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domingo, 29 de septiembre de 2013

Llámame amo

"¿Porqué me mandas ese mensaje a mí?". Cuando saltó la contestación del correo, estuve a punto de brincar en la silla, ¡había contestado! De inmediato, mi pene se irguió sin que pudiera contenerlo, y todo mi cuerpo parecía gritar "¡ha contestado! ¡ha contestado! ¡ha contestado!". Pero yo debía calmarme, la situación era delicada, tenía que pensar bien… Ocaso, la personalidad "pública" de mi ama Mariposa, era una chica tímida hasta el extremo que, por su escabroso pasado, no quería saber nada de hombres en general ni de mí en particular; había intentado con toda la paciencia del mundo conversar con ella, ser simpático, lograr que ella tomase confianza… en vano. Y finalmente, recordando la maravillosa complicidad que me unía a mi ama, pensé "¿por qué no?", y le mandé un mensaje de búsqueda de sumisión, usando la misma frase que en su día, Mariposa usó para captarme a mí, sólo que adaptada a su sexo: "Amo busca sumisa. Cretinas abstenerse". 

Durante varias horas, Ocaso había dado la callada por respuesta. Sabía que el correo era mío. Sabía que no era broma, porque ella no tenía suficiente confianza con nadie para propiciar bromas, y menos una picante… sólo quedaba que contestase, y por fin lo había hecho. Estuve a punto de contestar de inmediato, decirle algo como "porque te quiero", o cosa así, pero me contuve. No podía hacer algo así… recordé la calma que tenía siempre mi ama, su primera frialdad conmigo, su modo de dominar siempre las circunstancias, e intenté pensar como lo haría ella. Me relajé y esperé unos minutos antes de contestar:

"Porque estoy seguro de que te interesa". Contesté por fin. Y esta vez, la vuelta del correo electrónico no se hizo esperar. 

"Podría denunciarte por acoso sólo con estos dos mensajes". De nuevo, estuve a punto de dejar pensar a mis emociones, pero me calmé: "Si de verdad quisieras hacerlo, no me lo dirías, lo harías." contesté.  "¿No estás harta de los hombres estúpidos que intentan hacerse los graciosos, o los simpáticos? ¿No estás harta de charlas insulsas y amistades falsas que sólo persiguen sexo o meterse donde nadie les llama? Yo puedo terminar con todo eso… ¿o eres una cretina?"

"¿Qué quieres decir con "cretina"?" – preguntó Ocaso por el correo – "¿Una chica que no se pliega a tus deseos, es una cretina?"

"No" – contesté enseguida – "Una chica que tiene algo bueno delante y lo deja escapar, es una cretina. Una chica que está harta de que sus "amigas" le busquen novios que son retrasados mentales, y tiene el medio de acabar para siempre con eso, y no lo hace por temor, es una cretina. Una chica que tiene deseos y sueños, y no se atreve a realizarlos por cobardía, es una cretina. Pero estoy seguro de que tú, no eres esa cretina". 

La respuesta de Ocaso se hizo esperar. Fuera de nuestras sesiones, en la oficina del banco donde trabajábamos los dos, ella fingía que sólo existía Miguel, un compañero del trabajo al que toleraba, pero con el que, al igual que con el resto de compañeros masculinos, apenas hablaba. Mariposa no existía, e Imbécil no era nadie para ella. Yo actuaba igual, Mariposa y Ocaso, aunque fuesen la misma persona, eran dos seres totalmente diferentes, y en este momento, Mariposa, no existía. Pasados unos minutos, mi compañera contestó:

"¿Qué es para ti una sumisa?"

¡SÍ! ¡Lo había conseguido, Ocaso tenía interés! Ahora, sólo tenía que seguir teniendo cuidado de no pifiarla…

"Una sumisa es una persona que vive para mi capricho. Es alguien con quien me divierto, que me obedece en todo y que me tiene devoción… pero también es alguien de quien cuido, a quien protejo, porque si la pierdo, quien pierde soy yo, y porque la devoción y el respeto, son cosas que no pueden darse sin más; como amo, me las gano".

"No creo que me vaya ese rollo" – contestó. "Ya sé lo que es que alguien te domine, y no quiero repetirlo". 

Aquello era delicado… Ocaso había sufrido abusos en su adolescencia, yo lo sabía, tenía que andarme con tiento, o perdería la ocasión. 

"No es lo mismo. Esto, es algo que tú aceptas, yo no te lo impongo. Si quieres, estupendo. Si no… siempre te quedará la duda de saber lo bien que podrías haberlo pasado."

"¿Aceptar? ¿Cómo se acepta la dominación? Cuando alguien te domina, pierdes tu identidad, eres una cosa…"

"No" estaba sorprendido, ¿Ocaso veía mal una relación como la que ella mantenía conmigo….? "No eres una cosa, eres una persona. Un esclavo es una persona única, valiosa, irremplazable. No puedes ser un buen amo si no sabes esto, es lo primero que yo aprendí. Si aceptaras, serías mi esclava, sí… pero eso, no significa que yo fuese a subvalorarte, o a maltratarte, todo lo contrario. Mi obligación como amo, sería cuidar de ti". 

"¿"Lo primero que aprendiste…."?" – preguntó.

"Claro" –contesté- "Para saber mandar, primero hay que saber obedecer". 

"Si tu obligación como amo sería cuidar de mí… ¿cuál sería la mía como esclava?"

"La más simple: obedecer".

La contestación aquí tardó en llegar. Supuse que Ocaso se lo estaba pensando, y yo me retorcía las manos de impaciencia, pensando que Mariposa consideraría esto una falta de respeto increíble, pero es posible que a Ocaso, le gustara lo suficiente como para querer probar… por fin, casi diez minutos más tarde, contestó:

"¿Qué sería, para un revolcón de una tarde….?"

"No. Una relación de este tipo, depende de mi capricho como amo, y de tu calidad como esclava. Si eres buena, me satisfaces, y estás a gusto conmigo y yo contigo, esto será indefinido. Si no me satisfaces, si no cuajamos, te lo haré saber, y serás libre". Aquello era darle alas a que accediera, se portase mal o fingiese incomodidad y me forzase a dejarla, pero me tenía que arriesgar. 

"Supongo que puede ser divertido probar". Al leer aquello, quise brincar hasta el techo y pegar puñetazos al aire, ¡había aceptado!, pero me contuve, recordando mi primera conversación con Mariposa:

"Contéstame mejor, esa respuesta no me vale. No puedes aceptar con vaguedades, necesito un SÍ rotundo."

"En tal caso, sí, quiero ser tu esclava, al menos hasta que veamos si realmente valgo o no. ¿Debo darte algún tratamiento en especial?"

Quería llorar, llorar de alegría, me sentía en una nube…. Había accedido. Después de semanas intentando por todos los medios hablar con ella, de semanas ignorándome, contestándome con monosílabos, sin apenas mirarme… había accedido. Apenas lo podía creer, pero tenía que contestar a su mensaje:

"Sí, a partir de ahora, ya no puedes tutearme, debes tratarme de usted o de vos, y en cuanto al nombre… Llámame Amo". 

"Sí, amo". Contestó, y cuando leí esa expresión de ella, me pareció que mi cabeza daba vueltas… de pronto me sentía como… como muy importante. La verdad es que hubiera querido ponerme un nombre que recordase al de mi ama, pero relacionados con "mariposa", sólo se me ocurrían cosas como "gusano, capullo…", y digamos que no acababan de convencerme… pero el mero tratamiento, ya me hacía sentir especial, ya me buscaría un nombre apropiado más adelante. 

"Perfecto, esclava. Entonces, dame tu msn, y de momento, corto la comunicación. Esta tarde, a las ocho, ya tendrás noticias mías.". Como es normal, Ocaso tenía una dirección distinta a la que usaba siendo Mariposa, y obedeció, me dio su msn. La simple idea de pensar que había conseguido algo así de ella, me hacía sentirla tan cerca, que mi pene no quería bajar de la alegría. Si hubiera estado en casa, me hubiera faltado tiempo para abrirme la bragueta y desahogarme en un momento, pero estando en el trabajo, no podía ni acercarme al baño en ese estado, así que intenté pensar en cosas aburridas y asquerosas para lograr ponerme en descansen otra vez. "Reserva tus fuerzas… amo, que esta tarde, te harán falta", me dije. 

Me pasé toda la tarde pensando qué podría decirle a Ocaso cuando se conectara, estaba muy nervioso… de mi pericia podía depender que ella quisiese seguir, o que se rajase. Por de pronto, ya era un logro el haber conseguido que aceptara aquello, de no haber querido, se habría negado, de modo que intenté mantener ese pensamiento y conservar la frialdad. "De momento, sólo será por chat…" pensé. La verdad que tenía unas ganas terribles de que viniese a mi casa, o ir yo a la suya y poderla tocar libremente, sin pensar en ella como mi ama, poderla besar y hacerle el amor, cubrirla de besos y caricias y dedicarnos mimos, pero tenía que ser prudente: si aceleraba demasiado, cometería un error y lo mandaría todo al traste, tenía que ser muy cauto. Finalmente, llegaron las ocho de la noche, y un sonido de campanillas me indicó que Ocaso se había conectado. Estuve a punto de mandarle un mensaje enseguida, pero me frené, retirando la mano del ratón con un esfuerzo sobrehumano, y esperé. Conté hasta diez, y luego abrí la ventana de mensajes:

"Buenas noches, esclava. Has sido puntual, muy bien".

"Buenas noches, amo. ¿Qué vamos a hacer?". Estuve a punto de contestar, pero de nuevo me frené. Ocaso era muy lista, tenía que andarme con cuidado. Su pregunta, no era porque tuviera interés en empezar, sino porque quería llevar la voz cantante, obligarme a llevar el juego a su compás. Si contestaba sin más y empezaba a mandarle cosas, en realidad, no estaría mandando yo, sino ella… me estaría ordenando que le diese órdenes. En lugar de contestar, permanecí callado un ratito. Ocaso me mandó un icono de interrogación, y seguí esperando. Finalmente, preguntó de forma directa: "¿Amo? ¿Estáis ahí? ¿Qué vamos a hacer?"

"Claro que estoy aquí, y tú acabas de ganarte un castigo"

"¿Qué? ¿Por qué?"

"¿Qué es eso de preguntarle a tu amo "qué vamos a hacer", qué es eso de preguntarle lo que sea a tu amo, simplemente? Eres una esclava, no tienes derecho a hacer pregunta alguna"

"Lo siento, amo… me salió sólo, no quise ofenderos".

De nuevo me faltó el canto de un duro para pifiarla, porque estuve a punto de contestar que no me había ofendido, que no tenía importancia, que no se preocupara… pero eso, lo diría Miguel. Yo, era otra persona, era su amo, y desde luego que tenía importancia y que me había ofendido con su burdo intento de llevar las riendas. Era YO quien llevaba las riendas. Y entonces, se me ocurrió un nombre para los dos, fue una estúpida asociación de ideas, pero recordé el libro que ella leía, le gustaba Alejandro Dumas, y ella podía tener una apariencia tímida y frágil, pero en el fondo, era una tigresa, una pantera… como Milady de Winter. Y… y yo sabía que su marido, Athos, jamás había podido dominarla, pero sí había sido capaz de ser fuerte frente a ella cuando tuvo la ocasión. Fuerte como la montaña de la que llevaba el nombre. Bien sabía que yo no era así de fuerte, pero podía jugar a que sí lo era mientras hablaba con ella, igual que, tiempo atrás, había jugado a que era sexy sólo para complacerla, aunque también sabía que no lo era. 

"No querer ofenderme, no basta, esclava… y acabo de elegirte un nombre, te llamas Milady. Y tú puedes llamarme Athos, pero añadiendo siempre "amo", ¿entendido, Milady?" 

"¿Por qué Milady?"

"¿Qué te acabo de decir?" Me sorprendió notar que casi estaba enfadado por su desobediencia. Y pensé que quizá me estaba picando, quería hacerme perder el control, y yo tenía que ser frío, frío como lo era ella conmigo. "Esclava, no colmes mi paciencia. He elegido un nombre para ti, y los motivos, no te importan, porque ese nombre, ni siquiera te pertenece aún, debes ganártelo, y para eso, debes pasar tu primer castigo". 

"Lo lamento de nuevo, amo Athos. Soy muy torpe…"

"No es cierto, no eres torpe. Te portas como si lo fueses, que es distinto. Presta atención y no tendré que castigarte". 

Le había contestado instintivamente, pero apenas lo hice, me di cuenta que lo había hecho bien. Ocaso pretendía subvalorarse para que yo la despreciase, y yo, no se lo había permitido… no sabía ella que llevaba toda la vida oyendo cómo los demás y aún yo mismo me daba ánimos y no me dejaba rendirme, aún cuando eso hubiera sido lo más cómodo para mí; tenía experiencia en reconocer respuestas-modelo de abandono, llevaba muchos años dándolas. "Seguro que tienes cámara, enciéndela y deja que te mire".

"Sí, amo", contestó ella y tardó un ratito en volver a decir algo, supuse que estaría conectando la cámara. Me llegó el aviso de video y lo acepté. Se abrió la ventana de video, pero apenas pude ver nada, el cuarto de mi esclava estaba muy oscuro, sólo se distinguía el contorno de su cara, pero tenía la cabeza agachada, de modo que no le veía los ojos. 

"Así no, enciende la luz y yérguete, quiero verte", le exigí. La vi mover la mano y encendió una luz. Ahora la veía mucho mejor, sus cabellos de color avellana y la forma de su rostro, y sus hombros cubiertos por una tela estampada, supuse que un pijama… lentamente, levantó la cabeza, pero no miró hacia la cámara. Pude notar que intentaba llevar el ritmo de la respiración, y no tenía mucho éxito. Estaba nerviosa, su situación le molestaba… o le incomodaba, al menos. Una parte de mí quería tranquilizarla… pero otra parte, era su dueño, y quería divertirse castigándola. "Mírame." Exigí "Mira hacia la cámara"

Mi esclava pareció tragar, y luego giró lentamente la cara, de modo que quedase en dirección a la cámara, pero aún tardó unos segundos más en mirar directamente hacia mí. Me alegré de que no pudiese verme, porque estaba sonriendo como un bobo. 

"Eres muy bonita, esclava"

"El aspecto es un accidente, amo". Contestó enseguida.

"Para mí, eres bonita porque has accedido a obedecerme. Has tomado la decisión correcta, y eso, no ha sido accidental, sino meditado. Por eso eres bonita". Mi esclava no contestó. Tampoco sonrió, se limitó a quedarse mirando hacia la cámara, y sólo algún parpadeo de vez en cuando me indicaba que seguía ahí… por lo demás, cualquiera hubiera podido tomarla por una foto. Descubrí que su silencio, no me molestaba, me gustaba. Disfrutaba mirándola, sin más. Mariposa jamás me hubiera permitido eso, cuando en alguna ocasión me quedaba mirándola, ella me decía que no me encantase, y me ordenaba alguna cosa… pero como mi esclava, no parecía sentirse molesta porque la mirase, ni desviaba la mirada. No sé cuánto tiempo permanecí así, tan sólo mirándola, hasta que ella desvió un segundo la mirada a su teclado, pero se detuvo, y miró de nuevo a la cámara, sonriendo con un poco de apuro. 

"¿Qué pasa?" pregunté.

"Nada… iba a haceros una pregunta, pero he recordado que no debía".

"¿Qué querías saber?"

"¿Puedo decirlo, amo?"

"Te lo estoy pidiendo, dilo"

"Quería preguntaros si es que os estabais masturbando mientras os miraba… como no decís nada…"

Me reí, y contesté:

"No, de estarlo haciendo, te lo diría, querría que tú lo supieras." Y aquello me dio mi primera idea "En lugar de eso, vas a hacerlo tú. Frente a la cámara". Mi esclava puso cara de sorpresa y hasta de horror "No hablo de verte el coño, puedo ver miles por internet… lo que quiero ver, es tu cara". Pude ver que esa misma cara, se ponía de color escarlata, y se me escapó un "¡Venga ya!", menos mal que no tenía conectado el micro y ella no oía nada de lo que decía… ¡¿Ella tenía vergüenza?! No me lo creía, no podía creérmelo… 

"Amo Athos, eso es… algo embarazoso" dijo.

"Lo sé. Por eso te lo mando. Quiero verte pasar vergüenza. Quiero ver cómo tu cara se debate entre el pudor y el placer, quiero verte poner caras de apuro, y de gusto. Empieza". Mi esclava desvió la mirada de la cámara, y vi moverse su brazo derecho, perdiéndose bajo la bandeja en la que tenía el teclado. "Quiero que lo hagas acariciándote el clítoris. Puedes tocarte las tetas si quieres, pero no puedes meterte los dedos. Y conecta el micrófono, si vas a gemir, quiero oírlo".

Con la mano izquierda, lo conectó y lo puso cerca de su boca. Por cómo movía el brazo, se estaba acariciando de forma bastante animada, y mi pene estaba pegado a mi tripa, casi me asomaba el capullo por la cinturilla del pijama, y no pude resistir empezar a acariciarlo al mismo tiempo que ella, intentando llevar también el mismo ritmo. "Mira hacia la cámara, no bajes la cabeza", le escribí con una sola mano. Mi esclava pareció casi sobresaltada al leerlo, pero levantó la cara, primero con los ojos cerrados, y casi enseguida los abrió. Tenía la boca entreabierta, y su brazo derecho aceleraba, mientras ella temblaba… lo estaba haciendo muy deprisa, y pensé que, o estaba muy excitada, o tenía ganas de terminar cuanto antes.

-Amo... me da vergüenza… - su voz era un gemidito entrecortado, parecía un gatito maullando, mientras miraba hacia la cámara y sus ojos se desviaban una y otra vez, y ella hacía esfuerzos por mirar de nuevo. Mi pene daba latigazos de placer al mirarla poner unas caras tan tiernas, no iba a poner aguantar mucho más, era demasiado excitante… pero aún así, conservé un poco de cordura para soltarme la polla y escribir:

"Lo sé… te da vergüenza, pero no paras… sigues acariciándote el garbancito, seguro que está todo mojadito y tembloroso… ¿te dan escalofríos cuando pasas el dedito por encima?"

-Sí…. ¡sí, amo, me hace temblar cada vez que lo acaricio…! – mi esclava parecía a punto de echarse a llorar de timidez, ¡Dios, qué preciosa estaba así, toda colorada, con los ojos brillantes y los hombros temblándole! Era más excitante de lo que yo mismo había supuesto, eso de ver el movimiento rítmico de su brazo, sin ver nada más, se me hacía tan perverso…

"¿Cómo te lo haces? ¿Lo haces en círculos, para acariciarlo todo y repartir la humedad… o de arriba abajo, para hacerte cosquillitas y rascártelo? Cuéntamelo."

-¡Oh, amo, por favor… haah…! ¡Ah! No… no me hagáis contároslo… - Tenía tal expresión de súplica, que estuve a punto de ceder, pero me rehíce, ¡quería saberlo, quería hacerle hablar!

"Cumple este castigo, esclava, o te castigaré más, te haré abrir la ventana y que gimas en voz alta, y que grites que eres una zorrita, ¿quieres que te ordene eso?"

-¡No… por favor, amo… ooh… mi… mi vecindad está llena de… haa… de vecinas cotillas!

"Entonces, contesta"

-Oooh… lo… lo hago alternandoo… mmmmh… ahora, lo hago en círculos… - decía la verdad, lo sabía por los movimientos de su brazo. – y ahora, de arriba abajo… y también a golpecitos suaves… haaaaaaaaah… y… y dejando sólo el dedo encima, quieto… mmmh… me excita mucho…

"Vaya, eres una experta, esclava… qué guarrilla eres, ¿cada cuánto te masturbas?"

-Pues… depende, amo… a veces… una vez por semanaaaa… ¡ah! Otras… más o menos, depende… 

"¿Lo tienes muy mojado?"

-Sí, amo… mmmh… estoy muy mojada…

"Para"

-¿Qué? ¿Por qué? ¡Oh, perdón, amo….! – se corrigió enseguida.

"Para, y enséñame los dedos, quiero ver si están mojados" Mi esclava bajó de nuevo la cabeza, pero obedeció. Levantó la mano y vi sus dedos índice y corazón brillantes, húmedos… lo que hubiera dado por darles unos cuantos besitos suaves, lamerlos lentamente y por fin chuparlos, metiéndolos en mi boca hasta los nudillos… pero la dejé seguir. "Sigue, esclava, date deprisa, quiero ver cómo terminas". En realidad, lo que quería era terminar yo, quería darme como un pistón y derramarme, pero para eso tenía que dejar de escribir. De todos modos, mi esclava sonrió, casi agradecida, y bajó de nuevo la mano. Vi que su brazo se movía con rapidez, y yo hice lo propio, me la agarré con las dos manos, con los dedos entrelazados, y empecé a bombear, apretando en el capullo, mientras mis ojos se cerraban de gustito y yo luchaba por mantenerlos abiertos, para ver las caras que ponía ella. 

-Amo… amo… no aguanto más…. – gimió mi esclava, y la vi doblarse sobre sí misma, hasta quedar con la cara casi pegada a la cámara, y temblar estremecida, cerrando los ojos sin poder contenerse, hasta que se recostó de golpe otra vez, como si hubiera estallado… y en realidad, lo había hecho. Y era lo que estaba a punto de hacer yo. El placer me subía, atacando mi espina dorsal como si la tuviera hecha agua, el verla llegar me hizo gemir, gustoso y sorprendido, y un placer increíble me atacó de golpe, sin dejarme respirar ni sentir las olitas previas al orgasmo… fue como una polución nocturna, un cohete que te estalla en la mano; de pronto un chorretón espeso me salió del miembro, dejándome rendido, y lo sentí resbalar otra vez, por entre mis piernas, cayendo en mis pelotas, que tiritaban de gusto… un bienestar indescriptible, y una sonrisa de satisfacción que se abrió en mi cara… y fue como si lo saborease "a posteriori"… - ¿Amo? ¿Seguís ahí…?

"Sigo aquí" contesté poco después. El tiempo imprescindible para recobrarme un poco y ser capaz de llevar las manos al teclado. El borde de la mesa estaba manchado de semen, maldita sea… "Te has ganado el nombre, Milady. A partir de ahora, te llamas así."

-Muy bien, amo, ¿puedo haceros una pregunta?

"Dime"

-¿Sigo castigada…?

"¿Te gustan los castigos del amo Athos….?" La pregunta me salió sola, pero Milady sonrió con timidez, y contestó:
-Pensé que serían dolorosos, o humillantes… pensé que me haríais daño, que habría quemaduras, golpes o bofetones. Vuestros castigos, son perversos, pero divertidos. 

Quizá yo no tenía todavía mucha experiencia en castigar, pero, ¿en serio Mariposa creía que yo iba a ser un amo maltratador, después de cómo ella me trataba a mí…? 

"Sobre todo para mí, Milady, yo me he divertido mucho mirando cómo te dabas gustito en el coño" Milady se tapó la cara con las manos "De momento, seguiremos hablando por éste medio. Mañana te quiero preparada otra vez, a la misma hora… pero quiero que estés desnuda, ¿lo has entendido, Milady?"

-¿Por completo…? Pero, amo… hace frío en ésta época del año…

"Por completo. Y no me importa que haga frío, ya me encargaré yo de que estés caliente, esclava. Buenas noches".

-Buenas noches, amo… - …Pero apenas había terminado de hablar cuando él ya había cortado la comunicación. Mariposa hablaba dentro de mí, y me decía lo idiota que era por permitirle hacer algo así, que el ama era yo, la dómina era yo, él era sólo un esclavo, sólo era Imbécil… y tenía razón. Pero también me había hecho sentir curiosidad. Imbécil ya no era el pagafantas apocado y perdedor irredento que yo había conocido. Había cambiado, y había sido gracias a Mariposa… quería ver qué había aprendido, y si sería capaz de ejercer una verdadera dominación sobre mí, como yo lo era sobre él… de momento, había conseguido interesarme. Pero llamar la atención, era fácil. Lo difícil, era ser capaz de mantener esa atención.