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domingo, 21 de septiembre de 2014

Buenos días, sr. Jameson (II)

-Señorita Hesse, pase a mi despacho. Inmediatamente. – El tono de J. Jonah Jameson, director del Daily Bugle, no admitía réplica, y el corazón de la citada Rita Hesse empezó a latir más deprisa. Las oficinas estaban prácticamente vacías ya, sólo quedaban algunos redactores pululando entre las mesas, acabando columnas de consejos y recogiendo papelotes antes de marcharse definitivamente. Alguno de ellos lanzó una mirada de simpatía y ánimo a la joven secretaria del director; era indudable que le iba a caer un buen rapapolvo. Y era cierto, pero eso tenía para Rita un carácter mucho más agradable de lo que el resto del mundo suponía.

-¿Sí, señor Jameson? – preguntó la secretaria en tono sumiso, de pie ante la mesa de su jefe, en el despacho. Jonah la ignoró durante unos segundos, mordisqueando un puro y fingiendo leer pruebas de titulares para el día siguiente. Rita aguardó pacientemente, sintiendo que la espera la estaba excitando sin que ella pudiera evitarlo. Finalmente, el director se dignó alzar la vista hacia ella, con gesto adusto. Ordenó los papeles que tenía ante sí y aplastó lo que quedaba de puro en un cenicero. 

-Señorita Hesse - empezó a hablar, desplazando su silla un poco hacia atrás, para quedar fuera de la mesa – ¿Sabe porqué la he mandado llamar? – "porque tienes ganas de follarme, viejo tigre", pensó ella, pero no lo dijo - Es usted probablemente la persona más incompetente con la que he tenido la desgracia de batallar. – La joven bajó la cabeza, visiblemente avergonzada – Me ha desobedecido, ¿pretende quedar por encima de mí? 

-Yo… señor Jameson… ¿qué he hecho mal?

-¡¿Aún tiene la desfachatez de preguntarlo?! ¡¿Cree que no me doy cuenta de cómo mira a los periodistas, de cómo se contonea por entre sus mesas, de cómo mueve el culito cuando pasa frente a ellos?! – Rita sentía sus mejillas enrojecerse… con la cabeza bajada, la entrepierna de Jameson quedaba en su campo de visión, y podía ver el sensible bulto que se hacía en su pantalón, y que no había dejado de aumentar desde su entrada al despacho - ¡Su trabajo, no es el de exhibirse, señorita Hesse! ¡Bastante inútiles son ya de por sí, como para que usted los distraiga! ¡Aquí ya tenemos calefacción, no hace falta que usted venga a ponerles calientes! 

-Lo… lo siento, señor Jameson… no… no me di cuenta que me miraban. Usted sabe que tengo que hacer muchos viajes, y con estos tacones, no puedo andar de otra manera.

-¡No me tome por uno de esos cándidos, a mí no me puede engañar con esa vocecita de niña buena! ¡Usted se da perfecta cuenta que cada vez que se pasea, todas las mesas se elevan un palmo, y eso le encanta! Y estoy harto de sus discreteos con todo aquél que se acerca a mi despacho, ¡¿tiene usted que dar palique a todo el que viene por aquí, desde los redactores al encargado de la comida, pasando por el chico de las fotocopias?! 

-Só-sólo pretendo ser amable - se defendió débilmente la joven.

-Oh, sólo pretende ser amable, qué gran chica, qué bondadosa, ¡y qué curioso que sus esfuerzos de amabilidad, SIEMPRE recaigan en hombres! – Jonah dejó caer el puño cerrado sobre el reposabrazos de su silla, y prosiguió – Señorita Hesse, si pretende usted buscarse un romance, mire en internet que está para eso, no en mi periódico, hace mucho tiempo que suprimimos la sección de "encuentre su otra mitad". Durante el horario de trabajo, usted es mía, sólo me pertenece a mí, y no debe hablar más de lo estrictamente preciso con nadie más que conmigo. – El director dejó caer al suelo un bolígrafo y lo señaló – Alcáncemelo. – Exigió.

Rita caminó hacia él, meciéndose sinuosamente sobre sus tacones, hasta llegar a la altura del boli. Miró a Jonah a los ojos y se puso de lado hacia él, se inclinó doblándose por la cintura hasta llegar al suelo; su minifalda dejó ver las bragas color violeta que llevaba. Hizo ademán de levantarse, pero Jonah apoyó su mano sobre la espalda de ella y se lo impidió. Con la otra, empezó a acariciarle muy suavemente el trasero. Las piernas de la joven temblaron y tuvo que cerrar los ojos, mientras sentía que su ropa interior se empapaba, ¡cuánto lo deseaba! Era tan excitante sentirse dominada por su jefe… 

-Señor Jameson…. ¿qué…. Qué hace? 

-Señorita Hesse, se ha portado usted muy mal hoy, realmente mal - las caricias de Jonah sobre las nalgas de Rita se hicieron más fuertes, y empezó a frotarlas descaradamente y a dar apretones. – No sólo me ha vuelto a provocar con ésa blusita escotada y esta minifalda que apenas le cubre el culo, además, se ha pasado el día cotorreando con otros hombres y provocándoles también a ellos. Eso es algo que no puedo consentir, no puedo permitir que nadie sueñe con usted. Usted me pertenece. En el trabajo, ha sido impecable hoy, como siempre, señorita Hesse, pero en lo privado, ha sido muy mala, y eso merece un castigo. 

-¡Oh, no! ¡Eso otra vez, no! ¡Por favor, señor Jameson, sea bueno, deje que me marche! – Rita fingía estar horrorizada porque ese juego les encantaba a ambos, pero lo cierto era que tenía que reprimir las ganas de lanzarse sobre el bulto de la entrepierna de su jefe, mamarle y montarle hasta dejarle seco. 

-Se lo advertí, le dije que le castigaría si me desobedecía; ahora, apechugue con las consecuencias – Jameson se palmeó las rodillas para indicar a su secretaria dónde debía colocarse, y ésta obedeció, tumbándose sobre ellas, dejando su culo totalmente expuesto a los caprichos del director del periódico. Jonah se dio la vuelta, para quedar mirando a la ventana exterior, de modo que él quedaba de espaldas a la puerta, pero su secretaria quedaría perfectamente visible para cualquiera que entrase.

-Pero… pero afuera, aún quedan varios, ¿y si entran?

-Mejor. Verán cómo te castigo, y así aprenderás mejor la lección.

-Oooh… por favor, señor Jameson… no, no lo haga, qué vergüenza… perdóneme, por favor, no volveré a hacerlo, lo prometo…

-Eso me dijiste la última vez, y no lo has cumplido. Vas a tener tu castigo. – Jonah se lamió los labios de impaciencia. El tener a Rita tan sumisa para él, lo volvía loco; él pensaba que tenía el deseo muerto desde hacía años, pero su secretaria le había demostrado lo equivocado que estaba. Con ambas manos, empezó a masajear las nalgas de Rita, las apretaba, frotándolas una con otra, deleitándose en los gemidos que muy pronto ella comenzó a dejar escapar de su pecho. Agarrándola del costado para evitar que se moviera, Jonah descargó un azote sobre aquél culito tenso.

-¡Ay! – se quejó Rita – Bastaa… ya he aprendido… no volveré a desobedecer… pero por favor, no siga… - Rita oyó la risa de su jefe, baja y peligrosa, y un nuevo latigazo de calor y escozor laceró su culo, haciéndola respingar; la sangre que afluía a sus nalgas producía cosquilleo en su sexo, y eso, aunado a lo perverso de la situación, le estaba poniendo muy caliente, sus pechos se frotaban contra la pierna de Jonah, y sentía ganas de estirarse de los pezones 

-Esto me duele más a mí que a ti -bromeó Jameson y empezó a levantar la falda de Rita muy lentamente, acariciándola con la tela, y le pareció que las piernas le temblaban al oír los suaves gemidos de impaciencia de la joven, que le acariciaba las pantorrillas con una mano, y con la otra se apretaba los pechos - ¡No te toques! – la regañó – No te he dado permiso para ello, ¡eres una desobediente incorregible! ¡¿Y todavía me pides que pare y te perdone?! ¡Te voy a enseñar quién manda aquí! 

Jonah le llevó los brazos a la espalda y se los sujetó con una sola mano. Sin cuidado ya, levantó la falda de Rita de un tirón, dejando sus bragas al descubierto. Parte de la carne rosada de sus nalgas se veía por las comisuras de las mismas, temblorosa y dulce. Recordaba un poco a un apetitoso flan, y Jameson tuvo que luchar contra el deseo de morderlas. En lugar de ello, estiró de la tela de las bragas hasta meterlas por la rajita del culo, y apretó las nalgas sin piedad, dejando marcadas las huellas de los dedos, mientras Rita no podía controlar sus gemidos y abría y cerraba inútilmente sus manos apresadas. Jonah movía las nalgas, apretaba sus muslos, acariciaba la entrepierna, pero sin llegar a tocar el sexo de ella. A la joven, las bragas ya le eran insuficientes para retener los jugos de su excitación y parte de los mismos se escurrían por sus piernas temblorosas.

-¡Auh! – Rita emitió algo a medio camino entre quejido y gemido cuando Jonah cacheteó sus nalgas de nuevo. Entre risas, daba una palmada a cada nalga, sin demasiada fuerza, pero tampoco demasiado flojo "Aaaaaah… lo hace con la intensidad exacta…. Sigue, viejo tigre, ¡me encanta!" pensó la joven, debatiéndose de deseo, mientras su culo se ponía más colorado cada vez. Jonah se detuvo y de nuevo magreó aquéllas nalgas.

-¿!Ya te ha quedado claro que no debes tocarte si yo no te doy permiso, eh?! – preguntó Jameson, y Rita asintió, casi sin fuerzas para hablar.

-S…. sí… síiiiiiii… - susurró – no… no volveré a hacerlo sin su permiso, señor Jameson… pero por piedad, sea bueno y deje que me marche ya, ¡no puedo más!

-Te equivocas. Todavía puedes, seré yo quién te diga cuándo no puedes más. Voy a soltarte los brazos, pero si se te ocurre volver a tocarte, te castigaré más duramente.

Rita asintió con la cabeza, sonriendo de deseo; si tenía las manos libres, Jonah pensaba hacerle "cositas". La joven notó sus brazos libres y los dejó caer, inertes, sólo se atrevió a acariciar las pantorrillas de su jefe, cosa que éste no le había prohibido, y que no debió molestarle, porque se lo permitió. El director hizo a un lado las bragas, sin quitarlas, y empezó a acariciar la parte más alta de los muslos de su secretaria, que gimió de placer e impaciencia. Jonah le apretó los muslos, y con la punta de los dedos empezó a acariciar muy suavemente los labios depilados del coñito de Rita. 

-Mmmmmmmmmmmmmh….. oh, señor Jameson…. Noo… no haga eso…. Por favor, por favor, me va a poner caliente. No lo hagaaaa… - Rita temblaba de pies a cabeza, y abrió un poco las piernas esperando caricias más profundas, pero éstas no se produjeron. 

-Sufre – dijo Jonah, con la voz entrecortada de deseo - ¿No dices que no te gusta esto? Pues parece que a tu coñito sí le gusta, vamos a ver todo lo caliente que le podemos poner…

-Noooo…. No, por favor, me da mucha vergüenza. Noooo, no quiero que sigaaaa-aaaaaaaaaaaaah…. – Los dedos de su jefe acariciaban y cosquilleaban su partes sensibles, recorriendo su rajita de arriba abajo, muy suavemente, sin penetrar ni frotar, sólo rozándola… Rita tuvo que morderse los labios para no gritar, ¡la estaba poniendo cachondísima! – Oooooooh…. 

-¿Te gusta mucho, verdad que sí? – Jameson sentía sus dedos empapados en los flujos de ella, a pesar de que sólo la acariciaba por fuera, y la sensación de estar excitándola tanto le desquiciaba, hubiese querido penetrarla de golpe en ese mismo momento, pero ese juego era más divertido. – Mira, tu perlita se ha levantado.

-¡No! –rogó ella, pero demasiado tarde; los dedos de Jonah habían encontrado el clítoris y una simple caricia la dejó totalmente rendida - ¡Nooooooh…. Haaaaaah….! Noo… pare…. Noo… no…. Pare…. No pare… no pare, señor Jameson… por favor, sigaaa…

-Qué niña tan mala, ¿no decías que eras una chica decente y que te daba mucha vergüenza? Apenas unas caricias en el sitio adecuado y no eres capaz de resistir y pides más como una golfilla.

Los dedos del director hacían círculos en el rosado y sensible clítoris; Rita sentía cómo el delicioso cosquilleo eléctrico se expandía por sus venas a cada suave caricia. Jonah acariciaba lo más lentamente que podía, intentando que su secretaria gozase del placer-tortura, y lo conseguía "Está tan húmeda que me ha mojado el pantalón" pensó él. Jonah acariciaba ahora con el pulgar la entrada del coñito de su secretaria, y podía notar cómo éste palpitaba de placer; su polla exigía ser liberada, y no podía seguir ignorándola si no quería mojarse los pantalones por razones similares, aunque distintas, a la calentura de Rita. Con una mano, se bajó el cierre de la cremallera y se hizo a un lado la tela de los calzoncillos. Su polla, erecta y desafiante, goteaba por la punta y tenía un vivo color rojizo el simple calor del cuerpo de su secretaria le había excitado casi hasta hacerle eyacular. La apretó un poco contra sí, y el roce cálido del costado de Rita contra su miembro le hizo exhalar un suspiro y tiritar de placer.

-Aaaah…. – sonrió – mira cómo me has puesto. Tú eres la culpable de que esté así ¿Qué vas a hacer para solucionarlo?

-Señor Jameson… - Rita bajó la mirada – Por piedad… no…. No me haga que se la chupe.

-Eso es lo que tú quieres. Veo cómo la miras desde que entraste aquí, te mueres por tenerla en tu boca.

-No, no, señor Jameson… por favor, si me hace chupársela, todavía me pondrá más cachonda - el tono de Rita se volvió más bajo y anhelante en esa última frase, y Jonah no resistió más: la agarró por la cabeza y le hizo tragar su erecto miembro. La joven emitió un sonido gutural mientras empezaba a succionar con fuerza, conocedora de que su jefe estaba por eyacular y no quería jugueteos, quería placer.

-Aaaaaaaaaaaah…. – Jameson se agarró a los reposabrazos de su silla para soportar el placer que le subía desde los tobillos a la nuca y se cebaba en su sexo, su culo y sus riñones; su cadera empezó a moverse sin que él se diera cuenta mientras la boca de Rita subía y bajaba febrilmente sobre su polla, hasta tocarle el vientre con la nariz. La lengua de la joven hacía círculos en torno a ella, se detenía en el frenillo, lamiendo con fuerza y haciendo que su jefe diera botecitos de gusto. Tenía muchas ganas de masturbarse, pero recordando que Jonah le había prohibido tocarse sin su permiso, ocupó las manos en masajear las bolitas de él y meter la mano en el interior de su ropa, acariciando el bajo vientre y el perineo. Jonah se curvó de placer y gimió, apretando más las manos en los reposabrazos. – Vas a tener que bebértelo. Si una sola gotaaaah…. Me mancha los pantalones, mmmmmmmh… me enfadaré, ¿entendido?

Rita no podía contestar, así que se limitó a seguir mamando por toda respuesta, pudo notar cómo la respiración de Jameson se aceleraba, podía oler su sudor e iba notando cómo sus caderas se movían más velozmente, al tiempo que las manos de él se crispaban a golpes por el enorme placer que sentía, estaba a punto. La joven le vio levantar las manos, y tomando por la nariz todo el aire que pudo, bajó lo más que le permitía su cuerpo, hasta tapar su garganta con la polla de Jonah.

-¡Sí! ¡Sí! ¡SÍ! ¡Ooooh…! – Jameson le agarró la cabeza con ambas manos para que no se retirase ni dejase su labor. Rita tragó la descarga con un sonido de deglución, mientras al director le parecía que le estaba absorbiendo la vida, sus nalgas se tensaron deliciosamente para expulsar la descarga, su cuerpo tiritó de placer y se sintió mejor que en toda su vida. Un dulce sueño le invadió, mientras oía cómo Rita tragaba. Le retiró las manos para que ella pudiera apartarse, y ella le soltó lentamente la polla, tomando aire trabajosamente. Rita le sonrió y continuó dando largos lametones a su miembro. Estaba perfectamente limpio, no había dejado ni una gota, tal como había ordenado él. Jonah le acarició la cara. 

-Señor Jameson, ¿por qué me hace hacerle estas cosas tan vergonzosas? – dijo ella, de nuevo con voz de niña buena – Ahora estoy mojadita, he ensuciado mis bragas y tengo ganas de hacer cosas feas ¿Qué voy a hacer?

Jonah sonrió. Estaba tan adorable cuándo se ponía en plan niña sumisa… 

-Te diré qué vas a hacer – contestó con voz lasciva – Vas a ir a casa tranquilamente. Te desnudarás, te tumbarás en la cama, y me llamarás. Dejarás el teléfono junto a la cama, y te acariciarás y te meterás los dedos hasta que no puedas más y te corras, y quiero oír cómo gimes todo el tiempo, porque yo te iré hablando y te diré cómo debes tocarte. ¿De acuerdo?

-Por supuesto, señor Jameson. Yo haré siempre todo cuanto usted me mande. 

Sólo con esas palabras, Jonah sintió que de nuevo su pene, que ni siquiera había bajado del todo aún, empezaba a revolverse, con ganas de más fiesta, pero se contuvo. Eso, quedaba para cuando ambos llegasen a casa. 

Fuera del edificio, a la altura del piso donde Jameson tenía su despacho, Spiderman había estado a punto, por primera vez, de pegarse contra una pared. Por un lado, se sentía feliz de que Rita hubiera conseguido a su amor, pero por otra, le parecía que nunca más iba a poder mirar a Jonah a la cara.