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miércoles, 14 de agosto de 2013

Atracción física... y música.

-Una cosa muy curiosa de la gravedad, es que no solemos recordar que es una fuerza de atracción, no simplemente "de caída". Esto es, que por insólito que parezca, cuando un objeto cae hacia el suelo, ¡la Tierra sube hacia arriba! – un montón de miradas de asombro e incredulidad se dirigieron a Cristóbal, profesor de Física y Matemáticas. Le encantaban esos momentos, cuando decía algo que captaba la atención de toda la clase; él sabía que las asignaturas que impartía no gozaban de gran popularidad más que entre aquellos alumnos que realmente las dominaban; para los que no se les daban bien, podían ser una tortura, de modo que intentaba hacerlas, dentro de un orden, lo más amenas que podía. – Es cierto. En teoría, claro está, pero es cierto. Cuando un objeto está libre, se ve atraído por el de mayor masa, que en este caso, es la Tierra, pero ese objeto, tan pequeñito en comparación, tiene también su masa, y también tiene su fuerza de atracción, con lo que provoca que la Tierra también sea atraída por él… claro está, la enorme masa de nuestro planeta hace que dicha atracción sea despreciable.

-No lo entiendo, Cristóbal… - una de las chicas levantó la mano. – El profesor estuvo a punto de contestar, pero en ese momento, entró Amador en el aula y contestó desde el fondo de la misma:

-¿Que no lo entiendes…? Si es muy fácil, mira: imagina que el vampirito ese de tu carpeta, es la Tierra, y tú eres un bolígrafo, y el éxito y la pasta, son la masa. Si dejamos libre al bolígrafo, o sea a ti, cerca del vampirito ese, o sea la Tierra, tú te ves atraída por él y corres a agarrarle, pero como él tiene mucha mayor masa que tú, o sea, que está acostumbrado a que corran hacia él todas las niñas del mundo y tiene pasta para aburrir, no se va a mover un milímetro, aunque la teoría nos diga que todo chico del mundo, cuando ve a una chica correr hacia él, va a correr también hacia ella, aunque ni siquiera sepa si realmente corre hacia él, o hacia otro que esté detrás. ¡Es sencillísimo!

La clase entera, incluidos Cristóbal y la chica de la pregunta, estallaron en risas. Cristóbal podía ser simpático, pero Amador directamente era un cachondo mental y no lo disimulaba. El citado se dirigió a Cristóbal para pedirle el dinero de la quiniela que echaban entre todos y éste se echó mano al bolsillo de la bata blanca con la que daba clase, y al rozar su móvil, notó que éste vibraba muy suavemente, sin producir sonido alguno. 

Cuarenta minutos más tarde, Viola, la profesora de Música y Artes Plásticas casi corría por los pasillos del instituto, intentando por todos los medios aguantarse la risa, y entró en un cuarto de materiales del primer piso, donde se guardaba arcilla, pinturas de todas clases, lienzos, pinceles… y esperó. No mucho tiempo. Por el lado opuesto al que ella había usado, se acercaba Cristóbal. Se detuvo ante la puerta del cuarto. Miró a la derecha, a la izquierda, no vio a nadie, abrió de espaldas a la puerta, y apenas había cerrado cuando se lanzaron el uno a por el otro con ansia desbocada, intentando guardar silencio y jadeando como animales al mismo tiempo. 

Viola sonrió al sentir la boca de su amante sobre la suya, sus manos impetuosas apretar sus pechos con fuerza, pellizcar sus pezones sin ninguna delicadeza, y tuvo que reprimir un grito, era tan salvaje… Las manos de la profesora apretaron a Tóbal de las nalgas mientras le lamía la cara y le daba mordiscos en el cuello y las orejas, apretando con ganas. Se hacían daño, pero les gustaba. El profesor dio un tirón de la blusa de su compañera y un botón saltó por los aires, entre una alegre risa de ella, que puso los ojos en blanco de placer cuando las manos ardientes de Tóbal apretaron directamente la piel de sus pechos y tiraron de sus pezones rosados. La joven le apretó con más fuerza de las nalgas, sintiendo que algo crecía dentro de los pantalones de su amante y se clavaba en su vientre cada vez que se frotaban uno con el otro.

-Haaah…, ah, Dios, me encanta tu culo… - susurró Viola, con la voz cargada de lujuria, y Tobal suspiró, apretándola contra la pared.

-Repite eso… repítelo… - pidió, subiéndole la falda, buscando su sexo húmedo.

-¿Te pone cachondo oírlo? – sonrió ella, jadeando en su oreja – Me encanta tu culo… Me encanta tocarlo, tan blandito y caliente… aaah… - Viola tembló de placer, su amante estaba tirándole de las bragas, masturbándola con ellas sin piedad, le parecía que su sexo se quemaba con el roce de la tela, hasta que la humedad empapó la prenda y pudo oírse un ligero sonido de chapoteo a cada movimiento. - Me acuerdo cuando te sodomicé con un boli… me gusta cómo aumenta el calor cuando me acerco al agujerito, y cómo gimes cuando lo toco, que parece que se te escape el almaaa… oh, sí, me encanta tu culo. 

Tóbal la golpeaba con los movimientos de sus caderas, la cabeza echada hacia atrás, hirviente de deseo, y no pudo aguantar más, dio un tirón de las bragas para bajarlas y se abrió la bragueta, sacándose la polla de inmediato.

-Estamos locos… - susurró, frotándose contra la calidez húmeda de la entrepierna de Viola, entre risitas traviesas. – tú me estás volviendo loco, Viola... Violaaa… - Se derretía. Eso era exactamente lo que sentía, que se derretía de placer entre las piernas de su amante; su hombría se había deslizado dentro al primer envite, sin tener que guiarlo nada, orientado sólo por el agradabilísimo calor que desprendía el sexo de Viola, y se había hundido en su maravillosa calidez, sus caderas parecían haber tirado de él para introducirse hasta el fondo. Viola sonreía, con los ojos en blanco, temblando de gozo, lo sentía tan grande dentro de ella, era tan pleno sentirse llena de él, tan increíblemente bueno… Por un segundo se quedaron quietos, aguantando los jadeos, disfrutando de la sensación de fusión, de la "tortura" de permanecer inmóviles cuando sus cuerpos les gritaban porque se movieran, con los muslos temblándoles, las respiraciones agitadas y las manos crispadas en la piel del otro - ¡Viola, fóllame! – hasta que no pudieron aguantar más, y en medio de jadeos ahogados empezaron a embestirse mutuamente. 

Los sonidos que salían de sus gargantas parecían más animales que humanos, pero a ambos les parecían la cadencia más hermosa que podía oír jamás nadie; Cristóbal empujaba a Viola contra la pared del cuarto, y ella le abrazaba con una pierna, apretándole también del culo, las manos metidas en el pantalón flojo, sus dedos acercándose más y más al centro de las nalgas. El pene de su amante le hacía mil delicias, las chiribitas de gusto le recorrían desde el sexo hasta los muslos, a cada embestida se le escapaban las sonrisas, sus sexos hacían ruidos húmedos, Cristóbal cambió las embestidas, se metió hasta el fondo, y allí simplemente se frotó, apenas saliendo, haciendo círculos, y la perlita de Viola quedó extasiada de gozo, rozándose contra el vientre de Tóbal, que se reía por lo bajo, encantado de dar gustito a su compañera.

Viola abrió la boca en un grito mudo, ¡le encantaba! ¡Le estaba dando tantísimo placer…! Su polla tórrida se frotaba dentro de ella de un modo que la volvía loca, pero además le estaba frotando el clítoris, mmmh, estaba tan mojada… Tóbal debía tener todo el bajo vientre empapado de sus jugos, podía sentir los pelillos de la base de su miembro haciendo maravillas en su sexo, tan sensible, y sobre todo en su punto mágico; sus piernas dieron un temblor, estuvo a punto de caer, y sintió que aquél placer la superaba, no podía aguantarlo más, se venía sin remedio.

-Tóbal… sigue así… - pidió, en voz tan baja como pudo, la voz entrecortada por el inmenso gozo – haz… haz que me corra… a-ahora… - su respiración golpeaba el pecho del profesor, y éste, en lugar de acelerar, bajó descaradamente el ritmo, pero describiendo círculos más amplios con las caderas. Viola intentó ahogar un gemido agudo que le quemó el pecho, ¡Dios, qué tortura! ¡Qué maravillosa tortura, qué bueno! El orgasmo estaba ahí, estaba ahí, mmmmh… pero se hacía desear, llegaba, pero llegaba lentamente… aaah… crecía poco a poco… mmmh, sí, empezaba a sentirlo, el picorcito… oooh…. Cada vez mejor, un poco más intenso… el placer crecía, seguía creciendo, iba a estallar… sí, ya venía… ya llegaba… ya… ya…. ¡síiiiiiiiiiiiiii…..! Viola enterró la cara en los hombros de su amante, mordiendo su bata blanca, babeándola, intentando ahogar los gemidos, mientras la explosión de placer se expandía dulcemente por su cuerpo, haciéndola dar respingos acalambrados con la pelvis, las manos cerradas espasmódicamente en las nalgas de Tóbal y su respiración agitada, mientras el gusto se hacía más suave, dejándola en medio de un completo bienestar.

-Haaaaaaaah….. – Viola miró al profesor con ojos tiernos y le besó, metiéndole la lengua perezosa, pero apasionadamente, acariciándole la lengua y los carrillos por dentro, y aún en medio del beso, comenzó a moverse ella misma, para hacerle gozar también a él. Cristóbal gimió en la boca de su compañera cuando ésta empezó a brincar sobre su pene ansioso, produciendo sonidos de chapoteo al hacerlo con intensidad, pero su gemido cambió a un jadeo en busca de aire cuando ella bajó más las manos y le recorrió la raja del culo sin ningún reparo. 

-¡Aaaaaaaaah…. Viola! – susurró como pudo el profesor - ¡Si… si me haces eso… si me tocas así… me correré enseguida!

-Mmmh, entonces no paro, precioso. – sonrió la joven, abriéndole las nalgas con una mano, para dejar sitio a la otra y acariciar su tierno agujerito trasero. Tóbal casi tuvo ganas de llorar de emoción, ¡qué placer tener para él a una chica tan dispuesta a darle sexo! Sus caderas aceleraron sin que él pudiera contenerlas, qué gustito le daba el sentir caricias por detrás, qué ganas le ponía...Viola le besaba la cara para dejarle la boca libre y que pudiera respirar, dándole lametoncitos, apresándole la piel a pequeños mordiscos, y los dedos de su mano derecha, entre las nalgas de su amante, acariciaban, masajeaban y hacían cosquillas, cosquillas que volvían loco a Cristóbal. 

El profesor no podía ni hablar, miró a los ojos a Viola, quería que ella viera la cara que ponía, quería que le mirase gozar, y la joven no perdió detalle, sintiendo las embestidas más fuertes cada vez, y apretando muy ligeramente su dedo índice, hasta que su compañero no aguantó más. El placer maravilloso se cebó en la base de su miembro, resonando entre sus nalgas casi profanadas, y estalló en medio de una dulzura indescriptible que contrajo todo su cuerpo y le hizo temblar, apresando en su culo el dedo travieso de Viola y soltando en su vientre semen ardiente a borbotones. Las contracciones hicieron que el dedo que exploraba su trasero se introdujese un poquito, y Tóbal tuvo que cerrar los ojos de gusto, los hombros encogidos y la piel de gallina de placer, experimentando un orgasmo extrañamente largo y delicioso, que le dejó sumido en una absoluta satisfacción… y con un picorcito muy interesante en su ano. 

Se dedicaron besos y caricias, aún de pie, mientras se arreglaban la ropa y volvían a respirar ordenadamente. Viola se sacó un brochecito del bolsillo y con él se cerró el espacio del botón de la blusa que había saltado Cristóbal.

-Salgo yo primero. – dijo él – Como tú eres profesora de Artes Plásticas, a nadie le extrañaría verte aquí, pero un profesor de Física, tiene menos excusa en este cuarto. Si alguien me ve, diré que vine a ver si con algún lienzo viejo podía hacer una cometa para hacer una práctica del experimento de Franklin; ahora que estamos en época de tormentas, colará. 

-De acuerdo. Pasado mañana, en el laboratorio del tercer piso, y si alguien me ve a mí, diré que fui a buscar alcohol para limpiar pinceles, ¿hace?

-Genial, ¿a la hora del recreo, como siempre?

-Sí. 

-Pues hasta pasado mañana… y hasta luego en casa, traviesa. - Cristóbal la tomó de la nuca y le plantó un último beso, húmedo y sonoro, antes de salir y dirigirse a la sala de profesores para que los demás lo vieran allí antes de ir a su siguiente clase. Viola salió poco después y se marchó a casa, sus clases ya habían terminado por ese día. 

Mientras se dirigía a su cuarta hora de clase, Cristóbal vio a los chicos remolonear después del recreo. Era normal, los lunes siempre eran algo más duros, sobre todo a principio de curso, y no sólo para los alumnos, hasta a algún que otro maestro le chocaba las energías que tenía Cristóbal para dar y regalar. Es cierto que él y Viola ya vivían juntos, no tenían necesidad de verse a escondidas por los rincones del instituto como dos infieles, pero así era más divertido. Mientras sus alumnos le miraban con gesto entre resignado y aburrido, él sonrió y tomó el libro, pero aún así no pudo evitar pensar "Muchachos… es una pena que no hayáis podido pasar el recreo sólo la mitad de bien que yo".