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lunes, 7 de julio de 2014

Amores que matan (Primera parte)


     -Toñito, amigo mío desde el Colegio… Perro, amigo desde hace menos tiempo, pero no por ello menos querido… Zorra con suerte, también llamada Sofía, querida hermana… todos sois mis amigos, y os quiero. Y no tiene sentido seguir ocultándoos la verdad. – Aquélla tarde de jueves, Pastor había pedido a todos quedar en la cafetería. Según decía, tenía algo importante que decirles, y apenas habían llegado los tres, el joven estudiante se puso a hablar muy solemnemente. – Zorra, tú me convenciste de esto. Lo hice muy a regañadientes, pero… aunque me pese reconocerlo… tenías razón. Traviesa es una gran chica, y una gran persona. Y la quiero. 

     -¡Pastor…! – Zcs casi se emocionó. Pastor y ella no eran hermanos sanguíneos, pero se habían criado pared con pared, y se querían como tales; su “hermano mayor”, a raíz de un desengaño amoroso, se había vuelto muy desconfiado, y el que ahora fuese capaz de admitir esto, era una gran alegría para ella… y no sólo por su hermano, también por ella misma, que por fin podría confesar que tenía un novio a escondidas. Tony, el profesor de Arte Dramático. 

     -Sí. – Pastor estaba algo incómodo, le molestaba tener que admitir que se había enamorado, que Traviesa no era una buscona que sólo quería su cuerpo… pero era algo que había que hacer, no podían seguir viéndose a escondidas como si fueran amantes. Que lo eran, pero esa era otra historia. – La quiero, estoy enamorado de ella, y ella de mí. Y me gustaría que mañana, cuando juguemos la partida como cada viernes, ella venga y participe también. Supongo que no os opondréis…

      -¡Claro que no! – Gritó Toñito, el Gordito. Zorra lo coreó y el Perro, que nunca hablaba, asintió vigorosamente con la cabeza. Pastor sonrió con alivio….  Pues no había sido tan difícil. “Seguro que será más difícil con la familia”, pensó el joven. “A mi madre seguro que le gustará, a mi padre… bueno, habrá que prepararle. Sólo espero que su padre, me tome bien a mí. Bueno, yo soy un chico responsable, serio, y voy en serio y a la buena con su hija, voy “por lo derecho”, que diría mi madre… No creo que le vaya a caer mal. Seguro que no le disgusto”.



*******************



     "Maldita sea su estampa..." se repetía Antonio una y otra vez "Maldita toda su sangre, me cago en su corazón, maldita sea su estampa...". La verdad que le molestaba sentirse así, no quería sentirse así; al fin y al cabo, su hija era juiciosa, ella no se dejaría engañar por un cualquiera, ella no... No cometería el mismo error que cometió su madre, ni Amparo, ni Dolita, ni Lali, ni... Ni ninguna de esas pobres desgraciadas que tuvieron la mala suerte de cruzarse en su camino. Las más afortunadas, sólo sacaron de la relación un corazón destrozado. Las menos, un bombo y un abandono en el hospicio de La Magdalena Penitente, donde él mismo había pasado parte de su niñez, y donde acallaba un poco su conciencia, diciéndose que eso era "lo mejor para ella, lo mejor para la criatura...". Sólo en el caso de la niña no había sido así.... Le molestaba reconocerlo, pero cuando nacían varones, la cosa le daba más igual... Los chicos eran fuertes, y si se parecían un poco a él, lo más fácil, caso de habérselos quedado, es que acabasen a hostias el mejor día. Una niña, era otra cosa. A una niña, no la podía dejar ahí sola, sin nadie para cuidar de ella.... 

     Dios sabía que no había sido fácil para él, había tenido que renunciar a muchas cosas, hacer cabriolas para ir a buscarla todos los veranos, pero lo había hecho. Era consciente que no la había criado en el mejor de los ambientes, que no le había dado la mejor educación o los mejores valores.... Pero mira cómo ella solita, con dieciséis años, ya dijo que quería volar sola, que se había terminado papar moscas con las monjas... Ole tus cojones, Tesa, ¡Ahí se nota que eres hija mía! Nada le había dado mayor orgullo que saber que su pequeña hija quería independizarse, dejar de ser la carga que para él había sido durante todos esos años, y ser libre. Claro está que se preocupó... Él mismo  se encargó de buscarle trabajo en un bar de confianza, y, esto no lo sabía Teresa, pero se pasó llamando muchas noches al dueño, amigo suyo, para preguntarle qué tal iba su chica, si trabajaba bien, si era responsable.... Y recordarle que podía estar todo lo independizada que ella quisiera, como se propasase con ella, le cortaba los cojones.

     Emiliano, el dueño del bar, solía reírse y un día le contó que nadie tenía que propasarse con su chica, que era ella quien se propasaba con los tíos, que cada semana se llevaba al cuarto a uno distinto.... Sin duda, esperaba que Antonio se cabrease, que soltase pestes de su propia hija, pero Antonio sólo preguntó:

    -¿Les cobra?

   - Que yo sepa, no... 

   - Ah, pues si lo hace por vicio, tiene el mismo derecho a darle gusto al cuerpo que el sinvergüenza de su padre. O el capullo de su jefe, ¡Que para mí que lo que te molesta, no es que lo haga con todos, sino que lo haga con todos, salvo contigo, cabrón! - Emiliano se había partido de risa, con esa risa dolida y venenosa que denotaba que Antonio tenía razón.

   Aún desde lejos, aún de su muy particular manera, pero Antonio siempre había velado por ella y la había protegido. Aunque no le hizo gracia que se juntara con el tal Tony, el cantantucho ese de feria de pueblo, lo había consentido porque Tesa le ponía por las nubes y decía que no se acostaban. Antonio aún pensaba que ese chico era una maricona, no había otra explicación... Pero fuera como fuese,  había sacado a la chica del vicio de acostarse con un tío distinto cada ocho días, y la llevaba siempre con él, como si fuera un amuleto. A Antonio le molestaba ese paternalismo, ¿Quién se creía que era ese gilipuertas? Tesa ya tenía un padre, no le hacía falta que ningún niñato de voz empalagosa se creyese una especie de protector para ella... Pero Teresa lo adoraba, y había que reconocer que ganaba dinero. No es que fuese rica,  ni mucho menos, pero ganaba bastante más dinero que sirviendo Soberanos en el bar, y se estaba haciendo un porvenir.

     Luego, vino lo de la universidad. A Antonio no le había gustado gran cosa que decidiera instalarse en una para ayudar a Tony... Que sí, que eso de estar de profesora adjunta de Arte Dramático daba mucho caché, pero en las universidades había tanto vicio... En la feria, es cierto que se fumaba y bebía, y él mismo le había dado buchitos de cerveza desde bien pequeña, pero eso era distinto, él era su padre, era mejor que esas cosas, las probase en casa... Es cierto que había alguno que fumaba hierba y menudeaba con ella, es cierto que él mismo la fumaba de vez en cuando, ¡Pero eso era diferente! En la feria, todo el mundo se conoce, a última hora, si alguien hubiese ofrecido porquerías a Tesa, él mismo hubiera podido ir a partirle la cara al que fuera, pero en la universidad.... Allí ya hablábamos de pastillas raras, de tripis, de coca.... De cosas muy diferentes. No obstante, Tesa siempre decía que Tony (Antonio solía llamarle Tonti, diminutivo de Tontideloscojones), cuidaba de ella y que ella era una chica sana y responsable.... Todo lo más, fumar de vez en cuando. Antonio sabía que ella era sincera, nunca le había mentido. Le callaba cosas, como cualquier chica a su viejo, pero cuando le preguntaba directamente, ella siempre contestaba la verdad.

     Pero ahora, esto. Esto no... Tesa le había contado que tenía novio, y que se sentía la chica más feliz del mundo, que su novio era un chico maduro, responsable, serio, que la quería y respetaba...¡ Y una mierda!  ¡Si sabría él como eran los tíos! Tesa podía decir lo que le diera la gana, pero antes de que ella se enredase más con ese chiquilicuatre, Antonio Expósito, más conocido por Antonio Braguetazo, tendría que dar su visto bueno.

     "Me juego un huevo a que es un sinvergüenza que pretende aprovecharse de la chica. Que sólo quiere meterla en caliente, y adiós muy buenas....", se había dicho, de camino a la universidad, con su camioneta. Había dejado la caravana en la feria, a casi cien kilómetros de allí, pero no iba a llegar con toda la barraca de tiro al blanco, era mejor ser discreto. Al fin y al cabo, no quería que Tesa se enterase de que estaba allí, no de momento... Quería investigar al pájaro ese, quería ver qué clase de tío era, pero de verdad, no que su hija le dijese que era muy estudioso, y muy trabajador, sino poder verle sin que él lo supiera, y comprobar qué clase de tío era. Tesa le había mandado una foto de ellos dos juntos, así que no podía equivocarse de tío. El tal Pastor era un criajo alto y con el pelo zanahorio, con ridículas gafitas redondas que le daban pinta de asesino... De esos que salen en las películas, que abusan de niños y los matan, pero la verdad que tenía demasiada cara de tonto hasta para eso, pensó, mirando de refilón la foto, mientras conducía.

     Eran cerca de las once cuando llegó a la universidad, aparcó la camioneta fuera de los terrenos y se dirigió a la zona que separaba las residencias masculina y femenina; ya había ido otras veces a visitar a su hija y conocía el lugar, y, lo que era más importante, conocía a los conserjes, los tíos de las cafeterías y hasta al lavandero. Braguetazo tenía amigos hasta en el infierno, y ellos le dirían mucho de lo que necesitaba saber. Casi no había gente ya fuera de las residencias, pensó mientras se dirigía a la masculina, donde podría informarse acerca del chico ese, Pastor, cuando, mira por donde, le vio acercarse, junto a una chica... Que no era su hija.

     Antonio se ocultó tras uno de los árboles del bosquecito que separaba las residencias masculina y femenina, para verlos pasar. El tal Pastor hablaba muy animadamente con la otra chica. Aunque llamarla chica, era casi un piropo, porque vaya pintas que llevaba... Todo el pelo desordenado, ropas holgadas y andares descabalados. ¡Si quería ponerle los tochos a su hija, por lo menos, podía tener un poco de gusto! Los siguió hasta que llegaron a la residencia femenina, a una distancia prudente. No podía oír lo que hablaban, pero no le hacía falta, bastaba ver cómo caminaban para ver que no eran simplemente amigos; jugaban, se perseguían, el cabrito de Pastor le cogía la cabeza bajo el brazo.... "serás hijo puta... Has pretendido reírte de mi hija, pero te lo voy a hacer pagar", pensaba.  Una vez en las puertas de la residencia femenina, la chica dio un beso en la cara a Pastor, y cuando ya se iba, aquél cabrón la agarró y levantándola en vilo la abrazó con fuerza, dando vueltas y riendo con ella. 

     -¡Traviesa te pone de buen humor! - bromeó la chica, y eso puso aún de peor humor a Antonio, ¡El cabrito del tal Pastor, no sólo engañaba a su hija, sino que ni tenía el buen gusto de llevarlo en secreto, la otra estaba enterada de que tenía una novia! Qué asco de tiempos. Él mismo podía ser un cabrón con las mujeres, pero cuando estaba con una, esa una, era la única, y no sabía nada de las demás, ¿Qué clase de tía aceptaba ser la otra tan alegremente? Alguna guarra, claro. O una pobre idiota que quería demasiado al cabrón de turno, y a cambio de estar con él, tragaba lo que sea... No importaba, dentro de un ratito, no tendría porqué preocuparse más, ni él, ni ellas. Tesa no se lo perdonaría jamás, así que ella no debía enterarse. Para ella, sólo debía ser un accidente.

     Siguió a Pastor durante el camino de vuelta a la residencia masculina, a través del bosquecito que las separaba, sin que el muchacho se diese cuenta, con sigilo... Pero lo cierto es que podría haber ido sin ninguna precaución, y Pastor no lo hubiese notado, se sentía tan puramente feliz, que era incapaz de oír nada más allá de su propia alegría. Los estudios le iban bien, sus padres estaban contentos, tenía buenos amigos, una hermana excepcional a la que acababa de dejar en su residencia, y una novia increíble. ¡Y pensar que fue tan reacio a salir con ella! De no haber sido por Zorra Con Suerte, su hermana, no habría llegado a atreverse. ¡Que tontorrón! Era feliz, estaba tan contento... Y de golpe, se le cortó la respiración, y notó un frío increíble y un dolor espantoso a la altura de los riñones. Enseguida llegó el calor, y supo que su propia sangre le estaba chorreando espalda abajo, y un sabor terroso en su nariz y su boca al darse cuenta de que había caído al suelo, mientras todo se volvía negro y se apagaba a su alrededor. Lo que no pudo sentir, fue miedo. No dio tiempo.

     Apenas Antonio retiró la navaja de la espalda de Pastor y éste cayó al suelo ahogando un grito, desmadejado como un monigote sin vida, empezó el jaleo, empezaron a encenderse luces en la residencia masculina cercana, y a oírse gritos, pero él, claro está, no iba a quedarse allí para ver qué sucedía, recogió la cartera de Pastor, limpió la sangre de la navaja en las ropas del chico y echó a correr a través del bosque, dejando los gritos atrás en pocos segundos. Como ya sabía, no había especial vigilancia, aún de noche, en una universidad, y no le fue difícil despistar a los paseantes y a los curiosos, ganar la verja y saltar por ella, regresar a su furgoneta y alejarse del lugar; mientras conducía, sacó el dinero de la cartera de Pastor y arrojó esta por la ventanilla. No había tardado ni diez minutos en acabar con ese soplapollas, su hija estaba a salvo. Apenas llevaba un cuarto de hora conduciendo, cuando precisamente ella llamó. Antonio descolgó, pero no le dió ni tiempo a contestar:

     -¡Papá, ¿Dónde estabas?!  ¡Te llevo llamando toda la noche! ¡Ven al hospital, tienes que venir al hospital! - era indudable que la niña se había enterado, se la notaba muy nerviosa.

     - Tesa, ¿Qué pasa? ¿Qué dices de un hospital, qué hospital? 

     -¡Es Pastor, papá, le han herido..! - Tesa sollozó, pero Antonio estuvo a punto de dejar caer el teléfono, o de estrellarlo y hacerlo mistos contra el volante. No estaba muerto, sólo lo había herido. "Me cago en su corazón, le he metido la navaja en los riñones, ¡Tendría que estar más muerto que Napoleón, joder!", maldijo, pero aun fue capaz de enterarse de dónde estaba el puto hospital al que le habían mandado, y dirigirse hacia allí. Ni siquiera reparó en el papelito que tenía prendido al parabrisas de la furgoneta.



                                         *************************************


     Traviesa lloraba, y no era la única, Sofía, más conocida como Zorra Con Suerte, o Zcs, para acortar, tampoco podía retener el llanto... Su hermano la había dejado en su residencia, como siempre hacía, apenas diez minutos antes de la llamada, y aún podían dar gracias de que varias personas hubieran visto la agresión y hubieran llamado a Emergencias de inmediato... Tony, novio de Sofía y gran amigo de Traviesa, apretaba contra su pecho a las dos, y Rob el Perro y Gordito, amigos de Zorra y Pastor también estaban allí.

     - Traviesa, yo he visto a Pastor, y, Sofía, tú le conoces.... Las dos sabéis que es muy fuerte, saldrá de esta, ya veréis. - Traviesa estaba cegada por el llanto, y Zorra también, pero ésta además era la novia de Tony, y conocía bien a su querido, así que no pudo evitar fijarse en cómo apretaba las piernas y se le movían los pies.

     - Tony, te estás orinando vivo.

     - ¿Ah? - se sorprendió Tony, pensó que estaba disimulando mejor, y realmente lo estaba haciendo, pero ella lo había notado. - No, no importa, de verdad, me puedo esperar. Esperaré hasta que nos digan algo más definitivo sobre cómo está.

    Zcs sonrió con tristeza.

     - Vete al baño antes de que te lo hagas encima, yo me quedo con Traviesa... Anda, ve. - Tony miró a Traviesa, y ésta asintió a través de las lágrimas. El joven sólo dijo "¡Gracias!", y salió disparado.  Las dos chicas se abrazaron, y Rob y Toñito se arrimaron a ellas. El Perro era más entero, pero a Gordito Toñito le faltaba bien poco para echarse a llorar él también. Zcs sólo rezaba porque Rob siguiese tan frío como estaba; si seguía frío, quería decir que no había cambios en el estado de Pastor. Desde luego, si sonriese y empezase a mover el trasero, sería mejor aún, porque significaría que su amigo estaba fuera de peligro, pero hasta que se diese el caso, mejor que siguiese frío, porque después estaba la tercera posibilidad: que empezase a aullar. Y eso querría decir que Pastor... Se habría ido. Sofía no quería ni pensar en aquéllo, de modo que se quedó mirando al Perro, con cara de ansiedad. Rob el Perro era un chico de apariencia casi normal, fuerte y algo llenito, de  amistosa cara redonda, que apenas hablaba, y muy peludo... Era su carácter lo que presentaba anomalías, al menos desde el punto de vista humano. Desde el canino, Lassie hubiera podido tomarlo perfectamente por un primo suyo, aunque por un extraño azar anduviese a dos patas, en lugar de a cuatro. 

     Y precisamente Rob, alzó de pronto la cara y empezó a emitir un gruñido bajo, mirando hacia la puerta de Urgencias, cuando apareció Antonio, y Traviesa se lanzó en sus brazos. 

     - ¡Papá! - Antonio devolvió el abrazo con gesto grave, sin reparar en el bajo rugido de Rob, ni en el modo en que lo miraba Zcs.

     - Tesa, hija... ¿Cómo está el chico, está bien? - Zcs se puso blanca al oír la voz del padre de su amiga, y agarró al Perro del brazo, quien dejó de rugir al momento. Gordito era más inocentón, pero incluso él se dio cuenta.

      - Zorra, ¿no crees que...?

     - Ssssssssssh... - musitó la joven.

     - Le han apuñalado, papá... Le han herido por la espalda... - sollozaba Traviesa - pero todavía no sabemos nada... Siento haberte hecho dar éste rodeo, ¿ya estabas en la Universidad?

    -No, no te preocupes, aún estaba de camino, no importa.

     -Bueno, mejor… E-estos son mis amigos... Éste es Toñito... Rob el Perro... Y ella es mi mejor amiga, Sofía...

     - Puede llamarme Zcs, señor - contestó la joven, tendiendo la mano, que Antonio apretó con fuerza.

     - ¿Y tu Tony, no está aquí precisamente ahora...?

     - Por favor, no empieces, papá.

     - No, si yo no digo nada… sólo que mucha amistad, mucha amistad, pero a la hora de la verdad, ¿quién está aquí? Tu puñetero padre, el golfo de tu padre, el calavera de tu…

     -¡Ha ido al baño!

     -Sí, de hecho creo que será mejor que vaya a buscarle – intervino Zcs dando una palmadita en el brazo del Perro, quien asintió imperceptiblemente, y dejó de sonreír… o de estirar la boca enseñando los colmillos. El olfato de Rob el Perro era prodigioso. Tanto, que era capaz de notar si una persona había estado recientemente cerca de otra, aunque sólo hubiera sido durante un momento… Zcs tenía sus sospechas, el rugido del Perro se las había confirmado, pero si ella quería a buscar a Tony, e impedir que él y el padre de Traviesa se encontraran, era por otra razón: por el extraordinario parecido que su novio y el feriante guardaban. Mucho se temía ella, por más que su amante no hablase de ello, que él ya sabía que Traviesa y él eran hermanastros, pero quien no lo sabía, era la propia Traviesa, y Zcs pensaba que ya había tenido suficientes emociones por una noche, como para añadirle otra más, y encima esa. Su amiga asintió con la cabeza, y cuando Zcs echó a andar por el pasillo, aún oyó que Antonio le preguntaba de nuevo a su hija quién era… “mi mejor amiga chica”, contestó Traviesa.

     De camino a los lavabos, e intentando pensar en algo que alejase de allí a Tony, el móvil de Zcs sonó, “Universidad”, decía la pantalla.

     -¿Diga?

     -Buenas noches, srta. Salieri – Si existía una voz capaz de convertir de inmediato el agua en cubitos, era la voz del Decano. Zcs, cuyo apellido era Salieri, sentía un respeto sólo profesional por el Decano Zato, y su voz no era la que prefería oír en aquéllos momentos, pero al mandamás de la Universidad, no se le colgaba así como así… la joven casi podía ver su boca de labios finos y sonrisa maliciosa, enmarcada por la arrogante perilla negra y el bigotito, echando su aliento mentolado sobre el auricular del teléfono. – Estoy enterado de lo sucedido, y espero que su amigo se recupere lo antes posible… No obstante, el motivo de mi llamada, no es ese. – Zcs no se sorprendió de que el Decano estuviera ya al tanto de lo que había pasado, ni tampoco de su falta de interés humano. Tampoco contestó nada, el Decano SABÍA que ella estaba escuchando y eso fue lo que ella se limitó a hacer. – Éste desgraciado incidente puede perjudicar sobremanera a la Universidad, si llegase a hacerse público… Sé que usted está estudiando Criminología. Voy a ofrecerle una oportunidad de demostrar sus conocimientos. Tiene cuarenta y ocho horas para darme al autor de la agresión, pasado ese plazo, tendré forzosamente que dar parte a la policía. Si la Universidad no se ve en ese inconveniente, es posible que me sienta agradecido, pero si SÍ se ve… yo sé que usted es una persona responsable que no ha hecho jamás ninguna tontería, pero si hubiera hecho algo como… no sé, mantener una relación inadecuada con un profesor, aunque fuese el profesor de una actividad extraordinaria, por ejemplo, eso haría que ese profesor fuese despedido y suspendido de por vida, y usted, expulsada…. Pero eso, no sucederá. ¿Entiende qué quiero decir?

     -Perfectamente, señor.

    -Estaba seguro de ello. Buena suerte con su investigación, srta. Salieri. Oh, y… Trabaje con profesionalidad. Sobre todo, no se sienta presionada.

     Zcs no tuvo que colgar, el Decano ya lo había hecho por ella. “Genial”, se dijo solo. Tony se le acercaba de frente, y ella le detuvo 

     -¡Tony! Tienes que hacerme un favor – dijo, y le explicó qué quería.

     -¿Pero…? Por esa zona, ya habrán pasado ya unas treinta y cinco personas, ¿seguro que esto te va a servir?

     -Quizá más de lo que crees. – suspiró – Es muy simple, en la facultad de Bellas Artes puedes conseguir el yeso; sólo ve allí, recuerda que Pastor calza un 42, y son mocasines puntiagudos y casi lisos; saca un molde de yeso de las huellas que veas. Asegúrate de que te ve la mayor cantidad posible de gente, y si alguien te pregunta, contéstale la verdad, ¿lo harás? – Tony asintió y se marchó por otra de las puertas. No le hacía gracia dejar allí a Traviesa, pero Zcs le aseguró que era lo más urgente, y le prometió que le disculparía con ella…. Bien. Eso arreglaba lo de Traviesa por ese lado. Ahora, quedaba el resto.



******************


     -¿Dónde está Tony? – preguntó su amiga, apenas la vio llegar.

     -Ha tenido que irse, le llamó el Decano por este asunto, dijo que era urgente… ya sabes cómo es el Decano – contestó Zcs. Antonio hizo un mohín de desprecio –. Ah, chicos… - Zcs se rió con risa floja – El Decano quiere saber dónde estábamos a la hora de la agresión…

     -¿Qué? – dijo Toñito.

     -Sí… me ha dicho que pregunte por ahí, que vea si alguien vio algo raro anoche, o si alguien coló a algún novio, o cosa así… Para ver si ha podido ser algún estudiante, o simplemente algún chalado.

     -¿Te ha encargado la investigación? – La voz de Traviesa estaba teñida de apreciativo orgullo, Toñito la miraba con una enorme sonrisa. Rob sólo dejó ver un colmillo en una mueca de complicidad.

     -Bueno, investigación, investigación… sólo que pregunte por ahí. El Decano quiere que todo quede en casa. Si le doy un culpable lo antes posible, no habrá que molestar a la policía. – En ese preciso momento, salió uno de los médicos y los cuatro se volvieron hacia él. Antonio se quedó atrás, pero con evidente gesto de ansiedad.

     -¿Cómo está, doctor? – preguntó enseguida Traviesa.

     -La herida ha sido grave – contestó el médico – Aunque no tanto como podría haberlo sido. El agresor pretendió atacar en los riñones, pero el cuchillo se le deslizó por el costado. Su amigo ha perdido mucha sangre. – El Perro se acercó y se arremangó la sudadera.

     -Nuestro amigo quiere decir que es donante universal, y está dispuesto a dar su sangre. – “tradujo” Toñito.

     -Pase, rápido – repuso el médico – precisamente es lo que venía  a preguntarles, si alguno tenía su grupo sanguíneo… el chico hizo referencia a una hermana…

     -¡Soy yo! – se adelantó un paso Zcs, y a Antonio se le abrió la boca. ¿Hermanos? No jodas que eran hermanos y no novios… la había cagado – Bueno, no somos hermanos de sangre, somos… ¡es un poco complicado para explicarlo aquí! No creo que yo le sirviese para dar sangre… - “¿Su hermana que no es su hermana de sangre…? Espera, que lo mismo no la he cagado. Hasta que no se demuestre lo contrario, esos dos, están liados”, pensó Antonio.

     Traviesa rompió a llorar otra vez, y Antonio la tomó del hombro y la apretó con fuerza, en apariencia molesto – Bueno, Tesa, deja ya los gimoteos… ¿no acabas de oír que se va a poner bien? ¿Para qué querrían sangre si no…?

     -¿Es eso verdad, señor? – quiso saber Traviesa, mirando al médico - ¿Se va a curar?

     El médico sonrió.

     -¿Usted es su novia, verdad? También preguntó por usted… No se apure, es un chico muy fuerte. Se pondrá bien. – Traviesa dejó escapar un gemido de puro alivio y empezó a dar besos a todos los que se ponían a su alcance (Toñito se puso a tiro aposta dos veces, y se sintió un poco culpable, pero es a que a él, no le besaban todos los días chicas tan guapas como Traviesa), incluido su padre, quien le devolvió una sonrisa forzada.

     -Traviesa, si… si quieres quedarte aquí hasta que te dejen verle, yo puedo quedarme contigo – sonrió Gordito – A fin de cuentas, no puedo volverme, el coche que tenemos es del Perro y yo no sé conducir.

     -Oh, Toñito, ¡qué amable eres, mil gracias! – contestó la joven, y se volvió hacia Antonio - Papá, sí, yo esta noche, me voy a quedar aquí, quiero estar… por lo que pueda pasar. ¿Te importaría acercar de nuevo a Sofía a la Universidad? Ella no tiene coche…

     -¿Y me haces venir para que después te deje sola?

     -No estoy sola, Gordito se queda conmigo… Además, quiero que ella empiece sus pesquisas cuanto antes – Zcs sonrió. Antonio hizo un gesto de malhumor.

     -Teresa, a ver si te queda claro: he venido aquí a verte, no a hacer de chofer para tus amiguitos, porque si es así… - Traviesa no le dejó acabar la frase, se abrazó a su pecho emitiendo una especie de ronroneo. – No. No, Tesa, no empieces con arrumacos.

     -Por favooooooooor….  Anda, venga, papaíto guapo, ¿mmmh….? – canturreó Traviesa - ¿no vas a hacer esto por tu chica favorita?

     Antonio no pudo evitar sonreír. No quería, le había fallado el plan, estaba de mala leche, y de postre, su hija le mandaba a hacer recados… pero es que Tesa tenía razón: era su chica favorita, y no podía negarle nada; por su niña había hecho cosas que jamás habría hecho por ninguna amante, o, caso de haberla conocido, hasta por su propia madre. Cedió.

    -Venga, está bien, vale, la llevo a la jodida Universidad…

     -¡Ay, qué guapo es mi papi! ¡Gracias! – contestó Traviesa, y le besó.

     “Tener que llevar en mi furgoneta a la chica que está traicionando a mi hija, que ella considera su mejor amiga, y que encima, está husmeando el asunto. Me cago en mi vida, me lo dicen ayer, y juro que quieren quedarse conmigo”, pensó Antonio, mientras Zcs caminaba junto a él, sin dejar de mirarle, como una niña curiosa, una de esas crías que te miran a escondidas y que cuando les devuelves la mirada y les sonríes, se tapan los ojos y te observan a escondidas por entre los dedos… “A lo mejor, puedo sacar algo de todo esto… Si el único tío que ha conocido, y por su apariencia, lo difícil es que haya habido alguno, ha sido el meapilas del Pastor ese, no me costará demasiado”.

     -Perdona si he estado algo borde ahí dentro – dijo, recolocándose las cadenas de oro sobre el pecho peludo, y rascándose sin ningún reparo desde el cuello a los sobacos, para producir olor. – No ha sido culpa tuya… ¿Sofía te llamabas, verdad?

     -Sí, señor.

     -¡Joder, no me llames “señor”, no soy tan viejo…! – sonrió Antonio, enseñando el colmillo de oro.

    -Perdón, señor… ¡oh! Lo siento, he vuelto a hacerlo… - se sonrojó. Era monilla. Con todo aquél pelo zanahorio revuelto como si alguien se lo hubiera alborotado, o si acabase de salir de una pelea de almohadas, y con la ropa tan ancha que llevaba, esos pantalones de camuflaje, la camiseta del esqueleto tocando la guitarra y la chaqueta vaquera que le quedaba grande, y todo tan arrugado como una cama deshecha, y esa apariencia en conjunto insignificante… aún así, era monilla.

     -Mira, si tú me llamas a mí “señor”, a ti te voy a llamar yo… “Brujita”. – la chica le miró y sonrió, con algo de apuro. No parecía molestarse. El Antonio abrió la puerta de la furgoneta. – Hala, sube, Brujita.  – Pero la chica se quedó mirando el papelito amarillento que estaba prendido al limpiaparabrisas, se aupó sobre el capó y lo cogió.

      -Me temo que le han puesto una multa, señor… - la chica hizo ademán de tenderle la papela, pero retiró el brazo para encogerse de hombros. – Pero… pero no entiendo porqué, está bien aparcado, no hay ningún disco de prohibido…

     El Antonio tenía el estómago del revés, si veía la zona, o la hora de la multa, la chica sabría demasiado, quiso cogerla, pero la maldita chica no dejaba de dar vueltas, mirando a todas partes, a la estúpida búsqueda de algo que motivase la infracción. Finalmente, estiró el brazo y le arrancó el papel de un tirón.

     -Bah, mira lo que se hace con las multas, Brujita. – dijo, y partió la multa en mil pedazos y los echó al aire. – Eso se hace. 

     -¿No la piensa pagar? – Brujita parecía cabalgar entre el asombro, la reprobación, y al mismo tiempo, una cierta admiración.

     -¡Ja! ¡Ni borracho! Y mira que he hecho yo cosas raras estando borracho, pero eso, no. Si quieren recaudar, que busquen en otro lado, que yo soy un pobre obrero sin medios. Que vayan a poner multas a los de las limusinas, a los políticos, ¡al rey! ¿Por qué no le multan al Rey, eh? No, claro, nos vienen a robar a nosotros, a los que por no tener, no tenemos ni apellido… ¡pues conmigo se han confundido!

      -¿Y… y no le da miedo que le lleven a juicio, o que le embarguen?

      -¿A juicio, a mí? ¡Pero si no paro quieto dos meses en ningún sitio, ¿a dónde me van a enviar a mí una citación del juzgao?! ¿Y qué me van a embargar? ¿La camioneta, que está más vieja que la abuela de Matusalén? ¿Los patitos de mi Tiro al Blanco? Y además, yo no tengo miedo de nada, Brujita, porque sé que no he hecho nada malo. Aunque fuera un meapilas de esos con nombre y dirección que se pueden localizar, aún así no pagaría, y no me asustaría. No me podrían asustar con nada. – dijo, y señaló con la cabeza el interior de la furgoneta. Zcs se subió, pensativa.

     -Pero… - insistió ella, mientras el Antonio arrancaba – Pero si estuviese usted localizado, podrían embargarle, o llevarle a la cárcel…

      -Sólo me podrían quitar cosas materiales, y la cárcel tiene ventanas además de puertas… - le guiñó un ojo – Ya te lo he dicho: a mí no me pueden asustar con nada.

       Z permaneció pensando unos segundos.

     -Bueno… ahora, ya no, verdaderamente. Antes, quizá sí, pero ahora ya no.  

     -¿”Antes”? ¿Qué quieres decir con “antes”? – preguntó el Antonio.

     -Antes, cuando Traviesa, o Tesa, era pequeña. Ahora ya es mayor de edad, y no pasaría nada, pero si ella fuese pequeña, y usted fuese a la cárcel, se la quitarían. Es posible que pensasen que usted no era un buen padre para ella, y le quitasen la custodia.

     El Antonio sólo miraba al frente. Ya no sonreía, y una especie de dolor sordo le gritaba en las tripas. Se obligó a sonreír de nuevo.

     -Eres listilla, Brujita. Ahí te he visto lista, sí, señor. – la chica no le sostuvo la mirada, y sonrió.- Uh, qué vergonzosilla… - estiró el brazo derecho y le pellizcó la mejilla con suavidad - ¡cuac! – dijo, y le pellizcó el cuello, y la Brujita se encogió y se rió, toda roja, como una niña. “Ya eres mía” pensó el Antonio. “Voy a hacer que te cuelgues por mí como sólo yo sé conseguirlo. Y cuando lo haga, ya no habrá acusación que valga, porque sólo mirarás por mí. Tengo 48 horas para conseguirlo, y me van a sobrar 47 y media…”


(Continuará, ¡vuelve mañana!)