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sábado, 10 de noviembre de 2012

No es lo que parece


-¡Bajamos a sacar la basura y de paso os traemos unos heladitos, ¿vale….?!

-¡Vale, hasta ahora….!

Jaime está a punto de lanzarse sobre mí nada más cerrarse la puerta, pero le freno… el ascensor que sube… se cierra la puerta… ¡están bajando!

-¡Ahora, venga, corre! – Me levanto la camiseta y me subo la faldita, mientras él se desabrocha los pantalones a toda la velocidad y se abre la camisa. Está erecto como un mástil, ¡llevamos tanto tiempo esperando…! Me siento sobre él, jadeando, guío su miembro hacia mi abertura cálida y húmeda, dentro de la cual se desliza hasta el fondo sin dificultad, pero aún así estrechamente… Jaimito jadea y me agarra de la cintura… Rodeo sus hombros con mi brazo para poderle mirar y dejarle las tetas en la cara, mientras subo una pierna al sofá para colocarme mejor, hemos visto ésta postura en una película…

-¡Uf… Anita, cada día estás más buena! – Gime, apenas audiblemente, mientras lame una de mis tetas y las agarra entre sus manos, con fuerza las mueve, las amasa, las aprieta, mientras yo no dejo de subir y bajar sobre su miembro… él hace un gesto casi de dolor - ¡Uy…. Haaah…. Espera, espera… mmmh… doce por uno, doce; doce por dos, veinticuatro; doce por tres, treinta y seis… aafffh…. ¡ya, venga, sigue!

El bueno de Jaime ha estado a punto de correrse y dejarme a medias, menos mal que sabe que puede sucederle y usa esos trucos; pero la verdad es que yo misma estoy que me fundo de gusto entre sus brazos y no puedo quedarme quieta, salto sobre su polla que me parte las entrañas, mis pechos botan…. Noto sus manos en ellos, pero una de ellas sube hasta mi boca, sus dedos se cuelan entre mis labios y los lamo cerrando los ojos, mientras oigo sus gemidos de fondo… sus dedos, empapados en mi saliva, bajan hasta mi sexo, ¡AH, SÍ….! ¡Está frotando mi clítoris….!

-¡Jaimeeeeeee…. Me… me encantaaaa… si sigues así…..!

-¿Qué…. Aaah… qué pasa… si sigo así….?

-¡Que me…. Que me voy a… aaaah…..! – pero no puedo seguir hablando, el placer es demasiado intenso, subidones de gusto estallan en mi cuerpo, mis brazos se acalambran, mi mano se cierra con fuerza en su hombro…. Me llega, mmmh…. Síiii…. Una sonrisa de placer se abre en mi rostro, un poderoso escalofrío de gusto me hace estremecer…. ¡y estallo! ¡Ooooooh, qué buenoooo….! ¡Mmmmmmmh…. Mis piernas tiemblan de placer, qué maravilla, todo mi cuerpo hierve, el placer me recorre entera…! Lentamente, el intenso gozo cambia a una deliciosa sensación de bienestar… Pero mi compañero aún no ha terminado. – Ah… ahora, te toca a ti.

Jaime me sonríe con cara de cachondo, mientras me acomodo frente a él, cara a cara, hundiéndole la cabeza entre mis tetas bamboleantes, y ensartándome hasta el fondo… Jaimito se derrite de gusto… me acuclillo frente a él, y empiezo a cabalgarle como una desesperada, rápido, rápido, volverán enseguida, se nos acaba el tiempo… afortunadamente, mi compañero no aguanta demasiado unas embestidas tan seguidas y feroces… puedo ver cómo rompe a sudar, sus jadeos casi no le dejan respirar, y aún así no retira la cabeza de entre mis tetas, como si quisiera ahogarse literalmente entre ellas… su brazos se crispan en torno a mi cintura, y al fin sus caderas se elevan, aprieta los dientes para no gritar demasiado, echa hacia atrás la cabeza, sonriente, casi sorprendido… esa carita de gozón que me vuelve loca… su semen se derrama dentro de mí, y puedo sentirlo perfectamente… Jadeantes, extenuados, nos dejamos caer en el sofá, besándonos, acariciándonos la cara… y empezando a arreglarnos la ropa.

El ruido del ascensor nos hace pegar un salto en el sofá - ¡Tus padres! – susurra Jaime, arremetiéndose como puede la camisa dentro del pantalón, mientras yo me subo la falda y las bragas… de pronto nos quedamos paralizados por las palabras que acaban de salir de su boca... nos miramos con gesto confuso…

-¡NOSOTROS, somos los padres! – decimos a un tiempo, sonriendo, mientras llaman a la puerta, y corro a abrir.

-¡Hola, mamá! – dice mi hija Violeta - ¡Os hemos traído helado de turrón y vainilla!

-¡Mmmh, gracias, cielo! – contesto, cogiendo las tarrinas, mientras mi hija mayor se quita la cazadora vaquera y se acomoda en el otro sofá.

-¿Ya ha empezado la peli? – Ése es Simón, el pequeño, que tira las deportivas por el suelo para poner los pies en el sillón, junto a su hermana.

-Ahora mismo parece que se terminan los anuncios… - dice Jaime, mi marido, acomodando la manta del sofá, para ocultar la delatora mancha que ha quedado en el asiento y en su propio pantalón…

Supongo que esperabais otros protagonistas, dada la situación… pero con una hija de casi doce años y un hijo de nueve, las oportunidades son pocas, y hay que aprovecharlas todas.