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viernes, 31 de enero de 2014

Chantaje matrimonial

     Vaya día y vaya semanita… apenas llevaban dos semanas de curso, y él ya estaba más que harto, le había tocado un horario asqueroso, con un montón de horas en blanco por medio y clase todos los días, ¡qué asco! Amador, profesor de Geo-Historia del Instituto, pensó con nostalgia en su horario del año pasado, lo bien programadito que estaba, y el viernes no tenía ni una clase… claro está, eso era a cambio de que Bernardo, otro de los profesores de Historia del seminario, se comiera todas las clases el viernes, y tuviera los grupos difíciles y las horas separadas… Amador llevaba salvándose de la mala distribución los últimos cinco años; éste le había tocado a él comérselas todas de canto: los grupos menos aplicados y más gamberros, uno de los cuales, lo tutorizaba; clase todos los días, horas mal aprovechadas, y el viernes completito… eso sí, salía a las dos en lugar de las tres. Algo era algo, poco, pero algo.

   La semana anterior, después de la presentación, ya unos padres habían pedido hablar con él acerca de su hijo, un vago tarambana que no pegaba un palo al agua, pero a quien sus padres consentían todo. Mientras caminaba desde el garaje a su casa, Amador recordó que cuando empezó de profesor, hace ya más de quince años, los padres que pedían hablar con él, era para decirle algo como: “si usted ve que se merece dos buenas hostias, se las pega sin ningún reparo, ¿eh?”. En la última reunión, los papaítos de marras le habían dicho: “por favor, no agobie usted al niño, que se estresa mucho y si le da un ataque, usted sería el responsable”. Curiosamente, los chicos a los que le habían invitado amablemente a abofetear, no eran tan gamberros como sus padres decían… pero éstos cuyos papis le pedían que fuese indulgente, que levantase la nota, que no fuese severo… más de una vez había pensado que vaya si se merecían, no tanto un suspenso, una llamada a casa o una expulsión, como un hostión a mano abierta que les hiciese preguntar por la matrícula del camión que los había arrollado. En fin…

     Estaba muy cansado, pero al menos ya era viernes. Había llevado una mañanita atroz, pero ya se había terminado; ahora, a casita, a comer sus macarrones con queso que los llevaba celebrando toda la mañana, y a echarse la siestecita en el sofá. Polita, su mujer, también salía temprano del trabajo los viernes, y podían comer juntos. El resto de días, a veces salía a las tres, otras a las cinco, y otras a las siete de la tarde, maldita Agencia de Viajes… Ah, por fin su portal. Le parecía que el maletín le pesaba toneladas. Apenas había entrado, vio a un jovencito de unos quince años, delgado y de pelo castaño, con una carpeta azul bajo el brazo y los auriculares puestos, bajar la escalera e intentar salir, pero Amador le tomó del brazo, sonriendo.

     -¡Eh, mocito, ¿ya no se saluda a tu padre?!

     -¡Coño, papá, perdona, no te había visto…! – dijo el chico, quitándose un auricular, del que salía un ruido espantoso. “Este chico se queda sordo antes de los treinta”, pensó Amador, mientras su chico, el menor de sus tres hijos y el único que aún vivía en casa, le daba dos besos.

      -No digas tacos, Chus…. – Amador dio una cariñosa palmada en la mejilla, aún suave, de su hijo - ¿Qué vas, a Inglés? ¿No es un poco pronto? ¿Has comido ya?

     -Papá, ¿por qué no te hiciste policía? Porque tienes un don para interrogar… Sí, he comido, y voy a Inglés porque he quedado con un amigo antes para ver los ejercicios y vamos juntos.

      -Que no me entere yo que te fumas la academia, ¿eh? Sé que soy pesado, hijo, pero…

      -“…con las notas que has traído, no puedes permitirte ese lujo”, - completó el chico la cantinela, y Amador sonrió – No te preocupes, voy a ir. Eeeh… por cierto, papá… quería decirte…

     “Malo….” pensó Amador. La última vez que su benjamín “quiso decirle” algo, se encaprichó de un ciclomotor. Y mira, el Inglés y las Matemáticas, las llevaba fatal, el Latín siempre con pinzas, el Lenguaje y la Literatura, a rastras… pero el carné de ciclomotor,  A LA PRIMERA, oye. Afortunadamente, la compra de la moto habían podido posponerla hasta los próximos tres sobresalientes, cosa que no parecía que Chus fuese a sacar mañana.

     -Dime. – resopló Amador.

     -Pues… que resulta que para Octubre, para últimos… pues que… viene Pink Floyd a España, y… que me gustaría mucho ir… es un conciertazo, papá, y comprando las entradas anticipadas, sólo son 69 euros…

     -¡¿Setenta napos?! – se escandalizó el maestro - ¡Tú no estás bien del tejado!

     -¡Papá, son Pink Floyd…!

     -¡Como si son los Rolling! – pensó un momento – Bueno, si son los Rolling, lo mismo me lo pensaba.

     -Venga, papá… ¡Y no pediré nada hasta Reyes! ¡Y además, lo aprobé todo…!

     -¡Sí, en Septiembre!

     -¡Pero lo aprobé, y éste año me voy a poner las pilas, palabra…! Porfa…

    Amador refunfuñó.

     -Bueno, mira, ahora la verdad que estoy muy cansado, tengo hambre y no estoy para éstas… esta noche, en la cena, dímelo, lo vemos con tu madre, y lo hablamos, ¿vale?

     -¡Genial, vale, papá! ¡Hasta luego! – Chus salió a toda prisa, celebrando ya el concierto. Para él, estaba claro que sus padres dirían que sí; eran severos, pero no injustos. Amador le vio marchar, preguntándose si no lo estarían mimando demasiado, como decían siempre sus dos hermanos mayores, Ernesto y Toñito. Ernesto no había sido de estudiar y a los diecinueve años, harto de repetir, dijo que se ponía a currar de vendedor, y buenas peloteras hubo en casa por ello… ahora no le iba mal, era jefe de ventas de un concesionario de coches de ocasión, y finalmente, por las tardes, se había terminado de sacar la secundaria. Toñito también las había pasado finas con los estudios, y también hubo peloteras, gritos, amenazas, discusiones… ahora estaba en la Universidad, estudiando, quién lo iba a decir, Geografía e Historia, si bien su padre rogaba que no le diese por la docencia. Toñito era un chico buenísimo, pero no tenía carácter para ser profesor; los chavales le torearían en dos minutos. Con Chus, las cosas eran… diferentes. Era el pequeño, se llevaba más de siete años con su hermano mediano, Amador y Polita le habían tenido buscando la niña, aunque nació el tercer varón, y cuando sus hermanos aún eran pequeños, pero… digamos que ya habían dejado de pedir a Papá que mirase en el armario y bajo la cama, no fuera que hubiese monstruos.

      “Hasta ahora, de los tres, es el que menos cates ha traído…”, pensó Amador mientras subía en el ascensor hasta el quinto. “A su edad, Ernesto ya había repetido primero de BUP, y Toñito llevaba con las mates para Septiembre, desde séptimo de básica… Vale, él ha tenido ordenador, internet, minicadena y móvil mucho antes que sus hermanos, pero también le ha pillado más joven todo el boom tecnológico… Antes, Toñito no soltaba la gameboy, y cuando Ernesto se ponía con la dichosa MegaNes o como cuernos se llame, no se podían ver ni las noticias… No creo que lo estemos mimando tanto, la verdad… Sí, al chico le quedaron dos para Septiembre, pero las sacó, y vale que el Inglés lo aprobó raspado, pero en Matemáticas sacó un 6.5, y la media de todo el curso fue 6.8, que no es que sea para tirar cohetes, pero tampoco es nada espantoso… En fin, ya veremos esta noche”, se dijo, mientras el ascensor se abría, ya en el quinto, y se dirigía a  su piso.

     -¡Al fin en casa…! – suspiró, soltando la cartera ahí mismo, en la esquina del recibidor. Un delicioso aroma a queso fundido llenaba toda la casa - ¡Polita! – se asomó a la cocina. Su mujer no estaba allí, y nadie le contestó. – Debe ser la moda de hoy, esto de no saludarme… ¡Polita! – Salió de la cocina y recorrió el pasillo, pero a la altura del comedor, un plumero multicolor le pegó en la cara. Estornudó y al abrir los ojos, se encontró a su mujer frente a él. Llevaba la blusa blanca arrastrando por el suelo, vestía un corsé azul del que casi se le salían los pechos, falda negra y los zapatos de tacón, y un delantalito blanco encima de la falda. Le apuntaba con el plumero, y antes de que Amador pudiera decir nada, le cosquilleó la cara otra vez y le echó el brazo por los hombros, meciéndose.

     -¿Qué creías, que no quería saludarte, profe…?

     -Co-ño, Polita…

     -Como mi maridito lleva dos semanas quejándose de los malos horarios que tiene este año, he pensado que le podía apetecer empezar el fin de semana, quitándose el stress… - Polita le abrazó y le besó en la nariz, contoneándose frente a él. Amador, muy sonriente, la abrazó de la cintura, y empezaron a caminar sin soltarse. Al maestro se le había pasado el cansancio, el malhumor, el hambre… todo a la vez. Y más cuando Polita, contoneo a contoneo, le llevó al salón en vez de al dormitorio; le daba muchísimo morbo cuando lo hacían fuera del cuarto; “como vuelva el niño, ya verás qué risa…” pensó, pero se dejó llevar hasta la alfombra, mientras su mujer le metía las manos bajo la chaqueta y empezaba a besarle la cara, suavecito, acercándose a la boca…

     -Polita… mi Poli, qué buena eres… siempre pensando en tu hombre…

     -Precisamente por eso… ya que soy tan buena contigo, sería un bonito gesto por tu parte… - “¡PELIGRO-PELIGRO!” empezó a sonar en el cerebro de Amador – Que esta noche, en lugar de torturarnos a todos con el partido del Athletic, que ya sabes que va a perder, veamos juntos “Dile que muero por ella”, que la ponen ésta noche, ¿hace?

     -¿Una comedia romántica…? ¿La noche del Derby? – Polita le tomó de las manos e hizo que las pusiera en sus nalgas. – mmmh… Polita… ¡que es el Athletic! ¡El Athletic es sagrado! – La mujer sonrió y se llevó las manos al corsé, sacándose los pechos de él. Tenía los pezones erectos, y a Amador se le fueron los ojos a ellos como un imán. – Polita… no seas tan mala… - Pero su mujer se rió por lo bajo y se arrimó a él, y empezó a besarle el cuello, a frotarle la entrepierna con el muslo… qué calientes estaban sus tetas…

     -Anda, Amador… amorcito… - susurró, con esa vocecita cariñosa que ponía sólo para él, abrazándole del culo y sacándole la camisa del pantalón. El profesor no pudo reprimir un escalofrío de gusto cuando ella le acarició los costados y empezó a subir por la espalda… - Sólo va a ser ésta vez… y en los descansillos, te dejo que cambies el canal… vengaaaa…

      Amador empezó a devolver los besos casi sin darse cuenta, y recorriendo la cara de su mujer, encontró sus labios, y la besó apretándola, metiéndole la lengua de inmediato, ¡qué bien sabía…! Y con qué dulzura ella le apretó, devolviendo el beso, en medio de un gemidito tan simpático… mmmmh… la apretó del culo, le estaba sobrando un montón de ropa, e intentó tirar de Polita para que ambos se arrodillasen en la alfombra, pero ella se resistió. Amador abrió los ojos. Su mujer le miraba con sonrisa de maldad.

     -Antes de meter, promete.

     -¡Polita…! ¿No sabes que todos los psicólogos dicen que no está bien usar el sexo como arma arrojadiza?

     -¿Cómo arma? – fingió escandalizarse ella - ¡Líbreme el Señor! Yo no te estoy chantajeando, sólo digo que, después de todo lo que te cuido, te mimo, todo lo que pienso en ti y me esfuerzo porque seas feliz, después de todo lo que hago por ti día a día, y a cambio sólo pido una película… ¿no te parece que sería muy cruel por tu parte, negarme ese poquito e insignificante caprichillo que pido….? – hizo temblar su barbilla, y los ojos le brillaron, pareció a punto de echarse a llorar, y Amador retiró la mirada, tocado en lo más hondo… esos ojitos… esos ojitos llevaban metiéndole en líos y sacándole promesas desde los dieciséis años, cuando ella estaba aún con aquél otro gilipuertas… Aquélla lejana tarde, Polita le miró con esos mismos ojitos, y él supo que estaba perdido. Igual que hoy.

     -Poli… eso ha sido jugar sucio. – intentó protestar, pero su esposa le sonrió más abiertamente y le agarró el miembro con la mano.

     -No, cariño… esto, habría sido jugar sucio. – bromeó, mientras movía la mano y Amador se estremecía bajo sus caricias.

     -Sea… aaaah… veremos la estúpida peli, prometidooooooo…

    En medio de una risita de triunfo, Polita se dejó arrodillar y tumbar en la alfombra del salón, algo áspera, pero cálida, y Amador  le atrapó un pezón con la boca mientras las manos de los dos aleteaban en la bragueta del profesor, bajándole apresuradamente los pantalones negros del traje. Amador, aún en calzoncillos, se dejó caer sobre su mujer, besándola, metiéndole la lengua hasta la campanilla, mientras ella lo abrazaba con manos y pies, y metía los brazos bajo la camisa, subiéndosela…. Qué bien abrazaba, qué calor tan dulce desprendía su piel… Amador se desembarazó de la camisa, sacándosela por la cabeza, y metió la mano bajo la falda de Polita, bajándole faja, medias y bragas de un solo tirón.

      Polita gimió, embriagada de deseo, al sentir las manos impacientes de su esposo apretarle las nalgas desnudas, y ella misma tiró de su ropa interior para sacársela, sin quitarse la falda. Amador le amasaba el culo, frotándose contra ella y soltando algún cachetito… es cierto que tanto él mismo como ella pasaban de los cuarenta (ella dos meses menor), que estaba tirando a llenita y algo blanda por la cintura; ya no era la chica de veinte años que tenía firme hasta el apellido… “Pero a mí, sí que me sigue poniendo firme….”, pensó el profesor. Para él, el mundo estaba lleno de mujeres hermosas, guapísimas, seductoras… y la suya, era la más guapa entre todas. Empezó a repartir besos rápidos y deseosos sobre las tetas de Polita, y empezó a bajar, hasta colocarse entre sus piernas, allí donde salía tanto calor y un olor tan tentador… Polita le miró, sorprendida. No era, ni de lejos, la primera vez que él la chupaba ahí… pero sí una de las pocas que lo hacía en un polvo improvisado.

       -¡Haaaaaaaaaaaaaaaah…. Amadoooor… ¿qué te ha dado…?! – preguntó la mujer, en medio de un fuerte estremecimiento, cuando su marido le abrió la vulva con los dedos y de un fuerte lametón, le metió la lengua lo más adentro que pudo. “Es tan… húmeda, y calentita… tan flexible, me toca tan bien… ¡aaaah, la está moviendo dentrooooo….!”, pensó Polita, sintiendo que su coño desbordaba, y su orgasmo llegaba a todo correr, y ella no pensaba detenerlo, ¡era sensacional! Más… un poco más, por favor, muévela un poco más… ¿eh?

      Polita levantó la cabeza de la alfombra para mirarle, y a Amador le costó trabajo contener la risa, pero le costó más aún no continuar lamiendo como un loco: su mujer estaba toda rojita, sudada y temblorosa, derretida de gustirrinín… pero él había parado.

     -¿Qué pasa…. Por qué no sigues, mi amor, si me gusta mucho…? – pidió ella.

     -Pues he pensado que… ya que yo te doy tanto placer, ya que siempre tengo ideas en el sexo para que no nos aburramos, ya que siempre te llevo a buenos hoteles, y me disfrazo, e imagino, y todo para hacerte feliz…

     -¡Serás guarro! – sonrió Polita, que sabía por dónde iba desde que le vio la sonrisa.

     -…He pensado que podíamos poner a grabar ese rollo de amor, y verlo juntos, pero después del partido, ¿hace? – Sonrió, pícaro. Polita le asesinó con la mirada, ¡pero estaba casi a punto de correrse, no era fuerte para negociar ahora!

      -Eres malo… - dijo, dejando caer de nuevo la cabeza en la alfombra. - ¡hace, vemos el partido! ¡Pero ahora vuelve a meter la lengua, y no pares hasta que me desma…aaaaaaaaaaaaaaaaaaaah….! – Polita ya no pudo terminar la frase, Amador se había lanzado sobre su vulva empapada y la penetró con la lengua, mientras la abría con los dedos para acariciar la punta del clítoris. Su mujer reía y gemía de gusto, sintiendo la esa lengua deliciosa, ese tentáculo de pecado entrar y salir suavemente, presionando… ¡oh, sí! La doblaba en el punto exacto, y sus dedos no dejaban de acariciarle la perlita, haciéndola saltar de gusto a cada segundo, ¡qué placer! Una sensación de plenitud se hacía más y más intensa cada vez que la lengua presionaba dentro de ella, y los pies de Polita empezaron a levantarse del suelo sin que ella misma se diese cuenta… pero Amador sí, y empezó a hacer sus caricias más velozmente, moviendo el dedo arriba y abajo, arriba y abajo, frotando sin piedad, y moviendo la lengua más fuerte.

     Polita ponía los ojos en blanco, su cabeza se movía y todo su cuerpo temblaba… ¡qué buenísimo era, se sentía taaaaaaaaaan bien….! El imparable cosquilleo se cebaba a la vez en la pared de su vagina y en su botoncito, le daba la impresión de que iba a estallar… y entonces, sus riñones parecieron estallar realmente, mandando la explosión por todo su bajo vientre, haciendo mil delicias cálidas que la hicieron estremecerse bajo la lengua y los expertos dedos de Amador, estremecida de gozo, notando la dulzura recorrer sus piernas temblorosas, su espalda curvada, sus manos que agarraban el pelo de la alfombra, y su boca abierta en un gemido infinito.

     La mujer respiraba en gemidos. Sonreía, con los ojos cerrados, los cabellos revueltos y una gota de sudor bajándole por la cara hasta el cuello… Amador, incorporado, la miraba, sonriente. Se ponía tan guapísima gozando… Al fin ella abrió los ojos, recuperada en algo la respiración, y le sonrió abiertamente. Se abrazó a él y se besaron, la lengua de Amador sabía salada, muy salada, pero Polita no sintió repelús alguno, todo lo contrario. Ese era el sabor de su placer…. Y recordando lo que había hecho, se dio cuenta que su Amador aún tenía hasta los calzoncillos puestos. Giró hasta quedar encima, y se los bajó de un tirón, apenas lo justo para descubrir lo que ella llamaba “esa maravilla de la Naturaleza”.

    El pene de su marido se erguía entre el negro vello púbico, y Polita se puso a caballito sobre él, mientras Amador se reía de puras ganas, sólo el pensar en el placer que le esperaba, el inmenso gusto de meterse en ella… Polita se frotó contra su erección, mojándole la verga con su flujo, tan caliente… Amador tuvo que cerrar los ojos de gustito, y la agarró del culo, por favor, que se la metiera ya… ya…    Su mujer sonrió dulcemente, se aupó, orientó el miembro de su marido y se dejó caer de un viaje.

      -¡Haaaaaaaaaah! – Amador se encogió, tensando todo el cuerpo, ¡qué sensación! Era tan dulce y tórrido… era una gran bañera de agua caliente, era seda pura, era como… “como mermelada calentita”, pensó, recordando aquélla entrañable estupidez que se le había colado en la cabeza la primera vez que hicieron el amor, hacía ya más de veinticinco años…. Polita, sosteniéndose los pechos con las manos y mordiéndose el labio inferior, empezó a moverse sobre él, entrando y saliendo, y haciendo círculos… cada subida y bajada, a Amador se le iba el alma, podía notar su miembro saliendo de ella sólo un poquito, para casi enseguida verse abrazado otra vez, recogido dentro de ella… cada meneo de caderas le movía todo el sexo, pero no sólo su pene estaba de fiesta: todo su bajo vientre parecía temblar, y le daban escalofríos deliciosos a cada vez que ella se movía.

    Polita apoyó los codos en el suelo, para ponerle las tetas en la cara, y Amador pensó que su costilla quería volverlo loco, o matarlo a polvos… “”Murió feliz”, podrían poner en mi lápida”, pensó, y él mismo empezó a mover las caderas, combinando sus meneos a los de Polita, mientras le chupaba las tetas… qué calientes eran… qué suaves, y qué bien olían, jabón y perfume, sales de baño, la crema hidratante, y el perfume… joder, qué bien olía la puta colonia esa, se la iba a comprar por azumbres,  mmmmmh… “ahora mismo, no hay nadie en el mundo que esté ni la mitad de a gusto que yo…”, se dijo Amador, tomó aire y aprisionó a su mujer contra sí, balanceando la cara entre sus pechos, hundiéndose en ellos, eran tan grandes y dulces que podía morirse ahogado entre ellos, haaaaaaaaaaah….

     Polita se rió, y su risa hizo temblar sus tetas, y empezó a moverse más deprisa, con más decisión, subiendo y bajando a golpes que hacía chasquear sus sexos húmedos. Amador tuvo forzosamente que soltarla y tomar aire, el placer le embriagó de golpe y le hizo temblar, agarró los pechos de su mujer y los apretó, sintiendo que el dulce cosquilleo le bajaba por la tripa y empezaba a tentarle la puntita del miembro… sí, sí.. sí…. Y se detuvo.

       -¡AH! ¡JODER…. Cabronaaaaaaaaaaaa…..! – Amador apretó los dientes, Polita se había salido de golpe, justito un segundo “antes de”. Su polla gritaba de frustración, y sus testículos llenos le dieron un latigazo de dolor caliente. – Esto no es justooo…

       -He pensado que mejor, ponemos a grabar el partido, y lo vemos juntos, pero después de la peli… ¿no quieres?

      Amador parecía casi a punto de llorar cuando gimió con voz de falsete, por un ladito de la boca:

     -Mecagoenmiputamadre…. Vale. – Polita sonrió, encantada, y se dejó caer de nuevo. Y Amador pensó que se había muerto, y estaba en el Cielo, ¡Dios, qué gusto, qué placer, qué alivio….! Su miembro gritaba de gratitud como antes de frustración, y con la misma intensidad, haciéndole sentir el placer infinito por todo el cuerpo, no había parte de su piel que no sintiese cosquillas y dulce picor, sus testículos le mandaban chispitas de gozo, y Polita no dejaba de brincar, sin salirse apenas, dejándole dentro todo lo que podía, haciendo que su glande se frotase contra su estrecho interior, y Amador sonrió sin darse cuenta, al notar que la explosión le llegaba, por fin, sí… un roce más, una arremetida más, y su frenillo palpitó dentro de su esposa, sus testículos zumbaron de gloria y un espeso chorretón de esperma le recorrió el miembro y salió despedido al vientre de su mujer, que sonrió al notarlo escurrir, quemando, mientras Amador notaba que sus caderas daban golpes para expulsarlo, el culo se le contraía y todo su cuerpo era bañado dulcemente en calor y en un bienestar indecible, y los ojos se le cerraban… ay, qué bueno había sidooooo…..

      Polita, tumbada sobre él, le llenaba la cara de besitos suaves, ahora mucho más tranquilos, y Amador la abrazó. Sea. Verían la peli esa, y él grabaría el partido, qué remedio… pero había valido la pena, vaya que sí.


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     -Sí, hombre, claro, ¡venga ya! ¿Pero qué clase de gilipuertas trabaja soldando con unas simples gafitas…? ¡Y ni una manchita en el mono, por supuesto…! Oigh, oigh, el pelo, oigh, qué guapísimo soy, me salgo, vamos…. Mira, mira qué payaso, por favor… Sí, arréglate otra vez el pelito, chato, que no te hemos visto, oigh, que se rompe, por Dios…

      -¿Bueno, Amador, te vas a callar, por favor?

     -¡Pero es que esto es una chorrada detrás de otra, Polita! Amos, no me jodas, esto es peor que las novelas Corazón que se leía mi madre, por favor…

     -¡Y que no se calla! – protestó Polita. Esa noche, sentados los tres frente al televisor mientras cenaban sándwiches calientes y frutas secas, estaban finalmente viendo la película, con no muy buen agrado del componente masculino, entiéndase Amador y Chus. El padre, ya con su cómodo pijama a rayas y sus pantuflas de cuadros, no cesaba de comentar lo artificioso y nada natural de la película, todo hecho a propósito para el lucimiento del protagonista.

     -Mamá, es que tiene razón… no les falta más que poner en la pantalla “el guapo”, cada vez que sale…

      -¡Jaja, como en El bueno, el feo y el malo! – se rió Amador.

     -¡Mira, me tenéis hasta las narices ya! ¡O me dejáis ver la peli, o el bizcocho que he hecho, no se toca hasta mañana!

     -Papa: me apetece verla. – dijo Chus, y Amador asintió, dispuesto a guardar silencio. Lo cierto es que le había prometido al chico pagarle el concierto dichoso si le apoyaba haciendo frente los dos contra la película, a ver si lograban que Polita se hartara y les dejase ver el partido en directo, pero un bizcocho casero de los de su mujer, todo esponjoso y dulce, rellenito de crema y con el azúcar glas por encima… era un argumento demasiado poderoso.