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lunes, 24 de junio de 2013

Hazme tuya, Conejito

Olía el aire fresco de la noche, hasta podía oler el cambio de estación y el rocío evaporándose lentamente de las plantas, el aroma de la tierra húmeda aumentando de temperatura con la salida del sol. Podía oler el aroma del café que estaban moliendo en la cafetería para hervirlo inmediatamente después, y los bollos horneándose, las tortillas dándose la vuelta en las sartenes para preparar los bocadillos, el pan recién horneado… y aunque no era tan agradable, también podía oler quién se había masturbado en su cuarto la noche anterior en la residencia masculina de estudiantes. Un nuevo mundo se había abierto para Virgo, el lavandero, y como todo, tenía sus ventajas y sus inconvenientes. 

Rodrigo, a quien llamaban Virgo, el lavandero de la residencia femenina, se había enamorado de una chica que resultó ser un licántropo, y con la oposición de la familia de ella, pero finalmente lo habían aceptado tras pasar una serie de pruebas. Al menos, de momento. Roy había tenido mucho miedo, el convertirse en un licántropo no era algo que le atrajese gran cosa, pero por estar con Junior… haría lo que fuese preciso. Todavía recordaba el momento de la transformación. Junior le había dicho que no tuviese miedo, que no hacía daño… casi. Le hizo sentarse en su cama, desnudo, y también ella se desnudó y le permitió besarla durante un buen rato, hasta que el joven lavandero ya no pensaba en qué iba a suceder, sino solo disfrutaba. La joven se sentó a su espalda y empezó a acariciarle el miembro con una mano y el pecho con la otra, lamiéndole el cuello. Roy temblaba, agarrando la colcha, acariciando las piernas de Junior, se le escapaban las sonrisas de gusto mientras su miembro se ponía más y más rojo, se humedecía y gritaba por correrse. Los dedos de su chica le daban un gusto maravilloso, acariciándole de arriba abajo, deteniéndose en la punta, esparciendo el líquido transparente que brotaba de él, en caricias dulces y traviesas, haciendo cosquillas cálidas en sus pelotas, pellizcando sus pezones y recorriendo su pecho hasta el vientre con la punta de las afiladas uñas. 

Roy se sentía en la gloria entre los brazos de Junior, los estallidos de calor se iban haciendo cada vez más frecuentes, sus caderas se movían a golpes y los jadeos de gusto eran más altos y explícitos conforme la velocidad de la experta mano de Junior iba aumentando también. 

-Córrete, Conejito… - susurró la joven en su oído, bañando la mejilla de Roy con su tórrido aliento. – Venga, quiero ver mi mano pringosa de tu semilla, quiero verlo saltar hasta el techo, mancharte la tripa, y recogerlo con mi lengua… - El oír aquéllas cosas puso fuera de sí a Roy, jadeó con más fuerza y ya no pudo aguantar más, su cuerpo se deslizaba por efecto de los golpes de su cadera, y por fin apretó los dientes en medio de un gemido y su virilidad explotó dulcemente de dentro a fuera, haciendo manar un géiser de esperma que lo hizo contraerse hasta los dedos de los pies, y en ese preciso momento, la boca de Junior perforó su cuello. El gemido de gusto se mezcló con el grito de sorpresa y dolor cuando los colmillos de su novia atravesaron la piel, haciendo estallar venas y reventando la carne. Roy se moría de placer en medio de su orgasmo al tiempo que un dolor terrible le laceraba el cuello, punzante y abrasador… pero entonces, gimió un sonido de sorpresa. El dolor del cuello desapareció bruscamente, y no notó nada, como si el cuerpo entero se le durmiera. Virgo se asustó. Quiso mover los brazos, patalear, pero no podía, su cuerpo no le respondía. Junior le agarró por debajo de los brazos, le sostuvo y apretó contra ella, mientras a él le parecía oír cómo masticaba…

Muy lentamente, la sensibilidad volvió. Una sensación de calor comenzó en la zona del mordisco y se expandió lentamente por su cuerpo. Como un reguero de fiebre, lo sintió pasar por su pecho, sus brazos, su vientre, su pene aún erecto y bajar por sus piernas hasta las puntas de sus pies. Y ese calor se volvió acogedor y agradable. Era como tener una alegre hoguera dentro de su propio cuerpo. Roy recuperó lentamente la respiración, todavía con el cuerpo laxo, sostenido por Junior, y probó a mover los dedos de las manos. Le respondieron, pero se sentía raro. Algo le picaba y quemaba por dentro… era como si su cuerpo, no fuese enteramente su cuerpo. Como si hubiese alguien más compartiéndolo. Alguien más fuerte. Más ágil. Con mayores apetitos. 

"Es posible que te cueste un poco acostumbrarte" le había dicho Junior. "A nosotros, nos suele pasar en la preadolescencia, en torno a los ocho o diez años, hasta entonces, el animal está latente, es una parte de nuestro carácter, pero no se manifiesta por completo. A partir de esa edad, empezamos a darnos cuenta de qué somos en realidad. Nuestro animal está desarrollado y lucha por salir. Es cierto que nosotros, no tenemos demasiado… autocontrol, digamos, pero aún así, debes recordar que vives entre humanos y eres tú el que controla a la bestia, no ella a ti. Deberás aprender a controlar tu nueva fuerza, tus apetitos, tus instintos…".

Y tenía razón. A Virgo le estaba costando, pero últimamente, notaba que tenía siempre antojo de comer carne, y mejor cuanto menos hecha. Cortarla y verla roja por dentro, incluso que chorrease cuando clavaba el cuchillo, le llenaba de placer. Le avergonzaba reconocerlo, pero a veces no se molestaba en cortar los filetes, simplemente los pinchaba con el tenedor y se los comía de feroces bocados. Cuando el jugo le goteaba por la barbilla, se le escapaba un gemido de gusto, pero eso no era lo peor. Lo peor es que su deseo sexual, se había desbocado, pero Junior no le dejaba satisfacerlo. 

-¿Pero, por qué? Si ahora ya somos iguales, ¿por qué no quieres? – preguntó un jadeante y muy desesperado Roy a Junior. La joven se sentía mal por negársele, su Conejito estaba excitadísimo, con una terrible erección en los pantalones y haciendo ímprobos esfuerzos por retener el impulso de abrazarse a su pierna y frotarse como un perro en celo. 

-Todavía no podemos, Roy. Aún… aún hay cosas que no sabes. Es cierto que técnicamente, eres un licántropo, pero aún no eres lo que se considera como "adulto", porque nunca te has transformado ni has abatido una presa. Todavía no eres un cazador, y no tienes derecho a tomar hembra si no lo eres. Debemos esperar hasta que mi padre decida llevar a cabo tu iniciación. 

Roy gimió como un animal apaleado. El padre de Junior, Alan, le seguía dando mucho miedo, y aunque su parte animal le ordenaba que se dejase de chorradas y simplemente violase a Junior, que ambos lo estaban deseando y que le dieran por ahí a su padre, llamó en su ayuda a toda su fuerza de voluntad, y se contuvo. Aquélla noche tuvo que masturbarse tres veces hasta quedar relajado, que no satisfecho, algo que no le pasaba desde que tenía quince años, y desde luego, no se sentía tan salvaje como ahora. 

Alan y su esposa, Coral, vivían en el Hotel Maravillas, no muy lejos de la universidad, y desde allí, el padre de Junior disfrutaba viendo lo mal que lo estaba pasando esa asquerosa subcriatura que se había atrevido a acostarse con su hija. ¿Quería ser un licántropo? Muy bien, que lo fuera… vamos a ver cuánto aguantaba. Así habían pasado ya casi dos semanas, y Roy lo llevaba peor cada día. Su trabajo, no le ayudaba. Como lavandero de la residencia femenina, estaba expuesto a la ropa interior de todas las chicas de la universidad; bragas, corsés, sujetadores, ligueros… a cientos pasaban cada día por sus manos, muchos de ellos con el olor aún fresco, que él podía detectar con mucha mayor agudeza ahora. Sudaba copiosamente cuando llevaba los barreños, y no era por el esfuerzo del peso. El aroma de la ropa interior, entre la que se contaba la de Junior, era una verdadera tortura. Por el olor, sabía qué chica se había masturbado, qué chica estaba en período fértil, qué chica había hecho el amor la noche anterior, si realmente lo había hecho o si sólo había estado retozando; sabía si las que se masturbaban, lo habían hecho sólo acariciándose el clítoris o si se habían penetrado, si habían usado un juguete o los dedos…; de las que habían hecho el amor, sabía si el chico había usado protección o no, podía oler si era ella la que tomaba anticonceptivos… hasta podía saber qué chica lo tragaba o no.
No era fácil vivir con una libido desatada, en medio de estímulos constantes y con tu chica tan cerca, y a la vez, tan lejos. Roy tenía miedo de sí mismo. Si alguna chica se le insinuase… de acuerdo, seguía siendo el lavabragas, no creía que fuese a suceder mañana, pero era posible… si alguna chica se le insinuase, tal vez no pudiese aguantarlo y se dejase vencer. Y quizá fuera cosa suya, pero desde que no era del todo humano, las chicas que antes se reían de él, le miraban con mejores ojos. Se sinceró con Junior. Ahora sólo hablaba con ella por teléfono, porque él temía que no pudiese soportarlo y se abalanzase sobre ella, y ella misma no quería ponérselo más difícil. 

-Es normal, Roy… los licántropos somos seres muy sexuales. Y… tú mismo no te das cuentas de ello, pero lo cierto es que ahora estás más fuerte, más marcado. No hueles igual que antes, ni eres el timidón de antes. Apenas tartamudeas… Has cambiado. El animal te ha cambiado. Eres más seguro de ti mismo. La testosterona te chorrea cuando andas, y eso, cualquier hembra lo nota, aunque sigas siendo el lavabragas. – En la voz de Junior, se notaba que ella también le deseaba ardientemente. 

-Junior… - jadeó al teléfono Roy, y la joven sintió que se derretía…. Su Conejito era puro deseo, tenía una voz tan ronca que apenas le conocía. - ¿No podríamos… no podríamos sólo vernos y… y juguetear un poco? Sin llegar hasta el final, te lo prometo. Sólo jugar. Sólo acariciarnos. 

"Me está hablando el lobo, no Roy." Pensó Junior, aguantándose sus propias ganas, intentando ignorar que su vientre se estaba poniendo candente con la voz ansiosa del lavandero. "Tengo que ser fuerte, tengo que serlo por los dos".

-No. No podemos. Si vienes aquí, acabaremos cayendo, no podremos evitarlo, aunque queramos. Yo también tengo ganas, Conejito, yo también lo estoy pasando mal…

-Junior… lameré tu boca, tus labios, muy despacio. – susurró, recreándose en las palabras – agarraré tu camiseta y la desgarraré mientras bajo lentamente por tu cuello, lamiéndote…. Lameré el canal entre tus tetas… las masajearé con las manos, y pellizcaré tus pezones… apretaré. Cada vez más fuerte, tiraré de ellos, y te haré gritar. Me suplicarás que pare… ¿Junior? – Roy jadeaba en su lado del teléfono, desnudo sobre la cama, con su miembro apuntando al techo, pero del otro lado sólo llegaba el silencio. Por un momento, le invadió la idea de que ella ya no había sido capaz de soportarlo más y venía a verle, pero enseguida la desechó. De ser así, ya tendría estar oliéndola, y no lo hacía. Simplemente, había dejado el teléfono sin colgarlo. 

Junior, efectivamente, no había sido capaz de soportarlo más, pero su juicio había vencido y se dirigió a ver su padre. 

-Qué alegría, la más joven de mis cachorros se ha acercado a vernos… ¡Coral, mira quién acaba de llegar! – sonrió falsamente su padre al abrir la puerta de la habitación del hotel. 

-Padre… basta. – pidió. 

-¿Qué quieres decir? – Alan se hizo a un lado para dejarla pasar, pero la joven permaneció donde estaba. 

-Quiero decir que ya es suficiente. Llevamos casi tres semanas esperando que te decidas a iniciarle. Roy está sufriendo, y yo también. 

-La vida es sufrimiento, Junior. Si no lo sabías, ya iba siendo hora de que te enterases. 

-Mañana hay luna llena. Quiero la iniciación mañana. – contestó Junior, ignorando el comentario de su padre.

-Eso, no eres tú quien lo decide. 

-¿Te parece que no? Entonces escucha esto: si mañana no lo inicias, pasado mañana le permitiré cubrirme. – Junior casi no acabó la frase, cuando su padre ya había alzado el brazo y un feroz bofetón le laceró el rostro, dejándole las garras marcadas desde la mejilla al cuello. – Esto, lo puedes hacer… ¿pero, serás capaz de matarme a mí… y a lo que lleve en el vientre?

Un grave rugido salió de la garganta de su padre y Junior cerró los ojos sin moverse, esperando que se abalanzase sobre ella, pero el grito de su madre frenó la pelea. 

-¡Alan! – Coral agarraba a su marido de los hombros. Su padre seguía rugiendo, bajamente. El estar en un hotel lleno de humanos le importaba un pimiento. Su madre la fulminó con la mirada. – La iniciación será este jueves, aprovechando la última luna llena del mes. Precisamente tu padre y yo estábamos hablando de ello ahora, ¿no es verdad, Alan….? 

Éste asintió. No era cierto, él pensaba esperar aún hasta el próximo mes y ver si Roy era capaz de aguantar tanto, pero era un buen término medio, así que cedió. Junior se mostró conforme y se marchó. "Voy a destruir a ese infraser…" pensó Alan, furioso "Maldito sea mil veces por haberme arrebatado a mi hija favorita, me ha obligado a enfrentarme con ella y a golpearla… me desquitaré en la caza. Lo destriparé y me comeré sus entrañas. Y me aseguraré de que viva el mayor tiempo posible para que lo vea".

No fue fácil esperar los cinco días que aún quedaban hasta el jueves, pero ya con una fecha fijada, tampoco fue tan árido como el período anterior. Roy estaba algo asustado, pero Junior le tranquilizó. "No es nada tan horrible… simplemente, mi padre te llevará de caza, abatiréis una presa y volveréis. Y luego, tendrás que montarme…. Eso sí, delante de ellos". Al lavandero no le hacía mucha gracia eso de tener que hacer su primera vez con los padres de ella delante, pero Junior le explicó: "No se trata de que hagamos simplemente el amor. Se trata de que me cubras, y cuando hablamos de un licántropo converso, es preciso que haya otro para juzgar que es capaz. Tu miembro se hinchará, se formará una bola o nudo en su base, y tendrás que empujar hasta metérmelo por completo, y quedaremos trabados hasta que se deshinche. Puede que te duela un poquito, pero no te apures".
Junior omitió decirle que más le iba a doler a ella, ya estaba bastante preocupado. Finalmente, llegó el día y Alan los llevó en su coche hasta un bosque no muy lejos de la propia universidad. 

-Desnúdate. – ordenó Alan, ya fuera del coche. Roy palideció, pero Junior le explicó enseguida a qué se debía.

-Esta noche, tu transformación será completa. Es posible que rompas la ropa, y en cualquier caso, no podrás quitártela siendo un lobo, tienes que quitártela antes. 

El lavandero intentó obviar la vergüenza que sentía. Junior se volvió de espaldas, pero su madre no hizo lo propio, y la joven carraspeó. Sólo entonces Coral se dio cuenta, pero en lugar de volverse, simplemente volvió la cara. 

-Hija, tu novio no va a tener nada que yo no haya visto. Bueno… visto, tocado, besado, lamido… - sonrió y Junior sonrió en medio de sus nervios. Al propio Roy se le escapó una sonrisa, pero cuando vio el gesto adusto de Alan, se le borró el gesto. Alan se erguía orgulloso en su desnudez, y para el joven lavandero, tenía motivos para estar orgulloso. Él estaba encogido y se cubría la virilidad con las manos. Desde su transformación, había crecido ligeramente, pero desde luego nada comparable a lo que lucía Alan, quien le miró con una sonrisa de superioridad, buen conocedor de su potencia. Su futuro suegro parecía completamente cómodo estando desnudo y descalzo. Él tenía frío, le picaba todo el cuerpo, la hierba le arañaba las piernas, el suelo le hería los pies y se sentía canijo y miserable. 

-Transfórmate…. Si es que sabes. – Alan apenas había terminado de hablar cuando en su lugar había un enorme lobo negro. Las fases intermedias de su metamorfosis casi no se apreciaban de lo rápido que cambiaba, era el tiempo de un parpadeo. Su animal era asombrosamente grande y de aspecto amenazador y terrible. Enseñó los dientes y le rugió. Roy cayó en la cuenta que seguía siendo tristemente humano… ¿cómo hacía para cambiar? Miró a Junior en busca de ayuda, ésta miró a su madre por ver si la observaba, y ésta, oportunamente, desvió la mirada, muy interesada de repente en sus zapatos. Junior se relamió de forma muy explícita, y Roy entendió. Una forma de cambiar a su estado animal, era excitándose. 

Cerró los ojos, e intentó abstraerse de la presencia de Alan, y pensar sólo en Junior. En sus pechos, en la primera vez que los vio, cuando ella se los enseñó jugando, en la lavandería… en la terrible erección que le sobrecogió cuando ella le agarró del cuello y le manejó como un muñeco y le lanzó sobre su cojín, enfadada porque le había pescado con fotos de ella… Sintió un terrible picor en todo el cuerpo, como si la piel le quemase, y se dio cuenta que se estaba cubriendo de vello, un espeso pelaje negro. Continuó recordando, la vez que ella vino a verle a casa, el grito de pasión que dio cuando él le pellizcó los pezones sin ningún cuidado, a lo bestia… y de repente, tuvo muchas ganas de morder algo, lo que fuera, y dio un bocado al aire. Su boca sonó como un cepo metálico, y tuvo que dar un par de bocados más para acostumbrarse a unos dientes mucho más agudos y unos colmillos muy afilados, y una lengua mucho más larga… Por fin, notó algo muy humillante en el final de su espalda, quiso rascarse, pero los brazos ya no le llegaban ahí. Le había salido una hermosa cola negra. Estaba a cuatro patas, aunque no se había dado cuenta. De pronto, el suelo de tierra, piedras y yerbajos no le molestaba ya, ni tenía frío, ni se sentía ridículo. Se sentía… bien. 

Junior le miraba extasiada, con las manos juntas y los ojos chispeantes. Se moría de amor por él, y Roy saltó hacia ella sin contenerse, dispuesto a montarla ahí mismo… A medio salto, un relámpago negro le cortó la trayectoria y le mordió dolorosamente una oreja con tal fuerza que casi se la arranca de cuajo. Era Alan. 

"Todavía no te has ganado eso, aprendiz". Alan no hablaba, no movía el hocico… pero Roy le oía, no sabía cómo. "Aún tienes mucho que aprender, y una cosa importante, es a dominar al lobo. Y ahora, vamos. Comienza tu caza". Roy no llegó a verlo ya, pero Junior le lanzó un beso mientras se alejaba es pos de Alan. 

Roy intentó hablar, pero de su boca sólo salieron gruñidos, y Alan le contestó con otro veloz mordisco que estuvo en tris de arrancarle la cara, sólo sus reflejos animales salvaron que su futuro suegro sólo lograra llevársele un mechón de cabellos que volvió a crecer muy rápido. "No seas estúpido, no uses la boca. Sólo la cabeza"

"Perdón… ¿qué vamos a cazar?". Alan estuvo a punto de contestar "a ti", pero se contuvo. Sabía que por aquélla zona había furtivos que se dedicaban a abatir ciervos o corzos fuera de temporada. Si había suerte, y ya se ocuparía Alan de que la hubiera, era muy fácil que le descerrajaran un tiro al imbécil éste… y cuando quedara inconsciente, sólo era cuestión de separarle la cabeza del tronco. Luego podría hacerlo pasar como un desgraciado accidente delante de su hija, con el tiempo ella entendería que no había sido una buena idea encoñarse de una subcriatura humana. 

Pero de esto, nada sabía Roy y trotaba feliz siguiendo el paso de Alan. Nunca se había sentido tan libre. El recorrer el bosque sobre cuatro fuertes patas, sentir el viento nocturno, lleno de olores excitantes, el crujido de la tierra bajo él, el sinnúmero de sonidos del silencio… era sencillamente magnífico. Sus patas, todo su cuerpo, respondía de un modo que antes él ni podía imaginarse. Podía saltar ribazos altísimos, dar zancadas de toda la longitud de su cuerpo, oír la tierra temblar bajo su peso, y no sentía apenas fatiga por la carrera. Olía las liebres, los pájaros en los árboles, olía su miedo, su alerta… y entonces olió algo que no le gustó. Metal. También Alan lo había olido, y frenado en seco. 

"Humanos". Dijo. "Pensaba hacerte cazar una simple liebre, pero vamos a ponerte a prueba. Ese humano pretende abatirnos. Nos toma por lobos, y los lobos son una presa codiciada. Mátalo tú a él". Roy titubeó. Quería a Junior, pero no quería convertirse en un asesino. "Vamos… no puedes estrenarte con nada mejor. Si quieres, te abriré el camino. Tú tendrás que dar el golpe mortal, pero yo saltaré el primero para aturdírtelo". Roy estaba tan asustado, que no encontró extraña la gentileza de Alan. Su animal le impelía a continuar, quería sangre, quería a Junior, lo quería todo, ¡¿qué importaba que un cazador estúpido estuviera en el lugar equivocado en el momento inoportuno?! Roy estaba a punto de dejarse simplemente arrastrar, cuando reparó en la zona de tierra. Un círculo de arena limpia en medio de las hierbas que crecían por doquier. Y entonces supo que el metal que había olido, no pertenecía a un arma. Alan saltó. Y Roy intentó gritar, saltar y pensar todo al mismo tiempo.

"¡Alan, NO!", aulló, saltó y embistió a su suegro para desviarle, cayó en el círculo de tierra y un escalofriante chasquido metálico rompió la noche como un vaso de cristal. Alan rodó de lado, estuvo a punto de abalanzarse, furioso, sobre Roy, y entonces le vio. Gorgoteaba, estremeciéndose. La sangre le corría de la comisura de los belfos, mientras volvía rápidamente a su forma humana. Un cepo de oso, de dientes serrados, se había cerrado en torno a su pecho. Roy hubiera querido arrancarse las orejas cuando el espantoso sonido de sus huesos al ser atravesados y el siseo de su carne, cortada como mantequilla, laceró sus oídos. Sintió su sangre estallar fuera de su cuerpo, y empezar a derramarse, casi dulcemente por su piel. El dolor llegó lentamente, pero una vez empezó, creció sin parar, no se detenía, se hacía más y más agudo cada vez, y por fin el lavandero gritó, gritó más fuerte de lo que nunca pensó que podría gritar, hasta quedarse sin aire, hasta que todo se volvió negro. 


**************


-Nos vamos. – Susurró Alan. – No necesitamos quedarnos. – Junior se jactaba de no haber llorado jamás, pero en ese momento lo estaba haciendo. Su Conejito tenía una horrible cicatriz semicircular que le cruzaba el pecho y parte de un brazo. Estaba ya regenerándose, pero aún así, Roy todavía estaba aturdido. Era la primera vez que se moría, no estaba acostumbrado. Su padre, con su increíble fuerza, lo llevaba en brazos. 

-¿Qué… qué ha pasado…? – preguntó Roy, con voz extenuada. – Recuerdo… el dolor… 

-Te tiraste de cabeza a un cepo de osos para intentar salvarme. – explicó Alan. – Y no sabías que eso, no te mataría. Estuviste a punto de matarte por evitar lo que creías mi muerte. Yo mismo abrí el cepo y te traje aquí de nuevo. Me pesa reconocerlo, pero no necesito más pruebas. Alguien que es capaz de algo semejante… es digno de tener a mi hija y de formar parte de mi clan. – La mandíbula de Roy tembló de emoción. Oír algo así del padre de su novia era lo que más podía anhelar. Sin poder contenerse, se incorporó ligeramente y besó filialmente la mejilla de Alan. Éste cerró los ojos y resopló. – Vamos a hacer como que esto, no ha sucedido. Y si se te ocurre llamarme "papá", te mato. – Le dejó en el suelo. A Roy le temblaron las piernas, pero Junior le abrazó para sostenerle. Le devoraba con la mirada, llena de cariño y de pasión. 

-Hija mía… enhorabuena. Enhorabuena a los dos – Su madre besó las mejillas de su hija y acarició la cara de Roy, pero enseguida se marchó, riendo por lo bajo, en pos de Alan. Se montaron en el coche, y se marcharon. 

-Se largan sin más… ¿y nosotros, qué…? – Roy miró a su chica en busca de respuestas, pero la mirada ardiente de Junior sólo contenía una cosa: ganas. Virgo estaba agotado después de lo sucedido, pero su deseo acumulado durante tantas semanas, fue más fuerte, y empezó a notar que su hombría se elevaba. Junior le hizo arrodillarse. A pesar de estar en forma humana, el estar sobre la tierra no le molestaba en absoluto. La joven se sacó la camiseta y el pantalón con las bragas. 

-Estoy orgullosa… estoy tan orgullosa de ti, mi Conejito… - jadeó. – que sepas que, técnicamente, deberíamos luchar, deberías vencerme para hacerme tuya… pero por hoy, te lo perdono. – La boca de Junior se pegó a la suya, y su lengua candente se introdujo en su boca. Roy gimió, abrazándola, apretándola contra sí. Sabía que Junior no era una chica dada a los romanticismos, y por eso se lo calló, pero lo que más le había aterrado, no había sido el intenso dolor, no había sido la oscuridad, no había sido la idea de morirse… sino el temor de no volver a verla más, no tenerla nunca más entre sus brazos, como ahora.

Junior besó su cuello, lamiendo su piel. Lamió la señal del mordisco, única cicatriz que dejaría señal, pues era anterior a su transformación, y bajó por su pecho, ahora más velludo que antes, lamiendo los pezones, retozándolos con los dientes, entre los gemidos risueños de su prometido. Siguió bajando, y lamió cada punto rosado de la cicatriz del cepo, que desaparecería en pocas horas, y continuó bajando, hasta su erección, rosada y húmeda, y sin avisar, se la metió en la boca hasta la garganta. 

-¡Aaaaah…. Junior….! – Roy gimió, tomándola de la cabeza para que no parara. Antes, nunca habría hecho una cosa así, pero ahora, su mitad animal también tomaba parte en las decisiones. Sus caderas se movían, su cuerpo, dolorido y agotado, se refugiaba en el dulce y cálido placer que ahora le inundaba, quería correrse, aliviar su deseo de tantos días en blanco… pero Junior alzó la cabeza con una sonrisa. 

-No quiero que tu primera vez se desperdicie. Vamos, poderoso macho licántropo… cubre a tu hembra, tienes derecho. Te lo has ganado. – La joven se volvió de espaldas y se inclinó, alzando sus nalgas, dejándole el camino abierto a su sexo húmedo y ansioso. Roy no podía imaginar felicidad mayor. La tomó de la cintura, y embistió. Ambos gritaron de placer, fundidos hasta lo más profundo. Roy jadeó, preso de un placer que jamás había sentido. Aquello era nuevo… era más… ardiente. Sin poder contenerse, empezó a bombear. Junior gemía, alegre, viciosa, riendo sus jadeos, mientras Roy empujaba a una velocidad increíble, como si tuviera un motor en las caderas. Pronto la joven no aguantó más y empezó a gritar como una loca - ¡Sí… sí, SÍ, SIGUE, BESTIA, ANIMAAAAAAAAAAAL…. ME CORROOOOOOOOOOOO….! 

Junior arrancó manojos de hierba con las manos mientras Roy no podía ni hablar, sólo jadeaba como un perro. Sintió las contracciones eléctricas del coñito de su chica sobre su miembro ansioso, y tampoco él pudo más… pero en lugar de eyacular, sintió que su pene se hinchaba. Le dieron ganas de sacarlo y mirar, pero el calorcito delicioso le impidió aquello, tiró de él, para conseguir que siguiera empujando, y Roy obedeció a su recién estrenado instinto y apretó, pugnando por introducirse plenamente dentro de su compañera. Jadeó, apretó, su sudor caía sobre la espalda de Junior, el placer le quemaba…

-Oh… oh, Dios, está entrando… ¡está entrando…! – gimió, maravillado. Junior tenía los ojos cerrados y los dientes apretados… y por fin, Roy cayó sobre su espalda. 

-¡Estás dentro! Aaaah…. Es increíble… es… es… ¡nunca me había sentido así! – La joven reía y lloraba al mismo tiempo. Dolía, pero era un dolor maravilloso. La alegría de estar fusionados lo superaba con creces. Roy tenía ganas de moverse, y empezó a sentir cómo su miembro se vaciaba dentro del cuerpo de Junior. 

-Me estoy… me estoy corriendo… mmmmmh…. Aaaah… esto es la leche… ¡es bestial! – Era como si su miembro fuera una fuente inagotable de semen, podía sentir los espesos chorros ser succionados dentro del coñito de Junior, que daba sacudidas y lo masajeaba. Cada borbotón le daba un placer inenarrable, y no era el único. El tórrido esperma y las convulsiones de su polla y del nudo, hacían delicias en el sexo de Junior, la joven no dejaba de estremecerse y reír, el dolor había pasado por completo, ahora sólo quedaba el inmenso placer… el bulto vibraba en su interior, pegando en puntos mágicos, haciendo que su placer subiera de fomra imparable cada pocos segundos, para hacerla estallar, relajarse, y excitarse nuevamente. 

Es imposible saber cuánto tiempo estuvieron unidos. Ambos perdieron la noción del tiempo, pero por fin, Roy quedó vacío por completo y su pene pudo salir. Lentamente, tiró de su cuerpo y con un suave "plop", quedaron libres. Junior se dejó caer por completo en el suelo, y Roy hizo lo propio, sobre su espalda, ambos jadeando, satisfechos y felices. El joven lavandero lamía quedamente la cara de su chica, dando gemiditos, y ella le sonreía, sacando la lengua a su vez para acariciar la suya… 

-Bueno… va siendo hora de volver a casa. ¿Quieres echar una carrera? – sonrió Junior. Roy estuvo a preguntar cómo se suponía que iban a volver sin coche, pero sonrió y adoptó su forma animal, al tiempo que también Junior lo hacía. El joven se sentía muy juguetón y se lanzó sobre su chica, rebozándose en la tierra como dos cachorros grandes, rugiéndose y mordiéndose en broma, hasta que ella echó a correr y él la persiguió. No le hacía falta saber la dirección. Podía oler la universidad. 


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Lejos de allí, en la suite del Hotel Maravillas, Coral estaba haciendo su equipaje y guardándose un par de albornoces y unas cuantas toallas del hotel, mañana se marcharían y volverían a casa. Alan estaba en la terraza, contemplando la luna llena con gesto adusto, mientras la radio emitía una canción que detestaba: "….¿Y cómo es él, en qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre…? Pregúntale, ¿por qué ha robado un trozo de mi vida? Es un ladrón… que me ha robado todo….". Siempre había odiado esa canción, porque pensaba que sólo un humano, un ser tan inferior como un humano, podía reaccionar tan estúpidamente a la traición de una compañera, y si ese era su modo de contestar a una infidelidad, la única tontería que había hecho la mujer, había sido esperar… ahora veía otro mensaje en esa canción, la veía desde otra perspectiva… y eso le hacía detestarla más aún. Pero por algún extraño motivo, no quería quitarla.

-Alan. – Su esposa estaba agachada junto a él, y le acarició los hombros. – Ha sido lo más noble que has hecho en mucho tiempo. – el licántropo agarró las manos de su mujer y la atrajo frente a sí. 

-¿Crees que ha sido acertado? ¿Que nuestra hija será… será feliz con un humano?

-Ahora ya no es un humano, Alan. Y piensa… no es lo mismo, pero… tu padre también pensó que tú no podrías ser feliz con una renegada. Que si yo había desobedecido a mi clan, era porque era de mala raza, y no podría hacerte feliz. Pensaba que yo te traicionaría, que te abandonaría… y no tuvo razón. Las cosas nos han ido bien, ¿no crees?

-No lo creo, estoy seguro. – sonrió Alan. 

-Pues puede que esto sea lo mismo. Los tiempos cambian, Alan…. Pero por mucho que cambien, hay algo que siempre será igual…. – Coral pareció a punto de decir algo como "mi amor por ti", pero en lugar de eso… - Cuando trajiste a ese chico en brazos, olías a sangre y tierra, a miedo… a cacería, y a muerte… parecías un hermoso ángel del infierno, y me excitaste… de tal modo, que me costó contenerme delante de los chicos…. Mmmh… - Coral se hizo hueco entre las piernas de Alan, y mientras éste le acariciaba la cabeza con una sonrisa de vicio, su esposa le desabrochó el pantalón, le sacó el miembro, ya erecto, y empezó a besarlo apasionadamente….