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viernes, 8 de febrero de 2013

En el coche (Obsesión II)


     -Espera, espera un momento, Irina, ¿DÓNDE dices que estáis…?
     -Lo has oído bien, Nazario, ¡por favor, no hagas preguntas tontas y ven a buscarnos!

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      -I-Irina… por favor, espérate a que pare… - Me decía Oli mientras conducía despacito por la carretera desierta y oscura, al tiempo que yo le acariciaba el muslo, subiendo de vez en cuando a su entrepierna, ya abultada.
     Mi Oli se ha dejado barba. Y… no puedo evitarlo, quizá sea porque recuerdo que mi padre también la llevaba, o porque mi primer amor cinematográfico fue Chuck Norris (lo reconozco, no soy perfecta), o porqué puede ser, pero las barbas siempre han sido una especie de fetiche para mí, no puedo evitarlo. Dame un hombre cualquiera, por guapo que sea, con barba me lo parecerá siempre más. Y en el caso de mi marido, que siempre es tan pulcro, tan aseado y tan correcto, el verle con barba se me antojó de una rebeldía, una ruptura de formas tan poco habitual en él, que me puso fuera de mí desde el momento en que le vi con ella. Es cierto que es una barba bien cuidada y la lleva siempre limpia y suave, porque Oli es limpio hasta el extremo, pero aún así me lo pareció. Y además… su rostro parece menos inocente con ella. Sus ojitos amables siempre reflejan su candidez, su bondad, pero con la barba, parece más… no sé cómo definirlo… más juvenil, en el sentido de “universitario juerguero”. Más hombre. Más recio, más fuerte… no sé, realmente no sé explicarlo, sólo sé que le veo con esa barba y me derrito de deseo, no sería capaz de parar, y de hecho, no lo he sido, porque desde que volví de ver a mi madre y me le encontré barbudo, hemos ido a ritmo de tres al día y a veces más.
     Esa misma noche, mi pobre Oli se había acostado tan derrengado de sexo, que le habían venido ganas de ir al baño, y no había sido ni capaz de despertarse, había mojado la cama. Mientras se duchaba, yo empecé a pensar en lo dulce que era, en cómo se mezclaban en él cosas propias de un niño y cosas propias de un adulto, y no pude evitar pensar que estaba desnudo en la ducha, con el agua chorreándole por la barba y… bueno, habíamos hecho el amor en la ducha, y después de aquello, le sugerí hacerlo en el coche. Mi Oli no sabe decirme “no”.  
      -Ahí hay un buen sitio – dije, señalando un recodo del camino, cerca de una obra abandonada, sin luz y alejada de cualquier núcleo de casas – para por ahí, cielo.
     -Esto es muy cerca – intentó protestar, hablaba en voz baja, como si temiese que alguien fuese a oírnos - ¿no prefieres que nos alejemos un poco más…?
      -Oli, mi vida… para por ahí. – creo sinceramente que le di un poco de miedo a juzgar por el escalofrío que hizo temblar sus hombros… pero también él tenía muchas ganas, y se le notaba. Dijo “de acuerdo” con un hilito de voz y un tono algo vacilante, agudo, producido por el nerviosismo de la excitación. Y el saber que yo le producía deseo, me ponía todavía más ganas, ganas de morderle, de devorarle… mi entrepierna picaba, húmeda y caliente y tenía que hacer esfuerzos para contenerme, porque mis manos se dirigían solas al cinturón de seguridad para soltarlo y abalanzarme sobre mi hombre aún antes de que frenara el coche.

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      -I know I stand in line until you think you have the time to spend an evening with me… And if we go someplace to dance I know that there's a chance you won't be leaving with me…
     -And afterwards we drop into a quiet little place and have a drink or two......  And then I go and spoil it all by saying something stupid like “I love you”….
     -Venga, que me voy a poner a llorar… ¡cortad ya!

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       -Pe-pero, Irina… mmmmh… tienes… tienes que quererme también por mi inteligencia… - sonrió mi Oli entre besos mientras yo me lanzaba a por él y echaba hacia atrás el respaldo del asiento. Yo le devolví la sonrisa, pero ni pude contestar, le deseaba y quise montarme sobre él, pero Oli se quitó el cinto y casi escapó al asiento trasero, fui tras él entre risas, intentando echar mano al bulto que hacía ya su pantalón, pero me agarró de las muñecas y reclinándome sobre el asiento, me besó, largamente. El pecho se me vació de aire, e intenté soltarme para acariciarle y apretarle contra mí, pero no me dejó. Quería hacer algo, y, dado que yo misma había estado “abusando de él” todo lo que había querido y que me encanta cuando se suelta, le dejé hacer.
     Oí un silbido de roce de tela, y el tintineo de su cinturón al soltarse mientras no dejaba de besarme, y entonces noté algo áspero en mi muñeca, un nudo no muy bien atado, y miré. Mi Oli me había atado la correa de su cinturón en la muñeca, y tenía la cabeza agachada, no quería mirarme a los ojos cuando pasó el otro extremo por el asa de sujeción que hay arriba de la ventanilla del coche… y me pidió la otra mano. Oh, Dios, ¿pensaba atarme…? ¿Él? ¿Mi Oli? A punto estuve de preguntarle si se encontraba bien, pero mis piernas temblaron de deseo y quise chillar de alegría. Le alargué la mano con una enorme sonrisa y  la ató al extremo libre del cinturón. Desde luego, lo hizo muy flojito, se notaba que no tenía ninguna experiencia en algo semejante, pero, ¡qué me importaba eso a mí! La intención era lo que valía, y cuando me preguntó si estaba bien, si me apretaba…
      -Sí, me aprieta mucho – contesté, fingiendo temor – Eres un bruto… ¿qué me vas a hacer…? – parpadeé muy deprisa y puse voz de pobrecita niña indefensa, y Oli sonrió y me besó nuevamente, subiéndome la camiseta, bajo la cual, dado que habíamos salido a lo que íbamos, yo no llevaba sostén alguno. Abarcó mis tetas con las manos y le oí suspirar al notar el calor de mi piel en sus manos, frías por el nerviosismo, y yo misma gemí, con la piel de gallina, notando que mis jugos empapaban la falda que llevaba, sólo esperaba que no calaran hasta la tapicería.
     Me besó la cara. Su boca entreabierta y ardiente recorrió la piel de mi rostro mientras sus dedos perfilaban muy suavemente mis pezones, poniéndolos erectos. Sus labios húmedos acariciaron mi barbilla, bajando por mi cuello, por la garganta, donde presionaron ligeramente y gemí, temblando. Es cierto que apenas estaba sujeta, pero aún así, me sentía tan expuesta y vulnerable, tan a su merced… me encantaba la idea que había tenido, yo había pensado en un simple desahogo, pero mi Oli había preparado una fiesta para su primera vez en un coche. Su boca estaba ya casi en el inicio de mi pecho, pero evitó mis tetas deliberadamente. Emití un ligero gemido de protesta, pero Oli me sonrió, y siguió bajando en sus besos y ligeras lamidas por mi vientre, haciéndome cosquillas. Me retorcí entre risitas, y pude notar sus manos, arremangándome la larga y amplia falda. Tampoco me había puesto bragas.
     -Tócame, por favor… - rogué, notando frío en mi sexo por la humedad que lo cubría, y Oli se agachó y empezó a besarme el bajo vientre, el Monte de Venus… pero no pasaba más allá. Sus manos acariciaban mis muslos, la cara interior de los mismos, parecía que iban a llegar a mis labios vaginales, pero se detenían un centímetro antes de hacerlo. Yo tenía los pezones erectos, pero nadie los acariciaba ni apretaba. Tenía la vagina húmeda, el clítoris ansioso, clamando por atención, pero nadie se la daba. Mis caderas se meneaban buscando algo que no encontraban, y mi Oli no cesaba de acariciar de modo desesperantemente tierno, tan cerca y tan lejos. – Oli…. Oli, sé bueno… - rogué.
     Mi marido me miró y me sonrió, con la boca entreabierta. Él mismo estaba tan excitado que casi no podía hablar, creí entenderle algo como “qué bonita estás”. Aún estaba vestido del todo, pero vi en sus ojos que no tenía pensamiento de concederme lo que deseaba… al menos, de momento. Supliqué con la mirada, y fue superior a sus fuerzas, se inclinó sobre mí para besarme, dejando escapar un gemido que me partió el alma y yo misma sentí que me fundía cuando su lengua acarició mis labios y la mía le devolvió las caricias. Traté de abrazarle con las piernas para que se dejara caer sobre mí y cediera, pero hizo resistencia y aguantó como un héroe, maldita sea su fuerza de voluntad, aunque no podía dejar de admirarle. De haber tenido las manos libres, habría atacado su nuca, su divertido punto débil, y dado que los nudos no eran fuertes, tentada estuve de hacerlo, pero me contuve yo también, era más divertido seguir atada.
    Con cara de estar haciendo un esfuerzo sobrehumano, retiró su boca de la mía y de nuevo se agachó entre mis piernas. Besó la cara interna de mis muslos y empezó a acercarse a mi rajita empapada. “Por favor, bésamela, te lo ruego”, pensaba, temblando como una hoja, y parece que al fin se apiadó de mí, y su boca cálida besó mis labios vaginales.
     -¡Aaaaaaaaaaaaah….! –grité sin poder contenerme, retorciéndome de gusto, ¡qué rico! El calambrazo de placer había atacado todo mi cuerpo con tal fuerza que me pareció que iba a correrme ahí mismo. La caricia húmeda de su lengua se mezcló con las cosquillitas que me hacía su barba, mmmh… Mi Oli jadeó al oír mi grito de placer y verme convulsionarme entre sus brazos. Sus dedos acariciaban la piel de mi sexo, muy ligera y suavemente, haciéndome cosquillas, sin pasar más allá. Retozaban en mi piel, poniéndome la golosina en los labios sin dejármela probar. Anhelaba que me penetrase, ya fuera con su polla o con los dedos, pero que lo hiciese, y lo hiciese sin piedad, que me taladrase… Pero Oli se limitó a seguir depositando besos suaves, torturadores, en mi sexo. Su boca bajaba y subía, podía notar su vaho caliente en mi piel, y yo no podía dejar de gemir de deseo, casi tenía ganas de llorar de las ganas insatisfechas que tenía, pero mi marido sonreía travieso, acariciándome con los labios.
      Su boca, apenas a un milímetro de mi piel, me parecía tan lejana… cada vez que sus labios me rozaban, todo mi cuerpo se convulsionaba de gusto y de deseo, quería más, quería mucho más… Oli sacó la lengua muy ligeramente y dio un golpecito con ella justo en la zona que une mi sexo al muslo.
     -¡Oh, sí, síiiiiiiiiiiiiiii! – temblé violentamente, estremeciéndome, mi sexo palpitó por dentro como si me acabara de correr, pero desde luego, no lo había hecho, mi deseo seguía sin colmar, y mi esposo sonrió de forma más acentuada. La puntita de su lengua empezó a acariciar mi piel, coqueteando con el muslo, acercándose peligrosamente a mis labios vaginales, mientras su barba rozaba mi piel, torturándome en mil puntos a la vez. “Ahí… ahí… en el centro, por favor… en el centro…” susurraba con desmayo, poniendo los ojos en blanco, siendo consciente de que si ahora mismo me rozaba el clítoris, explotaba como una nova, no recordaba haber estado en mi vida tan increíblemente excitada. Oli se acercó muy lentamente a mi sexo, lamiéndolo a golpecitos, acariciándolo muy despacito con su lengua, que aleteaba como un pececito travieso, haciéndome temblar a cada contacto.
     El deseo y la impotencia se peleaban en mí, me gustaba lo que sentía, pero quería más, ¡más! No dejaba de retorcerme, los latigazos de deseo eran más fuertes a cada suave toque de la lengua de Oli, que se acercaba peligrosamente a mi clítoris erecto y ansioso… y entonces, se detuvo.
     -¡NO, por favor, no te pares! – estaba casi aterrorizada, pero las ganas eran demasiado fuertes, ¡si no llegaba, me volvería loca! Oli me miró con timidez, y empezó a desabrocharse el pantalón rápidamente; entendí que él tampoco podía aguantar más, lo necesitaba tanto como yo… sonreí y le acaricié con los pies, mirando aparecer su arma. Se inclinó sobre mí, aguantándose con las manos y yo asentía sin hablar, pensando sólo tonterías “dentro, dentro, aquí dentro, te quiero aquí dentro”. Oli jadeaba, con la cara sudorosa y expresión de desamparo. Noté la punta de su polla en mi entrada y mi boca se abrió, mezcla de sorpresa y ganas, ¡cómo le deseaba! Al sentir mi calor en su cuerpo, no aguantó más; se dejó caer de golpe dentro de mí.
       -¡AAaaaaaaaaaaaaaah! – el grito fue al unísono, y una poderosa oleada de placer me atacó, llenándome de bienestar, aliviándome y dejándome satisfecha en un segundo.
    -Oh…. ¡Oh, Dios! – gimió Oli, convulsionándose sobre mí. Le había pasado exactamente lo mismo, sonreí. Nos miramos a los ojos y su boca prácticamente atacó la mía en un beso apasionado, furioso… pero también lleno de ternura. “A la vez” pensé, mientras mi vagina daba contracciones deliciosas en torno a su miembro. “Nos hemos corrido a la vez…. Juntos….”

                                                                                      ***********

     -The way that you hold me, whenever you hold meeee, there's some kind of magic insiiiide youuu… That keeps me from runnin', but just keep it comin', How'd you learn to do the things you dooooo…?
     -And nobody dooooes it better, makes me feel sad fooor the reeeest… nobody does iiiit half as good as youuuu… baby, baby, darling, you're the beeeeeeeeeeest…..
     -¡Basta, basta, bastaaaaaaa….! ¡Agente, tenga piedad, que soy diabético! ¡Aíslenme! ¿No tienen celdas de castigo aquí…? ¡Por favor, métanme en el agujero!

                                                                                          **********

      Casi sin querer, pero Oli había empezado a moverse dentro de mí, primero muy suavemente, muy despacio. Con ternura, mientras nos besábamos cariñosamente, entre sonrisas… qué bien me sentía. Pero enseguida había empezado a acelerar el ritmo, y creo que sin darse mucha cuenta, simplemente obedeciendo a lo que le pedía el cuerpo, como si su pene pensase por él… lo que, dicho sea de paso, le sucede muy pocas veces, pero a mí me encanta cuando lo hace, la verdad… Las ventanillas del coche estaban empañadas de vaho, no se veía nada y ahora hacía mucho calor allí dentro, pero los dos estábamos tan bien…
     -Irina… ¿pasa… pasa algo malo si no me paro…? – preguntó Oli, y sonreí.
     -Si tú llamas “algo malo” a correrte y hacer que me corra yo, entonces, puede… - bromeé y nos abrazamos, mientras empezaba a cambiar su simple movimiento de caderas por un decidido bombeo. A pesar del dulce orgasmo simultáneo que acababa de tener, mi deseo había sido tan elevado, que el placer no había logrado calmarlo del todo, sino que muy pronto las ganas me vencieron, viéndose satisfechas por el gusto delicioso de tenerle dentro por fin… y a juzgar por cómo mi Oli se recreaba en la penetración, saliéndose casi por completo para meterse de nuevo de una honda embestida, también él ardía en deseos de lo mismo. Qué ganas tenía de que hiciera exactamente eso, penetrarme profundamente, fundirnos hasta el último centímetro posible, qué bien, qué bien… nos miramos a los ojos, llenos de complicidad y pasión… sentía que lo estaba disfrutando como si fuera nuestro último día en el mundo.  
      -…Luego me va a dar pena afeitarme la barba… - susurró, mientras sus caderas aceleraban más y el picor que anunciaba mi orgasmo iba apareciendo en las paredes de mi sexo, cebándose en un punto concreto.
      -¿Porqué, vidita….? Te prometo que… mmmh… que seguiremos teniendo mucho sexo, como siem… siempre…
      -Lo sé… pero el verte así… tan desbocada… la verdad que me ha gustado mucho… Aunque me duela todo, me haya dado un tirón en las corvas, y haya mojado la cama, pero ha valido la pena.
      -Ooh… ¡Oli, te adoro! – le abracé contra mí con todas mis fuerzas, y eso debió ser más de lo que pudo soportar, porque empezó a gemir más hondamente, sus embestidas aceleraron, y yo sentí cómo el picor aumentaba, y la polla de Oli lo calmaba y producía a la vez, no iba a aguantar mucho más, me venía… un par de embestidas más y grité de gozo, mientras mi Oli aceleraba más aún, se estremeció de placer y mientras el orgasmo estallaba en mi sexo, recorriendo mi columna, dando calor a todo mi cuerpo, sentí perfectamente el semen de mi hombre derramarse en mi interior, tórrido y espeso, provocando un escozor maravilloso. Mis piernas se aferraron a él, apretándole en la convulsión del orgasmo mientras pequeños gritos de gozo salían de mi garganta sin que pudiera contenerlos, hasta que al fin, al fin, el desenfreno pareció ir calmándose.
     Me sentía agotada, pero satisfecha. Había sido muy bueno, pensé, abrazada a Oli, que gemía quedamente sobre mí, tranquilo tras su orgasmo, sonriente… su barba me pinchaba los pechos, pero me encantaba, aunque traté de desterrar rápidamente ese pensamiento, temerosa de que me volvieran a dar ganas… haaah… qué felicidad. Nadie podía ser más feliz que yo en ese momento perfecto…
    Unos fuertes golpes nos sacaron de esa perfección, y nos dieron un buen susto, Oli se puso frente a mí de inmediato para taparme con su cuerpo, y oímos lo último que nadie querría oír en nuestra situación:
      -Policía. ¿Ya saben que esto, es escándalo público?
     Otro tipo, supuse que su compañero, se reía. Me bajé rápidamente la camiseta y me arreglé la falda, y mientras lo hacía y Oli limpiaba un poco el vaho de los cristales, me susurró algo que estuvo a punto de hacer que yo cometiera otro delito.
      -Quiero que sepas que AÚN con esto,… sigue habiendo merecido la pena, Irina.

                                                                                  *******

     -He venido a pagar la fianza por dos detenidos, Oliverio Homobono y su esposa, Irina…
     -¡Ah, ¿los niños cantores?! Venga por aquí, sí.
     Nazario no acababa de entender, ¿los niños cantores?... pero cuando le bajaron a las celdas, le quedó claro a qué se refería el policía de turno. Oli e yo estábamos encerrados en sendas celdas enfrentadas que no estaban a la misma altura. Casi no alcanzábamos a vernos, y para sentirnos menos solos, nos habíamos puesto a cantar juntos canciones románticas. Los dos extendíamos un brazo por entre las rejas, pero distábamos mucho de poder llegar a tocarnos. Nazario estuvo en un tris de darse media vuelta y jurar que en realidad no nos conocía de nada cuando vio la escena.
     -For your eyes ooonly… only for you, you see what no one else could see, and now I´m breaking free….
     -For your eyes onlyyyyy…. Only for youuuu, the passions that collide in me, the wild abandoned side of me…
       -Only for youuuuuuu…..
        -For your eyes oonlyyyyyyyyyy…. – cantábamos a dúo, un par de versos él, un par yo. Lo poco que podía ver de la cara de Oli reflejaba una tristeza y una ternura infinitas. Me sentía una especie de heroína del amor libre, detenida y separada de mi enamorado solamente por amarnos… eso sí, no parecía que el resto de inquilinos (un par de jovenzuelos a los que habían cogido por llevar maría encima y un tipo ya mayor que conducía bebido) compartiesen nuestra visión del mundo.
      -¡Usted! ¡Por favor, dígame, que viene a llevarse  a estos dos anormales…! – gritó el conductor bebido, que compartía celda con Oli. Yo estaba solita en la mía.
      -¡A ver si dejan dormiiiiiiir! – se quejó otro más al fondo
    El policía, entre risas, abrió la celda de Oli, que era la más cercana, y a mi cielo le faltó tiempo para venir frente a la mía, me agarró la cara y me besó por entre las rejas. Sé que los chicos dijeron un “uuuuuuuh….”, pero casi ni les oí, el policía abrió mi jaula y salí, abrazándome a mi marido.
      -Nazario, mañana mismo te devolvemos el dinero de la fianza, muchas gracias por venir a buscarnos… - dije, mientras mi Oli me pasaba el brazo por los hombros y me buscaba la boca para besarme.
      -No me habléis…. Me habéis sacado de la cama para esto… La primera vez en mi vida que tengo que pisar una comisaría para algo que no sea renovar el DNI… y yo que decía que gracias a Dios no tenía hijos que me hiciesen pasar nunca por algo así… ¡parad de besaros, parecéis mis alumnos! – suspiró – De pronto, me siento viejo… me siento muy viejo…
     Salimos de la comisaría poco menos que entre aplausos. Nos dijeron que a partir del día siguiente, podríamos recoger nuestro coche, pero ahora tendría que ser Nazario el que nos acercase a casa.
     -Accedo, pero con una condición. – dijo – Tú, Irina, vienes delante conmigo, y tú detrás… no quiero correr riesgos sobre lo que podría pasar si os dejo solos en el asiento trasero.
     Yo me eché a reir, y mi Oli sonrió. Pero lo cierto es que me fastidiaba admitir que a Nazario se le daba bien leer mentes….