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domingo, 11 de noviembre de 2012

Mariposa y yo


"Tienes que entenderlo… yo te quiero muchísimo, de verdad,… pero como amigos. No me pidas más de lo que puedo darte, pero tampoco me prives de ti. No quiero perder nuestra amistad".

Ésas habían sido sus palabras exactas. Aún me resonaban en la cabeza cuando volvía a casa haciendo eses. No estaba borracho, pero haciendo eses tardaba más en llegar… no me apetecía nada llegar a mi casa, vacía y sola. Tan vacía como yo mismo. Estaba deprimido, harto de todo… Por un lado, hubiera querido llorar, gritar y romper cosas, pero por otro, me sentía tan vacío que no me quedaban fuerzas ni para eso. Era ya muy tarde cuando al fin llegué a casa y me tiré en la cama, sin molestarme en desvestirme. Al día siguiente no quise levantarme, me tapé hasta la cabeza y seguí durmiendo, sin querer pensar en mis sucesivos fracasos… era ya casi mediodía cuando mi vejiga me forzó a salir de la cama, pero las cortinas seguían echadas y las persianas bajadas de modo que no entraba luz… el sol ya se había ocultado cuando me levanté definitivamente. El espejo del baño me devolvió la mirada. La mirada de un fracasado en todos los aspectos. Atrapado en un cargo intermedio en una oficina gris. Atrapado en un piso mediocre de alquiler. Atrapado por una chica perfecta… demasiado perfecta para mí, como bien recordaba.

La había conocido en el trabajo. Rubia, tan alta como yo, porque no soy muy alto, preciosa… simpática, culta… tierna… una verdadera princesa. Desde el momento en que la vi me colgué por ella. Y ella lo sabía, yo no sé fingir por más que lo intente, se me notaba. Ella se reía. Yo quería pensar que era conmigo, pero ahora sabía que era de mí. Le propuse salir y ella aceptó, pero cuando intenté acercarme a ella, me rehusaba… me dijo que de momento, empezásemos como amigos, que acababa de salir de una relación bastante mala y no quería correr. No quise atosigarla, y decidí esperar, y salimos como amigos. Lo pasamos siempre muy bien… yo pensaba que funcionábamos, que la cosa cuajaba… por fin me decidí a dar el paso y pedirle saliéramos formalmente. Se negó. "Como amigos", había dicho… Quería seguir teniendo esperanzas, pero había que ser realistas, llevábamos seis meses como amigos… si no se había decidido ya, no era fácil que fuera a hacerlo… y había que tener en cuenta que en el trabajo había muchos otros hombres más guapos que yo. Más altos. Mejor cuidados. Con menos barriga.

Olía muy mal, mi barba creaba un cerco oscuro en torno a mi cara que me daba aspecto de mendigo, si no fuera porque con mi peso, no pegaba como alguien que pasase hambre. Tenía el pelo negro revuelto y grasiento y los ojos oscuros con ojeras, a pesar de que no había hecho más que dormir todo el día. Me quedé en calzoncillos y me cambié sólo de camiseta. Al menos, recordé, aún me podía ver los calzoncillos a pesar de la tripa. Pobre consuelo, la verdad… en el microondas quedaba un poco de pasta de anteayer, los spaghetti se habían quedado resecos y tiesos, pero con un poco de mantequilla aún eran comestibles. Los mastiqué sin casi saborearlos y en un intento de distraerme, me senté frente al ordenador y me metí en un chat. Me gustaba el anonimato que este medio me ofrecía… era bastante triste que sólo consiguiese interesar a las chicas cuando no me veían, pero era lo único que me quedaba… si alguna accedía a conversar conmigo, quizá me subiese un poco la moral… Con mi suerte de siempre, el chat estaba muertísimo… sopicientos tíos y ni una sola chica para hablar. Cuando entraba algún nick sospechosamente femenino, salía con asombrosa rapidez… supongo que asustada de la cantidad de privados que recibía. De pronto, en el general, salió un curioso anuncio:

"Ama busca sumiso. Cretinos abstenerse"

Huelga decir que de inmediato los insultos llovieron sobre Mariposa, quien había escrito el mensaje, amén de los comentarios hirientes y groseros. La autora, si es que era mujer, del mensaje, no se molestó en contestar a nadie. Pasado un minuto, volvió a poner su frase. Muchos participantes empezaron a decir que con ese nombre, sin duda era un marica disfrazado y no una mujer… Mariposa ignoraba cualquier ataque, incluso cuando la interpelaban directamente. Se limitaba a renovar su petición cada cierto tiempo.

"Ama busca sumiso. Cretinos abstenerse".

Sumiso… de inmediato me vinieron a la cabeza imágenes de látex, botas de tacón alto, esposas y quemaduras de cigarrillos. Me dio un escalofrío. En el general, otros fracasados como yo comentaban su perra suerte, la única mujer que entraba, tenía que ser Mariposa, si es que realmente era mujer, hecho que parecía bastante discutible. Algunos llegaron a decir que ese tipo de mensajes debían ser baneados, que aquél era un foro de amistad y encuentros, no de sadomaso… pero lo cierto es que el mensaje prosiguió.

"Ama busca sumiso. Cretinos abstenerse".

"Hola… perdona, ¿qué quieres decir con "cretinos"?"

Éste era yo. Finalmente me picó la curiosidad… y si realmente era una chica, era la única disponible. Yo no estaba para andarme pidiendo gollerías, a lo mejor sólo era un filtro para eliminar a la mayoría de hombres, más dispuestos a mandar que a obedecer…

"Hola. Me refiero a estúpidos que contestarán el mensaje sólo por curiosidad o para decirme cosas como las que lees en el general, o que quieren sexo, pero no ser mis esclavos."

"¿y porqué buscas esclavos?"

La respuesta tardó un poco en llegar.

"La pregunta no es por qué yo busco un esclavo, sino porqué buscas tú una ama… ¿o me has abierto un privado sólo para hablar de mis gustos?"

Me vi atrapado. Contesté con sinceridad:

"La verdad, es que me da igual lo que busque… con tal de encontrar algo. Llevo tanto tiempo buscando, que ya no busco algo en concreto. Me bastaría lo que fuera".

"¿Querrías entonces ser mi esclavo?"

No quería lanzarme tan pronto, la idea de la sumisión me daba bastante respeto…

"Si lo hiciera… no digo que lo vaya a hacer, pero si acaso, por un casual lo hiciera… ¿qué tendría que hacer?"

"Algo muy fácil: obedecer"

"Pero… ¿habría dolor? ¿Me mandarías cosas peligrosas, ilegales, o dolorosas….?"

De nuevo la respuesta, tardó un poco en llegar. Mariposa escribió largamente.

"Déjame que te cuente una historia… Había una vez un gran imperio que dominaba extensos territorios. Podía mantener su prosperidad gracias a un gobierno firme, y sobre todo, a una economía en la que unos pocos tenían acceso a lo bueno, y la mayoría trabajaba sin cobrar para esa élite. Esa mayoría, eran los esclavos. El dueño de un esclavo tenía sobre él derecho absoluto, podía disponer de su vida como quisiera, podía matarlo si se le antojaba… era una especie de animal, una cosa. Así es como son los esclavos, pero los habitantes de ese imperio, cometieron un error, y fue un error gravísimo: el pensar que los esclavos, eran infinitos. Que podían maltratarlos, matarlos y hasta masacrarlos y siempre quedarían más. Naturalmente, llegó un momento en que los esclavos empezaron a escasear… ese fue el fin del gran Imperio y de ese modelo de civilización. Te digo esto para que sepas que un esclavo, es una posesión única, muy valiosa. Y como tal debe ser tratado, y como tal te trataré yo si decidieras serlo. Yo tendría derecho absoluto sobre ti, pero nunca te mandaría cosas que te perjudicaran o te dañaran, porque si te pierdo, soy yo quien pierde… sobre todo si resultases ser un buen esclavo."

Me pareció un argumento sólido…

"¿y eso, sería ahora, para divertirnos un rato, o….?

En esta ocasión, la respuesta fue rapidísima:

"No."

"No, no sería para un rato simplemente" Continuó "sería por un plazo indefinido de tiempo, hasta que a mí se me antojase tenerte de esclavo, lo que dependerá de mi capricho y de tu calidad. Puedes ser mi esclavo por un día o por diez años. Debes recordar esto, porque una vez que des tu consentimiento, no habrá vuelta atrás. Tu palabra es irrevocable en este asunto".

Estuve tentado de cerrar la ventana al leer esto, pero algo me producía una mayor tentación… deseaba saber más.

"Y… ¿sólo sería por chat?"

Hubo una larga pausa. Finalmente, Mariposa contestó y a pesar de que la conversación era enteramente texto, me pareció oír una risita de superioridad.

"Tú estás como loco por un revolcón, ¿verdad? Eso, como todo, dependerá de mí… pero también un poco de ti. Si te lo ganas, me verás y esto se volverá real. Pero deberás ganártelo. Si eres desobediente o no me gustas como esclavo, la cosa nunca pasará de aquí".

Genial… ya me podía ir despidiendo. Pero dijo algo que me dio esperanzas:

"No debes preocuparte si te parece que no eres guapo o sexy… eso, no me importa. Lo que me importa es que seas obediente. Tienes que ser como un perrito. Si eres un buen perrito, si eres fiel y obediente, te llevarás tus premios, aunque seas un perro callejero. Si no eres bueno, te daré con el periódico enrollado en el hocico, aunque tengas pedigrí."

"Bueno… supongo que estaría bien…"

"Eso no me vale. No quiero una respuesta vaga, necesito un SÍ rotundo. Ten en cuenta que si decides ser mi esclavo, tu voluntad ya no importará. Si te ordeno algo, lo harás o se romperá nuestro trato. Si te pido que faltes al trabajo, que descuides a tu esposa o que no recojas a tus hijos para venir a lamerme la espalda, lo harás, o se romperá nuestro trato… ¿estás dispuesto a eso?"

Yo no tenía ni esposa ni hijos… y el trabajo que hacía, podía permitirme faltar de vez en cuando…

"Sí. Sí, definitivamente, quiero ser tu esclavo, sí."

"¿Sí, qué…?"

"Sí, ama".

"Muy bien… vas aprendiendo deprisa, esclavo."

No acababa de entender cómo había llegado a esto, había sido todo muy rápido, tenía la impresión de que me arrepentiría… pero ya era demasiado tarde para echarme atrás.

"Bueno, esclavo, nos vamos de aquí. Dame tu dirección de mensajería".

Lo cierto es que me daba un poco de temor; la era de internet me había cogido un poco mayor y me imponía bastante respeto todo lo que oía de hackers, espías… pero, ¿iba a parar ahora…? Desde luego que no, me tragué mis inseguridades y le di de inmediato mi dirección de Messenger y me apresuré a abrir el programa. Enseguida me saltó el aviso de agregado por Mariposa, con la coletilla típica del citado programa y acepté. Un sonido de campanillas acompañó el primer mensaje.

"Estoy segura que tienes cámara. Vas a conectarla ahora mismo, quiero echarte un buen vistazo".

Mientras obedecía, me atreví a preguntar:

"¿Tú también vas a dejar que te vea?"

"En primera ya eres mi esclavo, con lo que no me puedes tutear. Llámame siempre de usted o de vos, y debes darme el tratamiento de señora o ama. No te olvides de esto nunca, esclavo. Ya me debes un castigo por ello, procura no cometer más errores".

Quise morderme la lengua… pero Mariposa continuó su mensaje.

"En segunda, de momento, soy yo quien mira, quien escucha y siempre, quien decide. Tú eres mi juguete, y sólo yo te miraré. Si te lo ganas, puede que tú también llegues a oírme o verme por éste medio".

"De acuerdo, ama".

La cámara se puso en funcionamiento y sin poder evitarlo, saludé con la mano sonriendo, la misma estupidez que hago siempre cuando estoy frente a una cámara. Sólo después de hacerlo me di cuenta de lo penas que había quedado. Se produjo un largo silencio.

"….Ése eres tú". No era una pregunta.

"Sí, ama".

Nuevo silencio. Admito que tuve verdadero miedo de que ella cerrase la ventana y se acabara todo, pero finalmente contestó:

"…¿Hace mucho que os duran las restricciones de agua por ahí?"

"¿Perdón, ama….?"

"¡¿Cuántos QUINQUENIOS hace que no te duchas!? Escucha, esclavo, estás en tu casa, no sabías que me ibas a conocer, lo entiendo… pero a partir de ahora, te quiero siempre presentable para mí. No digo que te pongas de frac para hablar conmigo, pero sí quiero que estés limpio, con las greñas peinadas y con ropa un poco más aseada… ¡por lo menos, sin rodalones de sudor en los sobacos! ¿Queda claro?"

Genial…. Otra como mi madre… en fin…

"Entendido, ama."

"Acerca más la cara a la cámara, quiero verte bien". Obedecí. Me acerqué bien, primero de frente, y luego mostrando un perfil y el otro, sin dejar de sonreír. Sé que no soy muy guapo, pero sonriendo, todos dicen que tengo cara tierna… "Tienes cara de buena persona". Concluyó.

"Gracias, ama".

"No, no me has entendido. He querido decir que tienes cara de cándido… de tontuelo, de pánfilo… de alguien que se deja manipular y hace siempre lo que quieren los demás". No fui capaz de contestar nada… porque era verdad. Pero aún le faltaba darme la puntilla "… y me apuesto algo… a que haces siempre lo que quiere UNA persona en particular… ¿verdad que sí? ¿A que eres un pagafantas?".

"….¿Cómo lo ha sabido, ama…..?"

"Me lo ha dicho tu cara, imbécil. Mira, acabo de decidir tu nombre. De momento, y hasta que te ganes otro, te llamarás Imbécil".

Agaché la cabeza. Me sentía triste… ¿porqué siempre me pasaban estas cosas a mí…? ¿Porqué siempre todas las chicas venían a reírse de mí, nunca conmigo? ¿Porqué me estaba vetada la posibilidad de tener una relación normal con una chica….?

"Imbécil… no quiero tener a un muermo como esclavo. No voy a permitir que te entre la murria pensando en tu princesita. Si te molesta tu nombre, haz por ganarte otro. Tú estás aquí para divertirme, así que levántate de la silla, y bájate los calzoncillos".

¿Qué me impedía cerrar la ventana del programa y volverme a dormir? No hubiese podido decirlo… quizá el que yo tampoco quería pensar en ella, quería distraerme por encima de todo… quizá el que la orden de quitarme los calzoncillos y enseñarle mis intimidades a una desconocida a través de la cámara me puso un poco juguetón… El caso es que me levanté de la silla, me hice un poco hacia atrás para asegurarme de que la cámara me cogía y me bajé los calzoncillos hasta las rodillas. Mi pene no estaba erecto ni mucho menos, pero tampoco estaba completamente en reposo; parecía intuir una diversión y estaba a medio camino, cómo preguntando qué pasaba. De nuevo hubo un largo vacio en la conversación.

"…No está mal del todo. No es especialmente grande, pero tampoco es ninguna birria. No tienes un mal equipo, Imbécil. Vamos a ver qué tal se porta".

Admito que un poquito de orgullo vino a confortarme. Siempre he tenido complejo de tenerla pequeña. Es un poco gordita, pero como su dueño, no demasiado, y muy juguetona. Hasta la fecha, nunca me ha fallado, ni siquiera cuando he estado muy cansado ni trompa, pero de longitud, mis 15.5 centímetros siempre me habían parecido muy poca cosa, así que cuando leí eso de "no tienes mal equipo", sonreí abiertamente y mi cuerpo empezó a responder…

"Empieza a tocarla. Suavemente… acaríciate primero el bajo vientre" Obedecí. Contrariamente a lo que pensaba, estaba muy sensible, y me hice cosquillas. Entre eso y que aquélla situación era totalmente nueva para mí y me daba un poco de corte, noté que sonreía como un tontuelo cachondo y empecé a notar calor en la cara. "¿Te ruborizas…. Vaya con mi Imbécil… resulta que tiene vergüenza… Vamos a aprovechar eso. Pon el programa de la cámara en primer plano, para que tú también te veas como yo. Chúpate los dedos y mójate con ellos los pezones". Una vena de mi cuello latió débilmente… ¿verme… yo mismo….? ¿Gordo, sin afeitar ni duchar, con los calzoncillos en las rodillas y…. y….? Cerré los ojos de vergüenza y me mordí el labio… no podría soportarlo, sería humillante….

"Obedece, Imbécil. Vamos, mírate a ti mismo mientras lo haces… obedece, o te vas a arrepentir". Quise parar. Cerrar la ventana, acabar con aquello e irme a acostar… pero mi erección era ya patente y ahora era el deseo quien mandaba sobre mí. Sabía que me iba a arrepentir, pero si no lo hacía, con toda seguridad me arrepentiría más todavía. Me acerqué de nuevo al ratón, maximicé el programa de la cámara y luego lo ajusté a la pantalla para ver también la ventana de mensajería… Mi cara tenía expresión de susto, pero me recordé a mí mismo que ya no cabía volverse atrás. De nuevo retrocedí y llevé mi mano derecha a mi bajo vientre, acariciándome alrededor del miembro. "Mójate los dedos en la boca… chúpalos bien, mételos hasta los nudillos, y luego acaríciate con ellos los pezones". Tenía la esperanza de que no insistiera, pero no hubo suerte. Intentando mantener la mirada baja para no verme a mí mismo, hice lo que Mariposa me mandaba, primero con la mano derecha y después con la izquierda, llevando los dedos a mis pezones inmediatamente.

"Rózalos… hazlo muy suave…" Admito que un escalofrío recorrió mi espalda y se me encogió el ombligo. "Sube los ojos y mírate… mira qué cara de gozón pones…". Intenté no hacerlo… si seguía con la mirada baja, no habría podido leer el mensaje, así que no sería como desobedecer… pero el Messenger zumbó y me obligó a mirarlo y leer la orden… Muerto de vergüenza, me miré en la ventana de la cámara. Mi excitación cayó (literalmente) casi al instante. No podía imaginar nada más penoso… gordo, sucio, y pretendiendo resultar sexy… los spaghetti duros y resecos se revolvieron en mi estómago del asco que yo mismo me daba. "¿Qué pasa, Imbécil? ¿Tan horrible te resulta lo que ves….? Pues a mí me gusta. Y quiero seguir viéndolo, así que ya estás continuando".

"Ama…" escribí. "Creo sinceramente que usted se merece algo mejor y yo no estoy para fiestas…"

"Ooh… qué penita…" contestó "¿Te crees que a mí me importa que tú estés o no para fiestas, Imbécil? Eres mi esclavo, y soy yo quien decide qué me merezco y qué no. Pon el micro, hablar así es muy lento. Además, vas a gemir y quiero oír cómo lo haces".

¿Porqué el leer aquélla indiferencia hacia mis sentimientos no me hizo sentir herido…? Supongo que pensé que era lo natural, que nadie me iba a tomar a mí en cuenta para nada… pero lo cierto es que su deseo de continuar, me hizo sentir un poco mejor… al menos, me iba a quedar el pequeño consuelo de que alguien, aunque fuese una ama déspota, no me desdeñaba… Puse el micro. Y al oír por primera vez la voz de Mariposa, algo vibró en mi interior…

-Bueno, Imbécil… más vale que te hagas a la idea de que yo soy tu ama, no tu princesita, ni una chica común. No me interesa que tengas ganas o no, porque yo sí las tengo, y con eso basta. – Tenía una voz grave, sensual… hablaba lentamente, saboreando las palabras… era como si el tono me acariciara, y de nuevo mi cuerpo empezó a reaccionar. – Parece que te gusta mi voz, ¿verdad, Imbécil….?

-S-si, ama… - contesté.

-Muy bien, si eres bueno, te iré hablando… mírate otra vez… antes tenías erecta tu preciosa cosita, y ahora apenas está a medias… yo la quiero como antes, venga, acaríciate y mírate cómo lo haces. Yo te estoy mirando y te garantizo que me gusta…

Dejó los puntos suspensivos en el aire tan declaradamente que hasta yo entendí lo que quería decir… En alguna parte, al otro lado del hilo telefónico, una chica me estaba mirando medio desnudo, y mi imagen no sólo no le parecía grotesca, sino que la excitaba… y se estaba tocando al mismo tiempo que lo hacía yo. Aquélla idea, varió mi modo de pensar… si le gusto… quizá no sea tan patético como yo pensaba… a lo mejor, sí que le parezco atractivo… ¿porqué no jugar a creer que soy atractivo y portarme como si lo fuera de verdad…? Me dejé llevar por esa idea y con una mano volví a acariciar mis pezones, ahora tan erectos que me dolían un poco, y con la otra, bajé descaradamente a mi sexo, jugué con mis testículos y un pequeño escalofrío de gustito me hizo temblar… hice cosquillas en el vello púbico y agarré mi polla con la mano, moviendo mis caderas adelante y atrás, para masturbarme sin mover la mano… y no dejaba de mirar a la cámara. Me parecía muy humillante, me daba mucha vergüenza… pero pensaba que no lo estaba haciendo para mí, lo estaba haciendo para mi ama, ella disfrutaba viéndome así… sin darme cuenta, empecé a sonreír, en parte por el placer que sentía… en parte, porque me estaba empezando a sentir importante.

-Mmmh… mírate qué cara de placer pones… ¿te da mucho gustito, Imbécil….? Cuéntamelo…

….Su voz, su voz era un pecado, quemaba como plomo derretido y me hacía pensar en chocolate hirviendo… hubiera dado diez años de mi vida por oír esa voz junto a mi oreja y notar su cálido vaho sobre mi cuello…

-S… sí…. ¡oh! Sí, amaa… me… me gusta mucho… siento… siento como calor… y… cosquillas… y tengo muchas ganas…

-¿Muchas ganas de qué, Imbécil?

-De….. mmmh…. De… de follar, amaa…

-Oh, qué chico tan malhablado… - ¡Aaah… estaba poniendo voz autoritaria…! Tuve que resistir la tentación de sentarme o arrodillarme, porque las piernas me fallaban… - ¿no te da vergüenza usar esas palabras tan feas? ¡Qué boca tan sucia…! ¿Pretendías besar a tu princesita con la boca tan sucia…?

Apenas me daba cuenta que tenía la boca abierta y jadeaba ruidosamente… un hilillo de baba se caía por la comisura, el pensar en ella en ese momento me excitó muchísimo… nunca había querido masturbarme pensando en ella, pensaba que no estaba bien, que la faltaba al respeto… pero Mariposa había hecho que su imagen se incrustase en mi cabeza en pleno placer solitario y que encima me sintiese perversamente culpable por ello… "me la estoy zumbando pensando en ti… y si tuviera una foto tuya, la iba a inundar….".

-Siéntate, Imbécil, estás a punto de desmoronarte… - Con un gemido agradecido, me derrumbé en la silla, cuidando de reclinarme para que mi ama no perdiera detalle de la dulce paja que me estaba haciendo gracias a sus palabras y su dominación. Como si lo supiera con exactitud, atacó por el mismo lado - ¿Qué pensaría ella de ti si ahora te viese, Imbécil….? Masturbándote como un mono, ensuciando su tierna imagen platónica… Seguro que ella te quiere "como un amigo", ¿a que sí….? ¿Cómo crees que se sentiría tu princesita si viera lo que haces pensando en ella…?

-S… se ofendería, amaaa… haaah… ¡aah..! Le… le daría… ascooo… Nnnn… no me querría… volver a… aaah… a mirar a la cara…. ¡mmmmh!

-Claro que no… porque eres muy malo, Imbécil. Eres un salido y un guarro… mira, mira cómo aceleras el ritmo cuando te lo recuerdo… salido, guarro… uuh, qué asco… mírate cómo gozas… tienes cara de pervertido, de vicioso… - Era cierto. Podía verme por el programa de la cámara, y en realidad tenía cara de vicioso… ¿siempre tenía esa cara cuando me masturbaba…? – Usa las dos manos, Imbécil… entrelaza los dedos y usa las dos manos para esa paja que te estás cascando… - Obedecí y tuve un feroz espasmo de placer… no podría aguantar mucho más…

-Ooh…a-ama…. Estoy… ya casi… ya casi estoy…

-Para.

-¿¡Qué?!

-Párate ahora mismo. – Aminoré el ritmo, mordiéndome los labios hasta casi hacerme sangre, pero no fui capaz de parar por completo, ¡era demasiado bueno…! Un zumbido sonó en el programa y se abrió una ventana de aviso. Indicaba el formateo del sistema. No había botones para pulsar, simplemente avisaba que se iba a producir, y se me cortó la respiración – Imbécil, esto es una inutilización total de tu sistema. Párate ahora mismo, o prepárate a gastarte pasta en un equipo nuevo, porque éste va a quedar inservible. – Levanté las manos como si me hubiera enseñado un revólver y me sentí culpable, pero esta vez sin connotaciones eróticas agradables… Mariposa había usado un tono bien distinto del que hasta ahora me había regalado. La oí chasquear la lengua con profundo desagrado. – Imbécil, esto no es así. Me has obligado a usar la fuerza. Nunca quiero tener que usar la fuerza, tienes que obedecer ciegamente, ¿me oyes? CIEGAMENTE… No. No puedo tener como esclavo a alguien que necesita que le repitan las órdenes y aún así me hace emplear estos métodos. Adiós.

-¡NO, NO AMA, POR FAVOR, NO…! – ahora sí que se me había parado la respiración, me dejé caer de la silla y me arrodillé frente a la cámara, cogiendo el monitor con las manos, como si así fuese a poder retenerla - ¡Ama, no, no se marche, se lo suplico, no me deje…! ¡Lo siento, lo siento, no volverá a suceder, no volveré a desobedeceros…! ¡Castígueme como quiera, pero no me abandone…! - ¿yo había dicho eso….? Sí, lo quisiera o no, había salido de mis labios… en el programa de la cámara, vi que tenía los ojos llenos de lágrimas… los segundos se me hicieron eternos, hasta que al fin contestó.

-…Sé que me voy a arrepentir de esto. Pero en fin. Eres bueno suplicando, Imbécil, y eso es algo que siempre se valora en un esclavo. Espero que sepas, eso sí, que no toleraré una segunda falta de esa categoría…

-¡No se producirá jamás, ama….! Se lo juro, obedeceré todo cuanto me diga… gracias, gracias por quedarse, ama… sois muy buena…

-No me alabes tanto todavía, Imbécil… puede que no me haya ido, pero esto merece un castigo… ¿Tienes limones en casa?

-Sí, ama.

-Ve a la cocina por uno, córtalo en dos mitades y vuelve inmediatamente... Trae también un cuenco con agua bien fría… - obedecí de inmediato, lo dejé en la mesa y me senté de nuevo. – Coge una de las mitades de limón, y chúpala. – lamí la fruta y mi cara se contrajo por la acidez. Oí una risita de mi ama, y eso me gustó… - ¿está muy ácido, verdad…? – Asentí. - ¿Está también frío…?

-Sí, ama, estaba en la nevera. – contesté.

-Estupendo… cierra los ojos y acércalo a tu boca… hazlo resbalar por tu barbilla – iba obedeciendo mientras me hablaba – por tu cuello… echa hacia atrás la cabeza… detente en la nuez… aprieta un poco ahí… un poco más… nota el ahogo… - mi boca se abría buscando más aire, pero era increíblemente excitante, el frío me hacía estremecer, pero no era lo único que producía mis estremecimientos… la voz de Mariposa, grave y sensual, acariciaba mis oídos como una deliciosa tortura… ¿esto, era un castigo….? Si así iban a ser sus castigos, ya me podía ir encadenando a la pared si le daba la gana… - ahora, sigue bajando… lentamente… dirígelo a tu pezón, al derecho primero… - mi espalda se curvó de placer y un siseo se escapó de mis labios… ¡qué frío…! Mi ama volvió a reír por lo bajo, y abrí los ojos para mirar a la cámara.

-Oh… oh, ama…

-Qué carita haces, Imbécil… totalmente a la merced de medio limón… estás precioso – ironizó – exprímelo contra tu pezón, y deja que el jugo se escurra por tu cuerpo… - mi polla reclamaba por atención, pero ella aún no la había mencionado, de modo que no podía tocarla… desahogué mi deseo de tocarme apretando fuerte el limón… el jugo ácido y helado se deslizó por mi cuerpo, acariciándome… un suspiro me vació de aire el pecho, parecía que se me salía el alma, y puse los ojos en blanco sin darme ni cuenta… el zumo hacía cosquillas al resbalar por mi piel… - ahora, el pezón izquierdo… haz círculos sobre él, mójalo bien… y luego exprime el limón sobre él, como en el otro. – obedecí de nuevo, notando los hilos de zumo hacer torturantes cosquillas, y yo no podía dejar de sonreír, era muy agradable… - Mira cómo se ha puesto tu cosita… está casi pegada a tu tripa… Creo que quiere jugar… ¿qué te parece a ti, Imbécil, crees que quiere jugar tu cosita…?

-¡…Sí! Sí, ama… ¿Puedo… puedo tocarla, por favor….? – supliqué tartamudeando. Tenía que agarrar con todas mis fuerzas el reposabrazos de la silla con la mano libre, porque inconsciente, no dejaba de acercarla a mi miembro.

-Eres un pervertido – me regañó con su adorable tono autoritario y gemí al oírla… Santo Cielo, una voz así no tendría ni que estar permitida… - Sólo piensas en darte placer, en bombearte como un asqueroso mono… pero esto, es un castigo, Imbécil… voy a hacer que desees parar… - su risita sarcástica resonó en mis oídos, y no sé porqué, la relacioné con algún animal venenoso, carnívoro… - Exprime en el agua el otro limón. Bien fuerte, déjalo completamente seco.

A mi pesar, dejé de acariciarme e hice lo que me ordenaba: con las dos manos, apreté bien el limón sobre el cuenco del agua fría, y el zumo manó en chorro. Un par de gotas me salpicaron la cara, y me lamí los labios mientras cambiaba de posición el limón entre mis manos para exprimirlo bien por todas partes, ¡estaba tan ácido que me hacía lagrimear los ojos…! Finalmente, la fruta quedó totalmente seca y el agua del cuenco se había vuelto de color amarillento enfermizo, con algunas pepitas flotando en el interior. Me sequé las manos en la camiseta de tirantes que llevaba arremangada hacia arriba… oí a mi ama ahogar un grito al ver aquello, pero en fin… no venía de una mancha.

-Ya está, ama.

-Bien… ahora, coge el otro limón, ¿a ese, aún le queda algo, verdad…?

El primer limón estaba aplastado y pachucho, pero sí… apretando bien, aún se le podía sacar algo. Asentí con la cabeza.

-Perfecto. Empieza a masturbarte con la mano izquierda… lentamente. – Soy diestro, pero aquello no me suponía un problema grave… no era tan hábil como con la mano buena, pero durante la adolescencia, supongo que como todo hijo de vecino, había probado a hacerme pajas con la mano izquierda, por probar. Siguiendo sus deseos, empecé a acariciarme arriba y abajo con toda calma… el cuerpo me pedía mucho más, de ser por mí, me habría pegado un buen lametón a la mano y hubiera tirado a toda velocidad para acabar en un minuto, pero era mi ama la que dirigía, y yo su juguete… pensar aquello, me daba mucho morbo…

-¿Así, ama…? ¿Lo hago bien….? – pregunté, medio ahogando los gemidos.

-Sí, lo haces muy bien, Imbécil… se ve que tienes mucha experiencia en hacer esto… apuesto a que ya lo hacías de pequeño, ¿verdad…? ¿A qué edad empezaste…?

-Ooh… no… no me acuerdo, ama…

-Sí te acuerdas. La primera paja no se olvida jamás, ¿qué edad tenías?

-De…debía tener… ocho, nueve años…

-¿Y cómo fue…? ¿Viste algo que hizo que se despertase tu soldadito…? ¿O ya habías tenido erecciones antes y ésa fue la que no aguantaste más…?

-Fue… fue… antes… días… días antes había… había visto un poco… de un strip-tease… en la televisión… mis padres cambiaron de canal a toda velocidad… pero yo ya lo había visto…

-¿Qué viste exactamente?

-Sus tetas… bailaba, y… de pronto, no tenía sujetador… me parecieron enormes… y… cuando me fui a la cama, el calor del colchón… me hizo cosas raras… ahí abajo… - sin darme cuenta, estaba recordando la experiencia vívidamente, podía ver con toda claridad aquéllas enormes tetas, de pezones rosados, bamboleándose en la pantalla… mis padres mandándome a la cama, y yo sintiendo un remusguillo interesantísimo en mi bajo vientre… - días después… me quedé sólo en casa… y cuando fui a hacer un pis… al sacudírmela… no sé porqué, pero pensé de nuevo en ésas tetas… y de pronto, no quise soltármela… cada vez que la sacudía, daba como cosquillas… pensé que me gustaría… tocar esas tetas… y me acaricié… y cada vez me daba más gusto… hasta que sentí mucho gustirrinín de golpe… entonces, no eyaculé aún… pero del gustito, volví a hacerme pis de nuevo…

-Lo cuentas muy bien, Imbécil… - la voz de Mariposa sonaba ligeramente jadeante, y eso me puso todavía más cachondo… el saber que le había provocado deseo, me estaba volviendo loco… - ¿nunca te pilló mamá mientras estabas…?

-S….sí… -admití, avergonzado. – Un… un par de veces… abrió la puerta del lavabo cuando yo… - Noté que mi cara ardía, aún resultaba embarazoso recordar aquél momento, mi madre preguntándome "¿¡qué haces?!" a pesar de que lo sabía de sobra, y yo intentando disimular, aún sabiendo que era inútil.

-¿Te sentiste culpable entonces, Imbécil…? ¿Te sentiste malo, y sucio…? ¿Qué te dijo mamá cuando te pescó?

-Sí…. Me sentí mal… mamá se enfadó conmigo… dijo que… dijo que me haría sangre… que me quedaría ciego…

-¿Y si ahora te viera, se enfadaría…?

-Sí… diría que… que me buscase una novia formal… una chica decente… que ya estoy mayorcito para estas cosas…

-Y tiene razón, Imbécil… si no estuvieras colgado por tu princesita, quizá hubieras encontrado ya alguna chica que quisiera darle alegrías a tu cosita… vamos a castigarte por ser un pervertido y un vicioso… te mereces un castigo ejemplar, has sido desobediente conmigo y eres un guarro que sólo piensa en zumbársela a todas horas… mójate bien la mano en el agua de limón.

Aterrado, me di cuenta de lo que pretendía… pero… pero… ¡estaba muy ácido… me dolería!

-Vamos, Imbécil, no me hagas que te lo repita… - Me di cuenta que me daba muchísimo más miedo hacerla enfadar. Automáticamente, hundí la mano izquierda en el cuenco con agua. – Así me gusta, Imbécil. Ahora, saca la mano, y deja que gotee en tu glande. – Obedecí y cerré los ojos de escozor, ¡picaba como un demonio! Me mordí los labios y mis piernas se crisparon, mientras me parecía que me quemaba vivo. Oí la risa de mi ama – Qué exagerado eres… ¿escuece?

-¡Síiiiii! – me quejé.

-Te aguantas. – sonaba divertida – ahora, empieza a darte. Fuerte.

Obedecí. Mi mano estaba empapada en agua de limón helada. Mi polla quiso descender por el frío y el escozor, pero el ritmo de mi mano y la voz de mariposa, aunados a la excitación general, no se lo permitieron. La sensación de ardor aumentaba a cada movimiento de mi mano, los ojos me lloraban, pero podía notar que el orgasmo me estaba llegando… en mi cuerpo se peleaban el deseo de parar para interrumpir el picor horrible, y el ansia de seguir para disfrutar del placer orgiástico… mis caderas no paraban quietas, tenía la impresión de que me iba a caer de la silla, pero el escozor y el placer eran demasiado para mí…

-Así, eso es… - oí a mi ama – date más fuerte, más rápido… venga, chico malo… te escuece mucho, pero no puedes parar, ¿verdad que no? Da demasiado gustito para parar ahora… Si tu mamá te viera, pensaría que éste es el castigo adecuado para ti… hacerlo hasta que quedes escocido… después, no podrás tocarte en varios días… te quemará toda la piel… hasta el roce de la ropa interior será una tortura… pero ahora mismo, sólo puedes pensar en el calorcito tan rico que sientes, en el placer que te agarra desde las rodillas a la nuca, ¿verdad?

Asentí con la cabeza, porque no podía hablar… tenía la garganta atascada de gemidos de placer y dolor, no podía articular palabra…

-Deja salir los gemidos, Imbécil. Chilla si quieres. Me da igual que te oigan tus vecinos, quiero poder oírte yo. – para qué dijo nada… empecé a gemir mientras me estremecía de dolor y placer. Mi cara se curvaba por igual en gestos de dolor que en sonrisitas de gusto, la silla chocaba contra el suelo con mis movimientos frenéticos… me corría, no podía evitarlo….

-¡Ama…. Me… me viene…. No aguanto más…!

-¡Ahora, exprime el otro limón sobre tu glande! ¡Hazlo! – ordenó imperiosamente, y de forma maquinal, alargué la mano derecha y apreté la fruta tal como me ordenó.

-¡Aaah… aaaaaaaaaay…. Aaaaaaayyyyyyyyyyy….! – Un inmenso placer me atacó desde los riñones y la presión en la base de mi polla cedió, dando paso a una abundante corrida… que se mezcló con las gotas de limón que resbalaban sobre mi polla, quemándola, provocando un escozor ardiente e insoportable… ¡pero tan delicioso! Las piernas me temblaban y mi mano, sin fuerzas, dejó caer el limón al suelo. Apenas fue un segundo de descanso. El escozor ganó la partida y mi polla comenzó a arder como si hubiera colocado sobre ella un carbón en lugar de un trozo de limón. Brinqué sobre la silla y me abaniqué el miembro con las dos manos al tiempo que soplaba sobre él, en un vano intento de calmar el ardor. Mariposa se reía de nuevo.

-¡Así no lograrás nada, Imbécil…! – me decía entre risitas dulces – lo mejor es que te des una buena ducha. Lávate bien el miembro, echa bien hacia atrás la piel del glande y lava bien el capullo y los testículos, y también el ojete. Utiliza jabón neutro. Cuando salgas de la ducha, ponte un poco de crema hidratante, no mucha. Después, tienes las siguientes órdenes: coge ropa limpia, y si no la tienes, pon la lavadora y plancha la ropa. Ponte limpio de pies a cabeza. Después, coge sábanas limpias, haz bien la cama. Quiero que quede tan tiesa, que si tires una moneda, rebote de nuevo a tu mano. Y luego, bien limpito, te vas a dormir. ¿Lo has entendido, Imbécil?

Lo cierto es que esas órdenes de hacer la cama y estirarla bien, no me acababan de gustar demasiado, pero en fin…

-Sí, ama.

- Así me gusta. Mañana y pasado no creo que hablemos, porque "eso" te va a escocer un poco… pero dentro de tres días, te conectarás exactamente a las ocho y media, y para entonces, te quiero recién duchado y limpio como una patena para volver a divertirnos, ¿te queda claro?

-Sí, ama.

-Muy bien… has sido un buen esclavo, Imbécil. Sigue así, y te llevarás tus recompensas. La primera, la tendrás el próximo día…

Estuve a punto de preguntar qué era, pero ya había cortado la comunicación y abandonado el programa de charla. Mientras me duchaba y me enchufaba la pera de la ducha en mi escocido miembro, no podía evitar pensar que era una idea de servidumbre bien extraña la de que me ordenase que cuidase de mí mismo… pero qué más me daba si a cambio tenía a una chica para subirme el ánimo. Bueno, el ánimo, y otras cosas, porque sólo con pensar en ella y en esa recompensa, se me volvía a poner en pie de guerra, y… aaay… De nuevo, Mariposa tenía razón: estaba tan escocido, que una mera caricia era algo impensable en los próximos días.