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miércoles, 3 de julio de 2013

Por un café


     A veces, si uno se para a pensarlo, resulta muy curioso el modo en que una nimiedad, puede llegar a cambiar tu vida.  Puede tratarse de ir a una cita, o de faltar a ella. De llegar un poco tarde, o quizá demasiado temprano. De soltar un sonoro estornudo, o incluso de aguantárselo... en el caso de Raji, se trató de un café. 

     “Mierda, me meo.” iba pensando mientras conducía “su cacharro”, como él lo llamaba, y cuyo apodo no se alejaba en nada de la realidad: era una Space Rover modelo Superspeed que tenía más de veinte años, que había comprado de tercera mano y cuyo segundo motor apenas tiraba, de modo que la posibilidad de un hipersalto, estaba más que descartada, a no ser que uno quisiera acabar en el mismo núcleo de una estrella, o, más probablemente, a unos cuatro metros del punto de partida; eso ralentizaba muchísimo los viajes, Raji tenía que chuparse doce horas al volante cuando se trataba de ir y volver de la Feria de Mercado... pero como era sólo tres o cuatro veces al año, era preferible el largo viaje y el combustible, que pagar un pasaje en algún carísimo transporte espacial. 

    Naturalmente, esos viajes largos tenían por fuerza que tener paradas. Por más que intentase aguantarse, a la larga tenía que parar, y buscó en su ruta alguna estación de servicio cercana... el ordenador, con su voz femenina, le informó que a sólo seis minutos, tenía una. Lavabos NO públicos. “Pues tendré que tomar algo a la fuerza... bah, me tomaré un café, con eso ya me dejarán mear”. 

    Raji conocía la estación, no era la primera vez que paraba en ella, pero sí la primera que los lavabos habían dejado de ser públicos. Apenas la vio (la mayoría de estaciones de las rutas comerciales lucían los colores del ejército; unas cuantas, del CIP (Confederación Interplanetaria Pacífica), y las menos, los de alguna empresa independiente, que solían ser las peor gestionadas. Ésta, decorada al estilo retro de la antigua humanidad, era una de esas.), se desvió hacia ella, y se detuvo en el aparcamiento. Era pequeño, pero como no había muchos vehículos... El edificio, rosa y dorado, y con el neón luminoso de una camarera con falda cortísima y muy sonriente, daba la impresión de haber conocido tiempos mejores. La pintura estaba comida y desconchada, el neón chisporroteaba, los metales estaban corroídos por el oxígeno que había dentro de la burbuja que protegía el edificio... pero Raji no estaba para admirar la decoración, entró en la cafetería dispuesto a pedir su café, hacer pis y largarse a continuar viaje; quería hacer noche ya en casa, y aún le quedaban casi cuatro horas por delante. 

     Cuando abrió la puerta, comprobó que no había nadie en la barra, sólo un par de transportistas en las mesas, que tomaban su grasienta cena. Aprovechó la ocasión, y enfiló hacia los lavabos, meó (lo que no le tomó precisamente poco tiempo, por más prisa que quisiera darse), e intentó escapar para escabullirse sin gastar, pero cuando ya estaba tocando la puerta del bar, una voz le hizo volverse:

     -¿Qué va a tomar, señor...? - Era una voz de mujer, la voz de una camarera que sabe que te ha pescado y no te va a dejar largarte así de fácil. Raji se volvió con gesto derrotado. Pero fue al verla, cuando se dio cuenta de hasta qué punto estaba derrotado.

     -Un café. - dijo.

     -Marchando un café. - sonrió ella y se volvió, para prepararlo. Raji se acercó a la barra y se sentó en un taburete forrado de una piel que chirriaba, y miró a la mujer. No era muy alta, casi como él. Tenía el pelo entre castaño y rojo, y era bastante gordita. Tenía las mejillas muy coloradas, los ojos entre verdes y azules, y el pecho parecía sobresalirle por todas partes. Llevaba el uniforme rosa cerrado con un broche por encima del escote, y aún así, el canalillo era apreciable y descarado. 

    -Perdona, se nos ha terminado el café, ¿no querrías mejor mushate? - preguntó ella, sonriendo. 

    -¿Eh? ¡Ah, sí, vale! Mushate, vale. Bien dulce - Raji sabía que el mushate, hecho con una semilla aromática que procedía del planeta Lilium-Arcadia y que era similar al chocolate, era mucho más caro que el café, pero descubrió que... la verdad, no le importaba quedarse un poco más. Mientras la camarera preparaba la bebida caliente, Raji la miraba, y le gustaba cómo se le marcaban las nalgas en la parte trasera del uniforme; era indudable que le quedaba un poco pequeño, pero eso le sentaba bien. 

     -¿Vienes de la Feria de Mercado?

     -Sí - contestó Raji, casi maquinalmente. 

     -Conduciendo desde allí, se te hará un viaje muy largo, has hecho bien en parar un rato, así te despejas. - siguió diciendo ella, tirando de la palanca que soltaba la bebida. El agradable aroma de la misma inundó el local.

      -Bueno... - Raji estuvo a punto de decir que sólo había parado por razones de fuerza mayor, pero se contuvo. - Sí, la verdad que hay que saber ser prudente. A mí me gusta tomarme las cosas con calma, y cuidarme. Hay que ser precavido cuando se hace un viaje tan largo.

     -Y tanto que sí... por cierto, si te tomas sólo el mushate, con lo dulce que es, te sentará mal al estómago, ¿no quieres tomar algo de cena, que haga un poco de cojín...? Tenemos platos especiales, ¿quieres probar el Diablillo?

     “El diablo, eres tú” pensó Raji “con el cuento del palique, vas a sacarme una cena, y si te digo que no, me dirás que eso no es prudente, y me tendrás cogido... Sea, he perdido”. Raji accedió a tomar un bocado, y aunque le molestaba gastar, tuvo que reconocer que tanto el mushate como el Diablillo, estaban muy ricos. El citado plato era una especie de empanada, cubierta de tiras crujientes y rellena de carne especiada ligeramente picante, muy bueno... mientras comía, no podía evitar mirarla, sobre todo al escote. Cuando la joven limpiaba la barra, ella no se daba cuenta, pero se inclinaba, y... le estaba alegrando la cena. Raji ya estaba empezando a pensar si pedir un postre para quedarse un poquito más, o preguntarle al menos su nombre, cuando se dio cuenta que ella había dejado de limpiar, y tamborileaba con los dedos en la barra. Levantó la mirada, pero lo que vio, no le hizo mucha gracia. La mujer sonreía, pero no con la misma simpatía de antes. 

     -Se... se me ha terminado el mushate, ¿me pones otro, por favor? - sonrió Raji con aire algo apurado, pero la mujer tomó la taza sucia y la dejó en el fregadero, y enseguida se volvió para preparar otra, y la dejó frente a él. Raji vio el escote a diez centímetros de su cara, y ni se molestó en disimular: se lo comió con los ojos mordiéndose el labio inferior y abriendo unos ojos como platos.

    -¿¡Se puede saber qué miras?! - se molestó la joven. Raji no tuvo tiempo de poner excusas, su boca contestó en automático:

     -A ti. - admitió. La mujer no se esperaba aquél cinismo y estuvo a punto de estallar, pero, viendo que la había cogido desprevenida, Raji se encogió de hombros y continuó - Estás muy buena... - sonrió, como si el mirarla fuese absolutamente inevitable. Raji sabía que, aunque a él le gustase, una chica gordita como ella no estaría acostumbrada a que le dijeran algo semejante, y acertó. La joven se sonrojó y sonrió. Luego, se volvió de nuevo a la cocina, pero desde la ventana interior, él notó que no dejaba de atisbar. 

    Raji tampoco era muy guapo. Era moreno, peludo, de cabello rizado y cuerpo delgado, pero con tripa. Tenía los incisivos delanteros un poco largos y eso le hacía parecer un poco ratonil, sobre todo cuando hablaba. Tenía la cara alargada y las cejas espesísimas, una gran nariz y el ojo derecho lo torcía un poco, no mucho... pero sí lo justo para completar el cuadro de escasa apetencia despertada. No solía gustar mucho a las chicas, aunque para ser justos, él tampoco se esforzaba, porque tampoco solía encontrarse con mujeres que le gustasen a él. Había aprendido a callar su condición, pero era realista: encontrar una hembra para él, una mujer que le aceptase tal y como era (y había mucho por aceptar, no solamente lo que se apreciaba a simple vista), sería casi imposible. Claro que... no era absolutamente imprescindible que ella lo aceptase por su propia voluntad. 

     -Carlo. - susurró Raji, al ver al dueño asomarse. Carlo era un hombre gordito, macizo, con escaso cabello negro y ojillos hundidos en una perenne sonrisa de picardía. Desde su pequeño despacho, Carlo veía y oía todo, y sabía que el... “coqueteo” protagonizado por la camarera y el cliente, le habría divertido, sin duda. Raji y él se conocían de lo frecuentemente que el primero hacía aquélla ruta, y a menudo, solía venderle a buen precio algunas chucherías... ahora, era él quien tenía ganas de comprar, y Carlo parecía saber con exactitud no sólo esto, sino también qué quería comprar su huésped... o a quién. 


***********************

     -¿¡Cómo que estoy vendida!? 

     -Ya me has oído, Tasha. Mira, trabajas bien, no tengo queja de ti, no es nada de eso... pero me ha ofrecido una pasta importante, y tú sabes que el negocio no marcha precisamente bien, era una buena ocasión, y la he aceptado. Ahora él es tu dueño hasta que le pagues la cifra... ya sabes cómo va esto. 

     Natasha, o Tahsa, como le decían para acortar, lo sabía, sin duda. Pero siempre había pensado que lo sabía de la misma manera que sabía que la Antigua Tierra era inhabitable: no era un saber que le afectase en absoluto. 

     De acuerdo a las leyes de los trabajadores, décadas atrás se había aceptado la posibilidad de, en lugar de ofrecer un puesto nuevo a un trabajador y quitárselo a un empresario que podía ser tu amigo o tu hermano y generar con ello rencillas, era más práctico comprar sencillamente al trabajador. El empresario que perdía a su contratado no se iba de vacío, sino que recibía una buena suma a cambio, y el trabajador comprado no quedaba desamparado, dado que su nuevo jefe tenía que ofrecerle una casa, comida y comodidades acordes a su nivel de vida actual, y si tenía familia, también el nuevo dador de empleo debía hacerse cargo de todos sus gastos. Mientras tanto, el trabajador no cobraba salario hasta que, en trabajo, pagase a su nuevo patrono. Era algo que en principio, estaba destinado sólo a los trabajadores mejores o más productivos, porque el nuevo patrono salía ganando sólo a largo plazo. En la teoría, estaba muy bien... en la práctica, servía para que muchos empresarios tuviesen un harén de esclavas y se comprasen las chicas unos a otros, creando deudas imposibles de pagar, y para cuando las chicas se hacían demasiado mayores, eran despedidas sin salario ni prestaciones, pero con una deuda que en el mejor de los casos, las llevaba a prisión. Para impedir esas situaciones, la mayor parte de las mujeres trabajadoras (y muchos hombres también), blindaban su contrato contra la posibilidad de la venta a otro empresario. Tasha nunca lo había hecho. Por que sabía que era prácticamente imposible que ningún hombre se interesase por su físico, y de esa manera, también había conseguido trabajos más fácilmente, no tenía nada que temer, ¿a quién podría apetecerle una gordita como ella...? Pues a aquél tipo rarito de dientes de ratón, precisamente a ése. 

          -Carlo... ¿y si la cifra que te ha pagado él, te la pago yo? Vivo aquí, no hago un gran gasto, he... ¡he ahorrado casi todo lo que gano desde que trabajo aquí, quizá yo pueda pagarte lo que te ha pagado él! - Carlo sonrió y susurró al oído de la camarera la cifra que había recibido. La joven palideció.

     -Tasha, mira no le conozco mucho. - continuó el dueño - Pero ha venido por aquí algunas veces, nunca se ha propasado con nadie, parece un tío tranquilo y es tan pirata como cualquier comerciante, pero no parece peligroso. - La joven puso carita de desamparo, pero sabía que no iba a servirle de nada. Recogió sus escasas pertenencias, que cabían en la misma pequeña maleta que había usado cuando empezó a trabajar en la Estación y se mudó a ella, hacía apenas un semestre, y antes de poder darse mucha cuenta, estaba sentada en el asiento del copiloto del cacharro de Raji, y éste la miraba sin dejar de sonreír con su cara de ratón. El modesto vehículo arrancó y la joven fingió bostezar e inclinó la cabeza hacia un lado, cerró los ojos y fingió dormir para no tener que conversar. En poco tiempo, se quedó dormida de verdad. 

     Raji no había esperado otra cosa, teniendo en cuenta que la acababa de comprar, y aprovechó el viaje para pensar un poco... Él no era hombre de decisiones impulsivas, pero acababa de tomar una, y no estaba seguro de si eso le gustaba. No es que se hubiese enamorado a primera vista de la joven, pero sí que le había gustado mucho, y si la dejaba en la Estación, no tenía modo de saber cuándo volvería a verla, ni si volvería a verla siquiera. El modo de asegurarse que podría volverla a ver, era llevándola consigo; por el modo en que ella se había sonrojado ante el piropo Raji sabía que ella no tenía una gran autoestima, no estaba acostumbrada a que nadie le dijese nada así, y por lo tanto, no habría tomado tampoco la precaución de blindar su contrato ante ventas, y en efecto así había sido. Bien, la tenía para él, pero eso era todo. Una parte de sí mismo quería pensar que Dio diría, que de momento ya era suficiente con tenerla junto a él... que sabía que necesitaba un ayudante, alguien que hiciera cosas para él (intentó no pensar en “cosas”, sino en cosas determinadas como ayudarle con las ventas, las tareas diarias o la contabilidad), y siendo así, ¿por qué no ella? Otra parte de sí mismo le decía que había cometido una locura completa, que qué pensaba hacer con la chica si ella resultaba no servir para ningún trabajo, ¿volver y pedirle a Carlo el dinero? No se lo devolvería ni jarto de jump... pero ya no había manera de volverse atrás, sólo quedaba intentar que todo marchase más o menos bien... pero Raji no era alguien que pusiese sus esperanzas en la fe, sino en el trabajo que él hacía día a día, sólo en un par de ocasiones había tenido que confiar en la suerte, y es verdad que todo había salido bien, o al menos, no demasiado mal... pero no era algo que le gustara repetir. Odiaba la suerte. 

     -Bueno... - dijo él mientras aparcaba, pasándose la lengua por los dientes delanteros. - Hemos llegado. 

     La joven parpadeó y al mirarle, puso cara de estar pensando “oh... así que no era una pesadilla”, pero no protestó, tomó su maleta y bajó de la cascada nave. El garaje era pequeño y lleno de herramientas y trastos, pero guardados en cierto orden y pasablemente limpios. Raji abrió la puerta de la trastienda y encendió la luz. Con el cierre echado y la luz encendida, la tienda tenía un aspecto fantasmal de Sueño tenebroso, esos programas preparados con actores en los que uno era el protagonista y podía elegir su propio guión y actores. En las vitrinas había cientos de relojes de todo tipo, robots de cocina, bolígrafos y tarjetas electrónicas, pequeños robots-ordenador, llaves digitales, archivos-biblioteca y un sinfín de chismes más. En una esquinita, había un muestrario de joyas, donde también estaban los relojes más caros. 

    -La casa está arriba, por ésa puerta - Raji señaló la puerta del fondo del almacén, situado tras una cortina azul con bordados dorados bastante horteras. Se acercó a la puerta y la abrió, había escaleras que subían y otras que bajaban - Las que bajan dan a la cocina y al retrete. Las que suben, al salón y al dor... a las habitaciones. - se corrigió, ante la mirada escandalizada de Tasha. 

      -¿Habrá una para mí sola, verdad? - preguntó. Raji asintió - Quiero la llave, por favor. 

     -¿Qué llave?

     -Pues la de mi cuarto, claro... ¿Tendrá cerradura, verdad? ¿O es digital? 
    
     -Eeeh... no. No tiene cerradura, era el cuarto de invitados, nunca se la he puesto... 

   -¿¡Qué!? ¿Me estás diciendo que he de dormir y vivir en un cuarto sin intimidad? ¿Donde puedes... donde cualquiera puede entrar sólo empujando la puerta?

   -¡Oye, que no pienso entrar a violarte por la noche, ¿sabes?! ¡No estoy tan desesperado! - Tasha se mostró tan ofendida por la posibilidad de la violación, como por la de que él la considerase un ultimísimo recurso, y viendo como ella hinchaba los carrillos cada vez más rojos, rectificó - ¡Quiero decir que tengo mi decencia, no soy un violador, no he comprado tu contrato para eso! 

     -¿De veras? ¡No nací ayer, ni soy tan tonta como parezco! ¡Me echaste el ojo apenas entraste! ¿Para qué lo has hecho si no? 

   -Es cierto que te eché el ojo... y es cierto que me gustas, no te lo voy a negar, te dije que estabas muy buena y lo mantengo. - Como vendedor, Raji era un embustero sensacional. En el aspecto social, no era tan bueno mintiendo, salvo en aquello en que la mentira ya era algo perfectamente asumido. - No pretendo que seas mi amante, es sólo que... eres una chica, eres guapa, cocinas muy bien y sabes vender. Lo que quiero, es que vendas para mí. - La joven puso cara de no entender, y Raji suspiró y se acercó al muestrario de joyas - Verás, este tipo de mercancía, la compran sobre todo mujeres, y a mí no se me da muy bien tratar con mujeres, ni venderles cosas a ellas; no sé qué combina con cada qué, qué pendientes son para noche o para día... tú eres una chica, sabrás hacerlo mejor. 

     -Pero... yo no soy vendedora, sólo soy camarera, no estoy segura de saber hacer eso...

     Raji sonrió por un lado de la boca, mostrando el colmillo de oro.
     -Si tenemos en cuenta que yo entré sólo a por un café y me endilgaste una cena completa, a mí me parece que vendes muy bien. 
     
     -Eso es distinto, tú no hacías más que mirarme el escote, como todos allí, era muy fácil   convenceros, a todo me decíais que sí... Con una mujer, no funcionará. 

     -Bueno, escucha... probemos. Estoy seguro que de niña, no imaginabas pasar tu vida como camarera en una estación cochambrosa de gestión privada; aquí puedes tener un trabajo mejor, un porvenir mejor... Si realmente no te gusta, o no sirves, siempre puedo... devolverte - Raji sabía que no era cierto, y en el fondo, Tasha lo sabía también, pero era ligeramente tranquilizador pensar que podía haber una vuelta atrás. - Pero si resulta que sabes vender y te gusta, eso que ganaremos todos, ¿no te parece? 

    Tasha asintió y por primera vez desde la venta de su contrato, no es que llegase a sonreír, pero sí que una pizca de alegría asomó a sus ojos. 


*******************

     -Raji, ¿tienes alguna silla? - le preguntó Tasha aquélla mañana, como a media jornada. Él asintió y, pensando que la quería para sentarse en el tiempo que no tenía clientas, le puso la silla tras el mostrador. - No, no, ahí no. La silla ha de estar aquí. - Tasha tomó la silla y la puso frente al mostrador - ¿No tendrás té, o café...? Me vendría bien tener aquí un HotExpress, para preparar bebidas calientes recién hechas... 

     -¿...Para qué quieres todo eso? - preguntó él.

     -He pensado un par de cosas, confía en mí. 

     Raji obedeció. Y mientras él compraba, vendía y revendía, cada vez que entraba una mujer interesada en “alguna joya no muy cara”, las dirigía al rinconcito donde estaba Tasha. Ella las acogía con una gran sonrisa, y les pedía que por favor se sentasen. Prácticamente todas lo agradecían efusivamente, “muchas gracias, qué alivio... ¿creerá usted que es la primera vez que me siento en todo el día?”, eran las frases que Raji solía escuchar cuando las mujeres tomaban asiento. Tasha les ofrecía amablemente un café o té, y algunas decían que no, pero cuando ella soltaba la válvula del HotEx y el agradable aroma se expandía por la tienda, todas sin falta decían “bueno... si no va a ser una molestia, sí que tomaría una tacita...”. Y Tasha les daba palique y palique, y siempre estaba de acuerdo con todo lo que decían, y mientras hablaban, no dejaba de enseñarles artículos. Para entonces, las mujeres parecían haber olvidado que se encontraban en una tienda, era como si pensasen que Tasha era amiga suya de toda la vida y no pretendía sacar beneficio de ellas, sino ayudarlas a estar más guapas o a quedar bien. 

    Raji la observaba; Tasha era sonriente, amable, escuchaba con atención a las mujeres... hasta que había logrado que la cliente en cuestión soltase la pasta. Entonces empezaba a hablar más deprisa y a usar frases que indicaban que la visita había terminado. Con frecuencia solía colocar dos joyas en lugar de una sola, un collar para hacer juego con  los pendientes, un anillo junto a un alfiler de traje... Sólo unos días más tarde, la joven aumentó ligeramente el precio de todos los artículos y también empezó a cocinar pequeñas pastas y a ofrecer una a sus clientas... UNA. La segunda, se cobraba, y todo el mundo quería una segunda pastita; cuando Tasha ofrecía el plato, recalcaba: “la primera es totalmente gratis”, y cuando veía que su cliente no dejaba de echar miradas golosas al plato donde estaban las jugosas y doradas pastas cubiertas de  mush glaseado, ofrecía la segunda diciendo que “tan sólo costaban dos créditos cada una”... cuando tenían la bandeja delante de la nariz, ninguna decía que no, ni aún las que habían anunciado anteriormente que estaban a dieta. Tasha sabía vender, y lo más gracioso es que ella misma no parecía darse cuenta de ello. “Yo sólo intento hacerlas sentir a gusto”, decía por las tardes, cuando ella y Raji compartían el salón común de la casa y miraban la Imperiovisión. Tenía razón, pero su idea de “hacerlas sentir a gusto”, producía que las clientas gastasen mucho más alegremente. 

     Tasha llevaba allí apenas unas semanas y descubrió que el cambio, le gustaba. No tenía que pasar tanto calor como en la estación de servicio, donde el horno siempre estaba a todo trapo; podía trabajar sentadita y sus clientas no le miraban al escote todo el día. Raji no se portó como el animal que ella esperaba, era amable con ella y aunque se la quedaba mirando y a veces le sorprendía mirándole el trasero o el pecho, no se propasaba, de modo que también ella le trataba cordialmente, y descubrió que le caía simpático. Y la emoción de la venta, le gustaba. Casi todas las mujeres que entraban, decían de inmediato que “sólo venían a mirar... tenían curiosidad... no sería para llevárselo ahora...”, pero cuando ella empezaba a ofrecerles café y dulces, y empezaba a enseñarles joyas y dejar que se las probasen y se mirasen con ellas, cuando ella les hablaba y hablaba, las mujeres dejaban de pensar para dejar que fuese Tasha la que pensase por ellas, y finalmente, aquellas que decían que sólo venían a mirar, habían salido con dos pares de pendientes caros, un botón, un relojito para la niña y tres pastas. 

      -Es precioso de verdad. - dijo una de las clientes aquélla mañana. Era lunes y no había venido mucha gente, apenas un par de chiquillos se habían interesado por un juego electrónico de segunda mano que habían comprado a Raji, y otro cliente se había interesado en vender, y él le había hecho pasar a la trastienda, como siempre hacía con ellos. La mujer había llegado poco después de que se marchara aquél, y se había mostrado interesada en un anillo masculino para regalar a su esposo. Tasha le había ofrecido mushaté, una pastita, y le había enseñado varios anillos. Uno de ellos en concreto, grueso, de oro viejo, con un pequeño brillante verde engarzado en él, había robado el corazón de la mujer, según decía, porque su esposo tenía los ojos verdes. Tasha le había ofrecido que se lo probara para ver cómo quedaba, pero el grueso anillo bailaba en el dedo de la cliente. - Muy bonito, pero claro, así no me hago idea de cómo podría quedarle a él. 

     Tasha no vaciló un momento, miró a Raji, que bostezaba mirando al vacío, y le llamó.

    -Raji, ¿quieres venir un momento, por favor? - éste respingó y obedeció. - Dame un momento tu mano, ¿quieres?

      -Bueno, pero devuélvemela, que sólo me queda otra, ¿eh? - bromeó, y las dos mujeres rieron. Tasha tomó el anillo y cogió la mano de Raji, morena y de dorso algo peludo, entre las suyas, y deslizó el anillo en el dedo anular de él. El dueño empezó a sentir que su corazón latía más deprisa y que, pese a que la temperatura de la tienda era agradable, él notaba mucho calor. 

       -Vea cómo queda. Dígame si no es bonita. - dijo Tasha, acercando la mano de Raji, sin soltarla, abriéndole y cerrándole los dedos. Las manos de la joven eran muy suaves y tenían hoyuelos en los nudillos, como las de un bebé, rosadas y sencillamente preciosas, pero la cliente no hacía ningún caso a éstas, sino sólo a la sortija. 

      -Es preciosa... qué reflejos tan bonitos...

      -Ya puede tenerlos, es una esmeralda auténtica, de las pocas que pueden encontrarse aún, y a un precio muy asequible...- La clienta asintió - Como se trata de un artículo tan bueno y el precio es interesante también, se lo voy envolviendo, ¿verdad? ¿Quiere también otra pastita? Sólo son dos créditos... 

      La mujer sonrió con cierta picardía, como si dijese “bueno, un día es un día”, y asintió. Tasha se apresuró a recoger el anillo del dedo de Raji y guardarlo en una bonita caja forrada de tela suave. El vendedor sólo a duras penas logró alejarse, con una sonrisa alelada en el rostro. En su mano derecha aún podía notar el tacto mágico de las manos de Tasha. 

     Aún podía olerlas, pensó un par de horas más tarde, llevándose la mano a la nariz. Ella ya no estaba, la jornada había terminado y ya había subido a la parte superior de la casa mientras él hacía caja y cerraba. Había sido un buen día; desde que la trajo, todos los días lo eran. Había tenido muy buenas ideas, y las seguía teniendo, pero lo que más ilusión hacía a Raji, no eran tanto los números positivos como el modo en que ella le sonreía cuando le miraba. Cuando él le devolvía la sonrisa... los primeros días parecía desconfiar, pero ahora le sostenía la mirada con algo de timidez. Ella sabía que él la encontraba atractiva, en su mirada seguía viendo el “estás muy buena” de la noche en que se conocieron, y a Raji no le gustaba hacerse ilusiones, él era más bien persona de realidades y pruebas, pero la ilusión de Tasha era tan agradable, tan divertida... que no podía evitar soñar. 

     Esa misma mañana, al tomarle de las manos, ¿había sido cosa suya, o ella le había tomado la mano durante un tiempo mucho más largo del que sería necesario? Le había colocado el anillo, y le había acariciado las manos, los dedos... sí, es cierto, había sido para que la joya brillase tentadoramente, pero podía haberle tomado la mano y haberla movido bajo la luz o dejar que él mismo la moviera, pero en lugar de ello no le había soltado la mano ni por un momento, y no había dejado de acariciarle... Negó con la cabeza, es posible que a ella, él le gustase también, pero Raji sabía que no era posible, él no podía buscarse una mujer normal, al menos, durante mucho tiempo... 

     -Raji, ¿va todo bien? - Tasha apareció en la puerta, con una bandeja en la que había dos pastitas con forma de estrella que olían muy bien, tan bien como ella. - Tardabas... ¿a qué ayudo? 

    -A nada, a nada...- sonrió él. - Ya había acabado, sólo me he distraído un poco hoy. Eeh... ¿han sobrado? - preguntó sonriendo más aún, refiriéndose a las pastas. 

     -Sí, las aparté de la última hornada para ti, sé cuanto te gustan... - Tasha devolvió la sonrisa y le ofreció el platito. Raji notó que se sonrojaba, llevaba muchos días tomando una o dos pastas a escondidas, comiéndoselas casi recién sacadas y achicharrándose la lengua, pero estaban tan deliciosas que no podía evitarlo, y no quería pedirlas por miedo a que ella le dijese que eran para las clientas, o por que sencillamente él no solía pedir comida, la sisaba. Había confiado en que ella no lo notase, pero se había dado cuenta. No sólo no se enfadaba, sino que le había retirado dos pastas para él solo y se las había calentado para que estuvieran como recién hechas. 

      -Gracias... - Raji tomó el platito y subieron al piso de arriba. Sentados en el sofá del salón, con el plato en las rodillas, el dueño tomó la pasta con ambas manos y la mordisqueó con deleite - A veces pienso que deberíamos cerrar el bazar y abrir un restaurante, mmmmmh.... 

     -Quizá se podrían combinar ambas cosas... - sugirió ella. - Yo cocino, y tú vendes y haces de perista. - Raji se atragantó a media pasta y Tasha sonrió, levantando una ceja. El dueño la miró casi con miedo - ¿Pensabas que no me había dado cuenta que lo compras, es mercancía robada...? ¿Por qué otro motivo meterías en la trastienda a la gente que viene a vender, desde niños a transportistas? Y es posible que yo no sepa gran cosa de comercio, pero la mayor parte de lo que vendes, está aquí más barato que en cualquier otra parte, incluso más barato que los precios de coste que he podido consultar por Googlevac... 

     -De acuerdo, Tasha - Raji se puso en pie, aún con expresión asustada - ¿Quieres tu contrato? ¿Tu libertad? Podemos negociar, llegaremos a un acuerdo... no me denuncies, ¡no puedo ir a prisión!

      -Raji, ¿quieres calmarte? No te pienso denunciar, sólo quería que supieses que lo sé. Puedes confiar en mí, no pienso delatarte... No me parece mal lo que haces. - el dueño la miró con extrañeza, y ella adoptó un tono confidencial - De veras. Oye, todos sabemos por qué pasó lo que pasó con Antigua Tierra, no fue más que intereses bancarios y avaricia. Supuestamente, nadie puede ir allí y salir vivo, está cubierta por completo por la Nube R, pero... tú tienes muchos artículos de allí. Muchas joyas, juegos... cosas que sé que provienen de allí y por tanto, según la Banca, son robadas. Pues yo digo que ellos le robaron la Tierra a la humanidad. Y quien roba a un ladrón, ha cien años de perdón. No seré yo quien te denuncie... estoy completamente a favor de lo que haces. 

     No era sólo que estuviese de acuerdo, pensó él, es que parecía que hasta lo admirase por ello, le brillaban los ojos y Raji tuvo la sensación de haber crecido. Lo cierto es que él  lo hacía por que eran artículos de los que quienes los traían querían desprenderse a toda prisa y aceptaban el precio sin regatear, y quienes los compraban llevaban tiempo sin verlos y compraban con ganas, aún vendiéndolos baratos, se ganaba con ellos, no lo hacía por ningún tipo de interés revolucionario, como ella parecía pensar, pero si esa idea le hacía mirarle de aquél modo, él no pensaba corregirla. 

     Aquélla misma noche, mientras veían una vieja película por la imper, Raji empezó a pensar si no habría metido en su negocio y su casa a una Libertadora... los libertadores eran rebeldes, y de algunos se decía que eran asesinos feroces. Al momento desechó la idea; es posible que su Tasha (“la llamo “mi Tasha”, por favor, si sólo trabaja para mí...” pensó) tuviese ideales que coincidiesen con los de los libertadores, pero no era ninguna asesina. Era una mujer que soñaba, eso era todo. Y en ese momento preciso, soñaba en todos los aspectos, se había quedado dormida sobre su hombro. La respiración lenta y acompasada de la joven le acariciaba el pecho y se le metía por la abertura de la camisa, cosquilleándole ligeramente, y Raji sintió que se le ponían duros los pezones. Le dio un escalofrío, y la joven gimió bajito y se movió, llevando su mano al brazo de Raji donde se apoyaba. Un segundo más, un pequeño movimiento, y la mano se posó en el muslo del vendedor, justo en la frontera entre la tela y la piel, pues Raji llevaba pantalones cortos. 

      El dueño hizo todo lo posible por contener un nuevo escalofrío, no quería despertarla, y lo logró, pero la mano de ella justo en la piel de su muslo, tan cerca de... le quemaba. Le quemaba de un modo maravilloso, y antes de poder darse cuenta, notó un dulce cosquilleo en su bajo vientre, un hormigueo travieso que se expandía y tiraba de su cuerpo. No tuvo necesidad de mirar su pantalón para saber que éste hacía un bulto picudo delator. “Si se despierta ahora y me ve así, no le hará ninguna gracia”, pensó Raji e intentó calmarse, respiró hondo... y eso fue aún peor: su nariz se vio inundada por el olor de flores y especias dulces que cubría a Tasha; olía como las pastas que preparaba, pero con un toque de flores por el jabón que usaba a diario, y Raji no pudo evitar acercar su nariz a ella. Los cabellos de la joven eran suaves y notó como chiribitas en la cara cuando los rozó... haaaaaaaah.... Esa noche iba a darse un homenaje recordando aquello, y no tardaría ni diez segundos en... Y ese pensamiento le dio la peor idea posible, y lo sabía, pero no fue capaz de contenerse.

    “Es cierto, tardaré muy poco, muy poquito, sólo diez segundos...” pensó. Eso era todo lo que necesitaría, diez segundos de caricias y quedaría saciado. Si iba a tardar tan poquito, ¿por qué no hacerlo aún mejor, por qué no hacerlo aquí, con ella al lado, disfrutando de su olor en vivo, de su respiración rozando su pecho y su manita en su muslo? Sería tan delicioso... Raji se deslizó un poco más en el sillón, y Tasha emitió un gemidito adorable en medio de su sueño y movió ligeramente la mano que tenía en el muslo de su jefe. Raji ahogó un grito y le dio la impresión de que si no cerraba la boca, se le saldría el corazón por ella, ¡le había puesto la mano justo encima de...! Qué caliente estaba... una oleada de infinita dulzura le recorrió todo el cuerpo y le hizo temblar de placer y ganas, sintiendo cómo un par de gotitas, sin duda aún transparentes, se le escapaban de la erección, mojándole la ropa interior. 

     “Ahora sí que no puedo aguantar más, tengo que hacerlo, tengo que hacerlo ya...” se dijo, llevándose la mano a la bragueta, con todo el cuidado que podía, teniendo en cuenta su grado de excitación. No quería despertarla por nada del mundo. Con precisión de cirujano, recolocó la mano de Tasha para no retirarla de su entrepierna, pero que le permitiese abrirse el pantalón. Soltó el imán que cerraba la prenda y retiró la suave tela de la ropa interior. Su polla erecta se asomó con ansia, mojada y rojiza, deseosa, y Raji estuvo a punto de terminar cuando el dedo índice de la joven acarició la base de la misma, y se le escapó una sonrisa por las cosquillas. 

      Se llevó la mano izquierda al glande y empezó a acariciarse, moviendo la piel hacia adelante y atrás. Sabía que no debía hacerlo con demasiada rapidez o ella podría despertarse, pero no había problema con eso, lo hacía sólo moviendo la muñeca, deslizando la piel húmeda y resbaladiza, ¡joder, qué gusto! Las cosquillitas traviesas parecían quemarle la punta del miembro y recorrer todo su cuerpo, estaba en la gloria, estaba a punto, no iba a aguantar más, ya le venía.... cerró los ojos y volvió la cara hacia la cabeza de ella, oliéndola una vez más, y sintió cosquillas y placer incluso por los testículos. Su mano derecha, presa entre los cuerpos de los dos, se cerró en un puño y sintió que se ponía tenso, mientras el placer le laceraba y le hacía estremecer, ¡SÍ! Un latigazo de quemazón cosquilleante le picó en la punta y le hizo ponerse tenso y relajarse en un segundo, sintiendo la dulzura, la satisfacción, recorrerle en oleadas de respiración jadeante y hacerle temblar las piernas hasta los dedos encogidos de sus pies.... sin poder contenerse, besó el cabello de Tasha. 

    Cuando Raji abrió los ojos, vio su mano izquierda, cerrada en un puño sobre su glande, y el hueco lleno de semen que, por más que quiso retener, se escapó en gotitas. No había caído en cómo iba a limpiarse, pero eso no fue lo alarmante. Lo alarmante fue que los dedos de Tasha, se movían, sin signo alguno de pereza, por la base de su miembro y sus testículos, acariciándole.

     -Parece que lo has pasado muy bien... - susurró ella. Raji pegó un respingo.

     -¡Tasha... oh, maldita sea, he vuelto a tener sexsomnia! - intentó mentir - ¡Es... es una enfermedad, no controlo lo que hace mi cuerpo dormido, te juro que estoy enfermo, no es lo que piensas!

      -Raji, corta el rollo, llevo despierta un buen rato... ¿Esto, estaba en mi contrato? ¿Creí haberte oído decir que tú no eras un violador despreciable, que tenías tu dignidad...? - la dignidad del vendedor parecía estar a años luz de su pene goteante perdiendo la erección a toda velocidad, su mano manchada de esperma y sus pantalones abiertos. 

      -Yo te... te aseguro que estaba dormido, de veras... ¡¿y si estabas despierta, por qué no me paraste?! - cayó en la cuenta él y ella vaciló. Se sonrojó y pareció ofendida, hizo ademán de ir a levantarse, pero Raji la retuvo con la mano limpia - Tasha... es que me gustas. Sé que ha estado feo hacer algo como esto, debí ser un poco más hombre y decirte hace días que me muero por hacer el amor contigo, pero... 

      -¿...De verdad te gusto? ¿Como chica, no como vendedora? - Tasha tenía la cabeza gacha, era indudable que nadie le había dicho nunca nada así. Como mínimo, le costaba trabajo creerlo. Raji estuvo en un tris de tomarla de ambas manos, en el último momento se dio cuenta e hizo ademán de limpiarse en el pantalón, ella le frenó y le acercó un pañuelo vegetal. Ambos se sonrieron con algo de timidez; Raji no era guapo, pero tenía sus motivos para llevar esquivando a las mujeres toda su vida, ella sí era bonita, pero no tenía buen tipo; la mirada de los demás y sus complejos llevaban alejándola de los hombres toda su vida. Limpiándole la mano se miraron a los ojos. Quería creerle, lo quería con todo su corazón. Raji se lamió sus grandes incisivos de roedor e intentó tomar valor y no precaución casi por vez primera en su vida. 

     -Tasha, me gustas. Aquél “estás muy buena”, en parte admito que fue para cogerte desprevenida, pero era completamente verdad. Es cierto que te compré por que sabías vender y eras fuerte y trabajadora, pero también por que tenía esperanzas. Sé que durante toda tu vida te habrán dicho muchas estupideces, pero te aseguro que para mí, eres la chica más guapa del Universo. Eres bonita de cara, me gusta tu cuerpo, eres simpática, y cocinas como te da la gana, y hueles a gloria, y... ¡joder, estás buenísima!

     Tasha ya no aguantó más, con los ojos empañados de lágrimas abrazó a Raji y éste notó que su miembro se alegraba de nuevo, y tiró de ella hacia el sofá. La joven notó la boca de Raji, con olor a narguile de menta, sobre la suya propia. Había esperado notar aspereza, pero sólo sintió suavidad, una caricia increíblemente suave y sensual de un modo asombrosamente intenso... Tasha no era virgen, había tenido un par de aventuras con tíos que sólo buscaban plan, pero desde luego no se puede decir que fuese experta en artes amatorias; Raji sí había tenido alguna experiencia más, pero no exactamente con... bueno, había visto muchos programas de Dreamscience-x, eso tendría que contar... Aunque cuando su lengua acarició los labios de Natasha y la caricia húmeda le puso de punta los pelos de la nuca, se dio cuenta que no había punto de comparación. 

      Raji la abrazó sin dejar de besarla, bajando por su cuello e intentando desatar la lazada que le cerraba la pechera del camisón. Tasha sonreía y le acariciaba las manos en un intento de cubrirse, intentando resistir aún un poquito, pero al segundo intento, Raji bajó la mano libre al costado de ella, y Tasha no supo dónde tocó o pellizcó, pero la joven soltó un gemido y sintió que sus caderas daban un vaivén, buscando el cuerpo de él. Raji sonrió, tiró del lacito y la chaqueta del camisón quedó suelta, dejando a la vista un escandaloso escote que a duras penas contenía el pecho de Tasha. El vendedor besó el canalillo, apretando su cara contra las tetas de ella. La joven cogió aire en un pequeño grito y le abrazó contra sus pechos, sintiendo el picorcito que daba la áspera barba en su piel sensible. Raji le acarició los muslos y empezó a subirle el camisón mientras pescaba el escote con los dientes e intentaba bajarlo. Tasha gemía, intentando a la vez abrazar a su compañero y frenarle, acariciarle y pararle las manos. Quería, claro que quería, pero no dejaba de ser su jefe, ella apenas había hecho aquello un par de veces, y la luz estaba encendida y estaban en un sofá, y aún era temprano y podían oírles... ¡qué vergüenza! 

     Raji no tenía esos prejuicios, sólo tenía ganas y más ganas; agradeció haberse dado el gustito de antes, de no haberlo hecho lo más fácil sería que tuviese un “accidente”, y menuda primera vez entonces... Besando los pechos de Tasha y dando tironcitos del escote, logró finalmente bajarlo. La joven ahogó un gemido cuando sus pezones quedaron al descubierto, pero tembló de pies a cabeza cuando Raji tomó un pezón entre sus labios y succionó, lamiéndolo sonoramente. Tasha rió mientras negaba con la cabeza, e intentó frenar a su compañero cuando éste empujó suavemente para que ella se tumbase en el sofá. 

      -No, no... - sonrió con abandono - No, por favor, no hagas que me tumbe, me.... me gusta muchoooo... No sigas besándome así, Raji... no... no podré aguantar más...

     -No aguantes, nenita... déjate llevar... - musitó Raji, y se dejaron caer finalmente. Tasha emitió un gemido desmayado, como si toda su resistencia se eliminase en ese instante, sintiendo en su nuca la blandura del sofá, y sobre su vientre la dureza de la hombría de Raji. Éste se bajó el pantalón apenas lo justo, y tomó las manos de la joven para que le acariciase el pecho, peludo y delgado, con volumen sólo en la zona de la tripa, ¡pero tan deseable para ella! Tasha estaba colorada como un tomate, y más aún cuando él la tomó de una pierna y le hizo a un lado las bragas, no estaba dispuesto a perder más tiempo. La joven sintió un ariete que quemaba haciendo presión en su sexo, y de repente, éste se deslizó a su interior con toda facilidad, produciendo una sensación de felicidad difícil de explicar. A Tasha le pareció que había sido un ser incompleto, una criatura inacabada, y no lo había sabido hasta ése momento... en que había dejado de serlo. 

      Raji se sintió exprimido en todos los aspectos; Tasha le abrazó contra ella con los brazos, le aprisionó con las piernas y su misma vagina le dio un delicioso apretón que tiró de él con pasión, y le arrancó un gritito de gusto, ¡qué caliente estaba, era tan dulce...! Empezó a moverse lentamente y la joven le acompañó en los gemidos, cada vez que se movía tocaba en puntos que hacían saltar chispas de gusto, cosquillas y  hormiguitas que se expandían por todo su bajo vientre hasta los tobillos, y él notaba presión en un punto distinto de su polla cada vez, estaba sumergido en un torbellino de placer que le hacía gemir a cada embestida. Miró a los ojos a su compañera, y ella le sonrió embelesada, colorada y con los ojos húmedos... la besó y notó que su orgasmo se aceleraba y no podía frenarlo.

     Con su lengua en la boca de Tasha, sintió un picor delicioso en la base de su miembro, se cebó en su bajo vientre y sintió que iba a acabar, intentó contenerse, frenar un poco, pero su cuerpo entendió al revés, y aceleró más aún; Tasha gritó una risa y él sintió que se desbordaba, un escalofrío, una sacudida, y el placer pareció morderle dulcemente desde las nalgas hasta los hombros, gimiendo pesadamente.

     -¡Un poco más... por favor, un poco más! - rogó Tasha, viendo que se detenía, y Raji aceleró. El vendedor desorbitó los ojos y su boca se abrió en un grito mudo, ¡estaba tan sensible que casi le escocía, pero qué delicioso escozor! La joven le agarró de los hombros y le miró a los ojos mientras le llegaba... se puso tensa, se sonrojó, intentó mantener los ojos abiertos, toda su carita parecía de desamparo, pero él sabía que estaba gozando con él... Tasha sintió el cosquilleo en su interior siendo producido por la punta del miembro de Raji, se rozaba más y más, más deprisa, y enseguida no pudo aguantarlo más y sus muslos dieron un temblor mientras el gusto se expandía por su cuerpo en olas de dulzura que la hacían curvarse debajo de él, gemir y menear las caderas, saboreando la intensidad del orgasmo que contraía su vagina y absorbía el semen de Raji, mientras ambos tomaban aliento de nuevo...


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      -Me dan ganas de pararme en la Estación a saludar a Carlo... a fin de cuentas, casi fue nuestro casamentero - dijo Raji, conduciendo su cacharro en dirección a la Feria de Mercado. 

       -¿A Carlo? ¡Ni se te ocurra! - contestó Tasha, a su lado, batiendo a mano la masa de las galletas que venderían en la Feria - con lo creditero que es, sería capaz de pedirte porcentaje por ello... 

     Raji se rió entre dientes y efectivamente pasó de largo, pero no dejó de sentirse un poquito culpable. No por Carlo, sino por Tasha. Ella todavía no conocía su secreto. Era lo único sobre lo que la había mentido... o bueno, ni siquiera era exactamente mentir, sino que había algo que todo el mundo tomaba implícitamente sobre él, y en realidad no era... No sabía cómo decírselo, y a decir verdad, sólo esperaba no verse en la necesidad de decírselo nunca...