaba completamente desnuda y en mi cuerpo sólo quedaba un deseo: gozar.

Freddy me empujó la cara contra su polla para hacer que me la tragara por completo y le oí musitar roncamente un "síiiiiiiiii….". Le dejé disfrutar de aquello, abrazando sus nalgas con las manos, aguantando la respiración sin esfuerzo para tenerle en el fondo de mi garganta… después de un rato, solté, tomando aire ruidosamente, aunque no lo precisaba en realidad al ser un sueño; intentó cogerme la cabeza de nuevo, pero me zafé y floté hasta colocarme a su altura. Nos miramos desafiantes… y le pegué un soberbio empujón en los hombros que le hizo caer al suelo, en una caída imposiblemente lenta, mientras me lanzaba sobre él para montarle.

-Eres… eres muy buena, perrita… - jadeó, cuando notó mi calor sobre su polla supurante… me ensarté en ella, pero esta vez, fue un gemido de intenso placer lo que salió de mis labios.

-Oh, Freddy…. – musité, sonriendo… era increíblemente bueno, muchísimo mejor que cuando me masturbaba…. Hubiera querido decírselo, contarle cuánto le deseaba, qué bien me hacía sentir… pero mi cuerpo tomó el control y mis caderas empezaron a moverse rítmicamente sobre su miembro… todo mi cuerpo ardía… Freddy se convulsionaba debajo de mí, mientras yo botaba, me frotaba y hacía círculos en su verga… gemíamos como dos animales, él no dejaba de mover también su cuerpo, buscando el calor del mío, disfrutando de la maravillosa sensación orgiástica que nos invadía… su mano izquierda apretó mis pechos, sin ninguna delicadeza, de modo salvaje… y me enloquecía… cogí su garra con las manos y lamí las cuchillas, mirándole desmayadamente, ebria de placer. Freddy sonrió, cachondo, con los ojos desorbitados, ¡yo le gustaba, le gustaba de verdad!

El darme cuenta de eso me puso aún más loca y me di cuenta de que me iba a correr irremisiblemente… pude haberme contenido cuanto quisiera, estaba en mi sueño… pero no quise hacerlo, quise desbocarme, quería correrme en su polla, acabar sobre él…

-Voy…. ¡voy a correrme! – anuncié, y apenas había terminado de hablar, una oleada de placer indescriptible, violenta y cálida me invadió, haciéndome estremecer de pies a cabeza… sentí mi sexo contraerse hasta el ano, y grité de placer, curvándome hacia atrás por efecto de las convulsiones deliciosas que me atacaban… grité y reí… me sentía plena, satisfecha… y zorra. Había gozado como una guarra, y eso es lo que era, era la zorra, la perra de Freddy…

-Yo aún no he acabado… ¿qué esperas, mocosa? – tenía razón, no era justo dejarle a medias… me quité de encima y me agaché sobre él para chuparle hasta que acabara. Freddy se incorporó sobre los codos para mirar el espectáculo… empecé a bajar y subir a toda velocidad, acariciando con mi lengua… bajaba hasta el fondo y le lamía los testículos, provocando que botara de gusto; subía y lamía el frenillo con fuerza, haciendo que temblase de placer… me encantaba sentir cómo se estremecía de gozo gracias a mí… continué, rápidamente, sabía que le quedaba poco para correrse, quería que disfrutase… - te voy a inundar, perra… voy a bañarte con mi leche… va a ser tu bautismo de fuego…

Los jadeos de Freddy eran cada vez más profundos, y yo misma gemía sin darme cuenta, me encantaba oírle… noté que se ponía tenso, y me apartó de su miembro de un leve empujón, y un espeso disparo de esperma me dio en la cara, en la frente, se escurrió por mi nariz y mi boca, mis mejillas… mientras él gemía recobrando el aliento y gozando de su corrida, y su polla se convulsionaba sola, para expulsar el resto de la descarga… lamí golosamente, recogiendo las manchas de mi cara con mis dedos y llevándolo a mi boca, limpiando con mi lengua los últimos goterones que quedaron en su verga…

-Es amargo… pero me gusta… - dije. Podía haber hecho que supiera dulce, y tal vez lo hiciera para otra ocasión, pero para esa primera vez, quise probar su verdadero sabor. Freddy me acarició la cara con la mano izquierda. No tenía expresión de ternura, sólo de pícara malignidad, pero sonreía. Estaba satisfecho.

-Ahora, serás como yo. Tú y yo, seremos uno solo. – Acercó su garra al lado derecho de mi cara y noté una vez más frío y calor. El frío del acero rompiendo suavemente mi piel, y el calor de mi sangre acariciando su cuchilla…






-Diagnóstico: muerte cerebral. Causas…. Desconocidas. Posible consumo de drogas o fuerte reacción alérgica. Desconéctenla.

Sin dolor, abandoné el mundo. Ése lado del mundo, para ser exactos.





Aquélla noche, Brian estaba más caliente que de costumbre. Desde que le había dejado su novia, casi seis meses atrás, no se había comido una mala rosca y se aliviaba solo… no era de extrañar que tuviera esos sueños… "Tío, voy a romper el pijama con ésta erección…", se dijo, aún en sueños, mientras miraba a la chica, a través de su ventana, que se desnudaba en la casa vecina. Parecía muy joven, como de unos dieciséis… tenía el pelo largo hasta casi la mitad de la espalda, rubio oscuro con toques casi anaranjados, y una espalda admirablemente curvada y sinuosa… la joven se medio volvió, dejando a la vista el lado izquierdo de su cara. Sin volverse del todo, le sonrió… le lanzó un beso y le hizo signos de que se acercara. Brian dio un paso y atravesó la pared, el espacio entre la calle y la pared de enfrente, sin ningún esfuerzo…

-Hola, Brian… - susurró la joven con voz sensual, aún de perfil. Tenía los ojos verdes y miraba con picardía.

-¿Me conoces? – sonrió él.

-Bueno… mi novio te conoce mejor que yo. – Frida se volvió por completo y Brian dio un respingo horrorizado. El lado derecho de la cara de la joven estaba demacrado, torturado… como si alguien lo hubiese desgarrado tan minuciosa… como salvajemente. Ella le guiñó un ojo, y el joven intentó escapar, pero la habitación ya no tenía puertas ni ventanas. La sombra proyectada en la pared rojiza por Frida cambió de mostrar su silueta, a mostrar la de un hombre, con sombrero de ala ancha y cuya mano derecha era un guante con agudas cuchillas en los dedos… la sombra tomó forma, Freddy estaba ahora allí – Mi novio es bastante celoso, ¿sabes….? No le gusta que nadie me espíe… Pero salúdale, Brian, ¿dónde están tus modales…? No seas tímido… Freddy no se come a nadie… es una de las pocas cosas que no hace….

-Hola, carne. – dijo Freddy.

-…todavía – acabó Frida.

Brian supo que no había escapatoria. Chilló, un grito de terror loco, desesperado, rogando porque su propio alarido de pánico le despertara… no lo logró.

La pregunta es, ¿lo lograréis vosotros….? Tened cuidado con los sueños eróticos; puede que no sean tan agradables como en un principio puedan parecer….


Dulces sueños.